Le dijeron que era hija de desaparecidos, se negó a hacer el ADN y hoy cuenta su verdad: la historia de Evelin
Evelin Bauer Pegoraro tenía 21 años cuando le dijeron que era hija de desaparecidos durante la última dictadura militar. Con el tiempo, pudo aceptar su verdad, reconstruir su identidad y hacer catarsis en las páginas de su libro.
Evelin Bauer Pegoraro se animó a contar su historia en su libro "Quién está ahí".
GentilezaEn una siesta de verano como cualquier otra en la ciudad de Mar del Plata, Evelin Bauer Pegoraro escuchó el sonido del timbre de la casa. En ese entonces no lo sabía, pero ese timbrazo -que parecía ser igual a todos los demás- cambiaría para siempre su vida. Tenía 21 años, estudiaba y trabajaba, llevaba una vida “completamente normal”, según recordó, cuando la Policía irrumpió en la vivienda en la que convivía con sus padres. Ese allanamiento, que había sido ordenada por un procedimiento judicial, la llevó a cuestionar todo lo que sabía hasta ese momento y hasta su propia identidad: existía la posibilidad de que fuera hija de desaparecidos y de que hubiera nacido durante la última dictadura militar.
Hasta ese día de febrero de 1999, Evelin no tenía motivos para poner en duda su identidad. Estudiaba en la facultad, trabajaba, tenía novio, amigas y una vida social activa. Su infancia también había transcurrido con naturalidad. Por ello, esa revelación -que llegó de forma abrupta a la casa familiar- y la detención de su padre de crianza la dejaron atónita. “Fue como si todo se hubiera paralizado. Cuando llega una noticia así de fuerte, pareciera que el tiempo se detiene”, recordó Evelin, en diálogo con MDZ.
Ante esa situación, su primera reacción fue la de la incredulidad. “Me acuerdo de que dije: ‘Qué extraño, porque soy igual a mi mamá’. Me parecía una mentira”, contó. Por ello, durante varios años, Evelin se negó, inicialmente, a hacerle el análisis de ADN para ratificar las sospechas de los organismos de derechos humanos.
Con el tiempo entendió que aquella respuesta fue una especie de mecanismo de defensa frente a una realidad para la que no estaba preparada. Procesar y aceptar esa información le llevó años. No se trataba solamente de descubrir quiénes habían sido sus padres biológicos, sino de incorporar esa verdad a una identidad construida durante más de dos décadas, tratando de no lastimar a su entorno.
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Finalmente, en 2008, Evelin accedió a hacerse el análisis de ADN bajo la condición de que los resultados no fueran utilizados en contra de sus padres de crianza. Fue así que, el 22 de abril de ese año, se dieron a conocer los resultados que ratificaron que Evelin -que había crecido usando el apellido Vázquez- es hija biológica de Susana Beatriz Pegoraro y Rubén Santiago Bauer, quienes fueron secuestrados en Constitución y La Plata el 18 de junio de 1977, durante la última dictadura militar. Asimismo, se supo que había nacido en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) y que luego fue entregada al exmarino Policarpo Vázquez y Ana María Ferra, sus padres de crianza.
Esa verdad la llevó a afrontar una crisis identitaria, un trauma, una lucha ante la exposición mediática y, previamente, el dolor de que detuvieran a las personas que la habían criado. Años después de aquel episodio que cambió su vida, decidió narrar su experiencia en las páginas de ¿Quién está ahí?, un libro que aborda la identidad desde un lugar que excede su propia historia.
Los motivos detrás de la negativa a hacerse la prueba de ADN
Durante años, Evelin se negó a hacerse el análisis de ADN que le pedían para ratificar las sospechas de los organismos de derechos humanos. Se resistía por el temor de las consecuencias judiciales que podía tener la utilización de su cuerpo y su sangre contra quienes la habían criado. Sin embargo, nunca se opuso a conocer su origen biológico. “Yo siempre quise saber cuál era la verdad, cuál era mi origen biológico. Ahí nunca tuve ninguna duda”, aclaró la counselor en diálogo con MDZ.
“Yo lo único que pedía era tiempo”, dijo Evelin, asegurando que ella quería buscar una solución, un punto medio para no perjudicar a su entorno. Esa situación derivó en un extenso proceso judicial porque, según su testimonio, esa posibilidad no estaba contemplada legalmente. “Para mí era todo nuevo y yo necesitaba tiempo para empezar a asumir y asimilar esta realidad”, enfatizó.
En su libro, Evelin pudo poner en palabras el dolor de ese episodio: "El mismo Estado, impersonal y monstruoso, que había secuestrado a mis padres, que me había obligado a nacer en cautiverio, que luego los hizo desaparecer, que veintiún años más tarde detuvo a mi papá y a mi mamá, las personas que me habían cuidado y amado. Ese mismo Estado, haciendo total abstracción de mi condición de víctima, me volvía a poner en una situación de violencia y sometimiento al ordenarle a la policía que me llevara por la fuerza a clavarme una aguja y sacarme sangre".
