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No todos los animales pueden ser mascotas: las consecuencias del mascotismo sobre la fauna silvestre

Especialistas explican por qué los animales silvestres no pueden convertirse en mascotas y cómo el tráfico ilegal sigue alimentando este negocio.


En el último mes y medio han pasado muchas cosas en Argentina, pero la mayoría de ellas se han visto eclipsadas por el Mundial. Los festejos por cada fase que avanzó la Selección Argentina no solo coparon las calles, sino que también inundaron las redes sociales de videos e imágenes de cada rincón del país y de cómo se celebró cada victoria.

En Mendoza, las imágenes de una llama asomando la cabeza por la ventanilla de un auto durante los festejos por la clasificación de Argentina a las semifinales del Mundial generaron sorpresa, críticas y hasta una denuncia penal contra el conductor. Sin embargo, para quienes trabajan desde hace años en la protección de la fauna, el episodio también sirvió para abrir una discusión mucho más profunda acerca del mascotismo.

La imagen de una llama durante los festejos del Mundial reabrió el debate sobre el mascotismo, una práctica que pone en riesgo a miles de animales silvestres. (Se pixela el rostro porque aún no fue imputado por ningún delito).

MDZ dialogó con Jennifer Ibarra de Fundación Cullunche que aclaró, en primer lugar, que la llama no es un animal silvestre. Se trata de una especie doméstica, criada por el ser humano desde hace miles de años, por lo que el caso no representa un ejemplo de mascotismo de fauna silvestre. Aun así, la escena permitió volver a poner sobre la mesa una práctica que continúa afectando a miles de animales en Argentina.

"Las llamas son animales domésticos, hubiera sido lo mismo que llevar una oveja o una cabra. Desde la perspectiva del bienestar animal no nos preocupó su estrés porque se veía un animal muy manso y acostumbrado a la gente. Lo único que nos preocupó fue su integridad, ya que estaba expuesta a sufrir algún accidente al sacar la cabeza por la ventana", explicó Jennifer Ibarra, integrante de Fundación Cullunche.

Cuando un animal silvestre termina convertido en mascota

Aunque el episodio de la llama no encuadra dentro del mascotismo de fauna silvestre, el caso sirve para explicar un problema que continúa vigente. El mascotismo consiste en tener animales silvestres como si fueran mascotas, algo que genera graves consecuencias tanto para esos ejemplares como para el ambiente.

"Los animales silvestres no son mascotas", resumió Ibarra. Y agregó que el mascotismo trae consecuencias ecológicas, económicas, sociales, sanitarias y, sobre todo, representa una forma de maltrato y crueldad animal.

Muchas personas creen que si un animal recibe alimento, cariño y un lugar donde vivir está bien cuidado. Sin embargo, los especialistas sostienen que ese razonamiento desconoce las necesidades naturales de cada especie. Un loro necesita volar, un zorro recorrer grandes distancias y una tortuga desarrollarse en su ambiente. Ninguna casa puede reemplazar ese entorno.

Animales que nunca vuelven a ser libres

Aves, tortugas, zorros y monos son algunas de las especies afectadas por una práctica que continúa alimentando el comercio ilegal de fauna.

Uno de los mayores problemas aparece cuando esos animales son rescatados. Aunque muchos llegan a centros especializados con la intención de devolverlos a la naturaleza, eso no siempre es posible.

"Solo un 30% de los animales que rescatamos pueden volver a la naturaleza", aseguró Jennifer Ibarra. El resto queda imposibilitado por lesiones permanentes o porque perdió las conductas necesarias para sobrevivir en libertad.

Los casos son variados. Hay aves que llegan con heridas provocadas por disparos de aire comprimido o con daños irreversibles en sus alas. También aparecen zorros criados desde pequeños por personas que desarrollan lo que se conoce como impronta: dejan de temerle al ser humano y ya no pueden desenvolverse de manera natural cuando recuperan la libertad.

En Mendoza, además, las especies más afectadas suelen ser aves, tortugas y otros animales capturados ilegalmente para satisfacer la demanda de quienes buscan tener una mascota "diferente". Aunque las campañas de concientización lograron reducir algunos casos, el problema todavía está lejos de desaparecer.

El negocio que mueve el tráfico ilegal

Detrás de cada loro, tortuga o zorro criado en una casa existe una cadena de tráfico ilegal que provoca sufrimiento y graves daños ambientales.

Detrás de cada animal silvestre que termina en una casa existe una cadena de tráfico ilegal que comienza mucho antes de que llegue al comprador. Ese circuito involucra cazadores, acopiadores y vendedores que utilizan comercios o redes sociales para comercializar especies cuya venta está prohibida.

Según explicó Ibarra, muchos animales son capturados en su ambiente natural, transportados hacinados, sin agua ni alimento y ocultos en cajas o compartimentos improvisados. En el caso de las aves, apenas una de cada diez sobrevive hasta llegar al comprador. Los monos, en tanto, muchas veces son separados de sus madres luego de que estas sean asesinadas por quienes los capturan.

La especialista también advirtió que Mendoza figura entre los principales centros de consumo de fauna silvestre del país debido a su poder adquisitivo. Además, durante años fue considerada un importante punto de paso de animales hacia Chile, una situación que logró disminuir gracias al fortalecimiento de los controles fronterizos del lado chileno.

El cambio cultural que todavía falta

Desde Fundación Cullunche reconocen que hubo avances importantes en materia de concientización. Las campañas educativas permitieron que cada vez más personas comprendan que capturar un animal silvestre para criarlo en una casa no solo está prohibido, sino que también implica condenarlo a una vida muy distinta de aquella para la que evolucionó.

"La gente ya sabe que esto está mal y está prohibido. Sin embargo, los traficantes siguen utilizando Facebook, WhatsApp y Telegram para vender animales de manera ilegal", señaló Jennifer Ibarra.

Al día de hoy, aún existen casos de monos rescatados de domicilios particulares en Argentina. En la imagen se puede ver a un mono rescatado durante un allanamiento en Mataderos.

La organización recuerda con emoción algunos rescates exitosos, como el de varios monos que durante las décadas del '90 y los primeros años del 2000 fueron recuperados y trasladados nuevamente al Chaco, donde pudieron ser reinsertados en su ambiente natural. Son historias que muestran que la recuperación es posible, aunque también reflejan el enorme esfuerzo que requiere revertir el daño causado por el mascotismo.

"Nuestra casa no es su casa"

Los loros y catas representan gran parte del tráfico ilegal de animales dentro del país.

Para Jennifer Ibarra, el mensaje que debe quedar después de toda esta discusión es sencillo. Las personas pueden convivir responsablemente con animales domésticos, pero no con fauna silvestre.

"Los animales silvestres deben estar en el ambiente natural cumpliendo su función y viviendo libres. No podemos sacar de su casa a un loro, un mono o una tortuga. Nuestra casa no es su casa", afirmó.

Y dejó una reflexión que resume el espíritu de la campaña que Fundación Cullunche impulsa desde hace años: "A quienes creen que un animal está bien porque recibe comida y cariño les diríamos que los presos también están bien atendidos. La diferencia es que esos animales no cometieron ningún delito y no merecen perder su libertad por ignorancia o por capricho. La libertad también es un derecho para ellos", sentenció.