Sudestada
La noche ha estado fresca y movida. Las arañas han alterado el hábitat. Son animales que aparecieron de imprevisto. No estaban invitadas. Se han paseado en sus distintos colores, tamaños.
El amanecer, que todo lo borra, es la única esperanza que tenemos. Más en verano: desde allí vemos el día entero a descubrir. El de hoy es calmo aunque el viento se impone. Me recuerda a esas personas tímidas que intentan dejar de serlo en el momento menos pensado.
El primer desayuno es sobre una casa en los médanos, poniéndole el pecho al viento, con un sol que no alcanza a calentar las pieles. El segundo, en cambio, es en la playa, luego de una travesía y de sortear adversidades.inesperadas: donde ayer había playa hoy hay agua.
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Somos pocos los que surcamos esta travesía de ir y venir a la vera de una senda que hoy no existe. La marea está altísima. El agua ha invadido todo. Es una inundación pero no. Es la sudestada.
Me entero que es un viento profundo y que esto, lo que a mi me parece una calamidad, no es nada, en comparación con las "de verdad".
La verdad es que cuesta avanzar en esta superficie. Cada paso es como hacerlo en Marte. Todo está en contra: el viento, la arena, el oleaje. ¿Puede ser una tormenta de desierto, al pie del Atlántico? Puede.
Media hora después encuentro refugio y el último desayuno. En la mesa contigua, una familia tipo: padres, dos hijos, uno varón, la otra nena. Deben tener, máximo, 9 años.
- ¿Qué querés que te traigan los reyes magos?- pregunta el padre.
El más chico no lo duda: un disfraz de spider man.
Acaso la sudestada ayude a traerle el regalo tan deseado.