Sin embargo, con los años, su mirada sobre aquel momento cambió. Actualmente, asegura comprender la búsqueda de su familia biológica y el contexto en el que actuaron las organizaciones de derechos humanos que la identificaron. Sin embargo, mantiene una mirada crítica sobre la forma en la que intervino el Estado. “Quizás en ese momento se olvidaron de que yo era una víctima, un ser humano que tenía sentimientos y que no era responsable”, consideró.
El allanamiento de su casa fue uno de los episodios que más la marcaron. “Eso no es amigable ni humano”, consideró. Aun así, aclara que no guarda rencor y que prefiere pensar aquella experiencia desde el aprendizaje: “Quizás hoy, ante una situación compleja, diría: ‘No atacar y acompañar’”.
El vínculo con sus padres de crianza
Su padre de crianza, Policarpo Luis Vázquez, era suboficial de la Armada. En su libro, Evelin sostiene que Vázquez no participó en operativos represivos y que desconocía cuál era el verdadero origen de la niña que estaba criando. En 1999, el exmarino reconoció que Evelin no era su hija, indicando que la aceptó de manos de “El Turco”, un compañero de trabajo del Edificio del Libertador, en 1978. Según reveló entonces, aceptó a la niña "porque la iban a matar".
Pese a los cuestionamientos que circulaban en los medios, Evelin asegura que, conocer su origen no borró el amor que sentía hacia ellos y que construyó a lo largo de los primeros 21 años de su vida. “Yo inmediatamente pude entender que hicieron lo mejor que pudieron. No los juzgo; no es mi rol juzgar a nadie”, explicó. Por ello, en medio de la detención de sus padres de crianza y del proceso judicial, se aferró a aquello que sí conocía: “Fue más poderoso todo el amor que había en mi familia -y que sigue habiendo- que cualquier otra situación”.
Con el tiempo, el desafío dejó de ser elegir entre una familia y otra. La pregunta pasó a ser cómo incorporar su origen biológico a la vida que ya había construido.“¿Cómo hago para que esto se amplíe a mi nueva familia, a mi familia biológica y a otras personas?”, se preguntaba entonces.
El encuentro con su familia biológica
Evelin atravesó años de lo que describe como una “desconexión” frente al dolor y las nuevas preguntas sobre su nombre y su origen. Por ello, el acercamiento a su familia biológica fue progresiva. Recién con el paso del tiempo -y, en parte, a partir del proceso de escritura- pudo conectarse con sus tíos y primos. “Pude conectar con mis tíos y con mis primos, conocer quiénes son ellos y empezar un vínculo amoroso; reconstruir desde quiénes somos hoy”, contó.
“Tengo dos papás y dos mamás”, resumió Evelin, reconociendo a sus dos familias: la biológica y la de crianza. Actualmente tiene hijos y asegura que busca construir esos vínculos desde el presente, sin desconocer el sufrimiento que atravesó cada integrante de la familia.“Somos todas personas que sufrimos un montón y pasamos por una situación incómoda. Hay que sentir el dolor y seguir después de eso”, reflexionó.
¿Quién está ahí?, el libro en el que decidió contar su historia
En enero de 2026, Evelin publicó ¿Quién está ahí?, el libro en el que pudo reconstruir su historia y sanar parte de ella. “Sentía que iba a pasar el tiempo y algún día no iba a estar más en este plano, y un montón de matices, colores, emociones, angustias y dolores sobre cómo transité el proceso de reconstrucción iban a morir conmigo”, explicó sobre la inquietud que la llevó a escribir su obra.
Al principio quería dejar el relato para sus hijos. Después comprendió que algunas de las preguntas que habían atravesado su vida podían trascender su caso. “Quién soy, cuál es mi propósito y mi objetivo en la vida es algo transversal a todos los seres humanos”, reflexionó.
Actualmente, Evelin trabaja como counselor y acompaña a personas que atraviesan diferentes procesos de cambio y crisis personales. Esa experiencia también modificó su manera de pensar aquello que durante años había considerado una búsqueda por descubrir su “verdadera” identidad. “La identidad no es un nombre ni un número; es algo mucho más maleable y flexible”, recalcó.
Una mirada a 50 años del golpe
A medio siglo del golpe de Estado de 1976, Evelin también piensa su historia desde las generaciones que crecieron en democracia. Sus propios hijos son adolescentes y observa cómo ellos y sus amigos se acercan al libro con preguntas diferentes. “Ellos, la juventud, no tienen la idea de lo que es vivir en una dictadura y, por suerte, nadie desea que lo vivan”, sostuvo.
Su intención, asegura, no es que su experiencia quede limitada al dolor. Busca que también pueda servir para pensar qué ocurre después de un acontecimiento que altera por completo una vida. “Muchas personas pasaron situaciones espantosas de mucho dolor y, a raíz de eso, fueron encontrando un propósito”, reflexionó.
Por eso, medio siglo después de uno de los períodos más traumáticos de la historia argentina, el mensaje que busca transmitir desde su propia experiencia apunta hacia la reconstrucción. “Se puede encontrar una luz en semejante oscuridad, no perderte a vos mismo y saber que siempre podés ser libre internamente”, concluyó.





