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Verano en casa: cuando los padres se convierten en la única "escuela"

Sin rutinas escolares, los límites y el uso de pantallas quedan en manos de los padres. Poner reglas en verano no es castigo: es cuidado.

Fomentar juegos de mesa, lectura o simplemente tiempo al aire libre.

Fomentar juegos de mesa, lectura o simplemente tiempo al aire libre.

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El cierre del ciclo lectivo suele recibirse con alivio, pero tras la primera semana de descanso, la realidad golpea la puerta: sin la estructura del aula, los límites se desdibujan y las pantallas ganan terreno. En vacaciones, el rol de los padres se vuelve más determinante que nunca.

El desafío de la "página en blanco"

Durante el año, la escuela organiza el tiempo. Hay horarios, metas y una autoridad externa. En verano, esa estructura desaparece y, como reza el dicho popular en círculos de psicopedagogía: "En vacaciones, la escuela son los padres". Esto no significa que debamos transformar el living en un salón de clases, sino que la educación emocional y la formación de hábitos (o más bien virtudes) quedan bajo exclusiva responsabilidad parental. La falta de rutina puede derivar en una "anarquía doméstica" que, lejos de relajar a los niños, suele generarles ansiedad e irritabilidad.

Suele existir una tendencia moderna a creer que el verano debe ser un territorio libre de reglas como compensación por el esfuerzo del año. Sin embargo, la psicología infantil advierte que el exceso de flexibilidad puede ser contraproducente. Los niños necesitan predicibilidad. Cuando el horario de despertarse, comer y dormir se vuelve errático, el sistema nervioso se mantiene en un estado de alerta constante. Los límites no son "muros" que impiden el disfrute, sino "puentes" que les permiten transitar el tiempo libre con seguridad. Establecer una rutina mínima (ayudar en las tareas del hogar, horarios de comida fijos, tiempo de lectura) no es autoritarismo; es higiene mental.

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Suele existir una tendencia moderna a creer que el verano debe ser un territorio libre de reglas como compensación por el esfuerzo del año.

Suele existir una tendencia moderna a creer que el verano debe ser un territorio libre de reglas como compensación por el esfuerzo del año.

La batalla contra el algoritmo: Roblox y el infinito digital

Uno de los frentes más complejos es el uso de la tecnología. Con más tiempo libre, el refugio predilecto son plataformas como Roblox o TikTok. Roblox no es solo un juego es una red social masiva. Aunque fomenta la creatividad, también expone a los menores a interacciones con desconocidos y a sistemas de micropagos que pueden volverse adictivos. El riesgo del aislamiento es otro gran problema no es la pantalla en sí, sino lo que el niño deja de hacer por estar conectado no se aburre (el aburrimiento es la madre de la creatividad), no se mueve y no interactúa cara a cara.

El aburrimiento como motor del pensamiento

En la era de la estimulación constante, hemos olvidado que el aburrimiento tiene una función biológica. Cuando un niño se aburre y no se le entrega una pantalla para "anestesiar" esa sensación, su cerebro se ve obligado a activar la red neuronal por defecto, asociada con la creatividad y la resolución de problemas.

Si los padres asumen el rol de "animadores turísticos" las 24 horas o ceden ante el pedido de internet, les están quitando a sus hijos la posibilidad de descubrir qué les gusta realmente, de inventar juegos nuevos o de simplemente reflexionar sobre su mundo

Poner límites: Un acto de cuidado, no de castigo

Muchos padres sienten culpa al restringir el uso de internet durante las vacaciones. "Pobres, están cansados del año", es la justificación frecuente. Sin embargo, los expertos coinciden en que el límite es una forma de contención. "Un niño sin límites en verano es un niño que llega a marzo con dificultades para adaptarse nuevamente a las normas. La flexibilidad es necesaria, pero no la ausencia de reglas".

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En la era de la estimulación constante, hemos olvidado que el aburrimiento tiene una función biológica.

En la era de la estimulación constante, hemos olvidado que el aburrimiento tiene una función biológica.

Estrategias para un verano equilibrado

Para sobrevivir al verano sin que las pantallas tomen el control total del hogar, se sugieren tres pilares fundamentales. La "Limitación Digital": Establecer horarios fijos para el uso de dispositivos. Fuera de ese horario, los teléfonos y tablets se guardan en un lugar común. Las actividades de "Baja Estimulación": Fomentar juegos de mesa, lectura o simplemente tiempo al aire libre. Esto ayuda a que el cerebro descanse de la dopamina inmediata que generan los videojuegos. El involucramiento activo: Si van a jugar a Roblox, sentémonos 15 minutos con ellos. Entender qué hacen en la red es la mejor herramienta de control parental que existe. El verano es la oportunidad perfecta para reestablecer vínculos que la corrida del año escolar muchas veces desgasta. No se trata de ser inspectores de tiempo, sino de guías. Al final del día, lo que los hijos recordarán no será el nivel que alcanzaron en un videojuego, sino los momentos compartidos con quienes son, en definitiva, sus maestros más importantes.

Las vacaciones de verano son, en esencia, un laboratorio social. Sin la mediación de los docentes, los padres tienen la oportunidad única de observar cómo sus hijos gestionan su libertad. Poner límites, supervisar el uso de tecnologías como Roblox y mantener una estructura mínima no es "arruinar el verano"; es, paradójicamente, la única forma de garantizar que el descanso sea real y que el regreso a la rutina en marzo no sea un trauma, sino una transición natural.

* Mg. Juan Manuel Ribeiro, especialista en educación.