La dura realidad de los investigadores del Conicet

​Falta de cumplimiento en los subsidios, bajos salarios con escasa actualización y sometimiento a una burocracia pesada y asfixiante son los principales problemas que sufren los científicos del Conicet. Si bien la devaluación y la inflación que golpean al país desde hace unos meses agravaron esta realidad, lo cierto es que son dificultades persistentes de hace bastante tiempo sobre las que, a ojo de los afectados, se conoce poco y con cierta desinformación.

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Nicolás Munilla

La dura realidad de los investigadores del Conicet

La participación de la bióloga Marina Simiam en el programa de concursos 'Quién quiere ser millonario' para ganar dinero y continuar sus investigadores en el Conicet, volvió a colocar sobre el ojo público las serias dificultades que atraviesan los investigadores que trabajan en esa institución pública.

Falta de cumplimiento en los subsidios, bajos salarios con escasa actualización y sometimiento a una burocracia pesada y asfixiante son los principales problemas que sufren los científicos del Conicet. Si bien la devaluación y la inflación que golpean al país desde hace unos meses agravaron esta realidad, lo cierto es que se trata de dificultades persistentes durante bastante tiempo sobre las que, según los afectados, se conoce poco y con cierta desinformación.

Aunque aman lo que hacen y desean contribuir al desarrollo del país desde la ciencia, muchos investigadores del Conicet sienten que el Estado, más allá del signo político gobernante, los dejó desamparados y abandonados a su suerte, teniendo que invertir dinero (propio), tiempo y energía en ingeniosos mecanismos para sostener sus tareas cotidianas, al tiempo que padecen la degradación de sus salarios y el peso de las exigencias administrativas cada vez más difíciles de cumplir.

Subsidios pocos y lentos

Una de las problemáticas más conocidas del Conicet es la falta de fondos presupuestarios para los proyectos. Investigadores confiaron a MDZ que hay una reducción en la cantidad de subsidios otorgados pese a mantenerse la cantidad de investigadores y becarios.

A su vez, añadieron, los desembolsos llegan a cuentagotas, si es que llegan. Una investigadora asistente contó que su grupo tiene un subsidio de 300.000 pesos para comprar insumos, que les fue asignado en 2016 pero todavía no han recibido ni un billete y encima vence en agosto de este año, corriendo riesgo de perderlo. También señaló que fue otorgado cuando el dólar estaba a 17 pesos: "el dinero está totalmente devaluado, hoy no alcanza ni para comprar un tercio de los insumos".

Eso lleva a recurrir a argucias y artilugios para continuar con las investigaciones. Algunos aprovechan sus contactos en el exterior y consiguen algunas donaciones, pero deben buscarlas en el país de origen y traerlas a sus laboratorios, a veces de contrabando. "Los viajes terminamos pagándolos nosotros mismos, de vez en cuando con ayuda de terceros, o aprovechamos algún congreso y recolectamos insumos", indicó otro investigador del área de Salud.

También aplican medidas de cuidado extremo y racionalización de insumos,  enseñadas por los investigadores más veteranos que experimentaron crisis iguales o peores en el Conicet.

Salarios malos

Otro motivo de preocupación entre los investigadores es el sueldo. En las paritarias celebradas el año pasado, el gremio UPCN (que representa a los trabajadores del Conicet) acordó con las autoridades que los científicos que percibían salarios superiores a los 40.000 pesos recibieran únicamente sumas fijas, muchas no remunerativas, mientras que las remuneraciones menores tuvieron un incremento del 15% escalonado en tres cuotas, sumado al bono de fin de año de 5.000 pesos, en un contexto donde la inflación anual llegó al 37%.

"Tenemos sueldos más bajos que otros organismos públicos como la Afip y la Anses, pero la gente no lo sabe. Eso pasa porque los científicos prefieren hablar de subsidios y no de sus salarios, no se ponen en el rol de trabajadores ni aprovechan espacios para quejarse", criticó un investigador que lleva trabajando varias décadas en el Conicet.

A ello se suma que en la composición salarial, el básico es bastante bajo y está plagado de ítems 'en negro'. "Desde 2016 mi sueldo perdió un 50% en poder adquisitivo", confió una investigadora.

Esto sucede pese a que más del 70% del presupuesto del Conicet se destina a gastos del personal, y de ese ítem, el 91,96% corresponde a la formación de investigadores y personal de apoyo, lo que representó un desembolso total de más de 8.530 millones de pesos en 2018.

Burocracia pesada

A lo largo de sus años, el Conicet ha extendido su estructura interna de modo exponencial, sumando áreas gerenciales que lo convirtieron, a ojo de los investigadores, en un gran 'monstruo' burocrático estatal que dificulta y frena el desarrollo de proyectos, haciéndoles perder tiempo y energía en cuestiones administrativas engorrosas.

"Me la paso escribiendo solicitudes a subsidios que después no te dan o no giran el dinero, como también informes plagados de requisitos. Por ejemplo, nos exigen publicar artículos en revistas internacionales de alta jerarquización, siendo que la mayoría son pagos y en dólares, entonces tenemos que invertir mucho tiempo en buscar alternativas. Al final te sentís totalmente frustrado porque no podés desarrollar lo que querés, que es investigar. La burocracia nos mata y encima sin sentido", sentencian.

Esa estructura conlleva, a su vez, un gasto presupuestario importante. En 2018, el Conicet desembolsó más de 745 millones de pesos en pagar sueldos a 1.380 trabajadores administrativos, un 8% del total.

Si bien en el Conicet la cantidad de investigadores es diez veces superior a la de administrativos, cabe mencionar que los primeros aumentaron un 103% entre 2007 y 2017, mientras que los segundos lo hicieron en un 169%.

Salir del Conicet no conviene

Durante años, muchos científicos argentinos decidían continuar con su formación profesional en otros países, donde lograban desarrollar proyectos y, en ocasiones, conseguir insertarse laboralmente, escapando de los vaivenes económicos de la Argentina y que siempre afectaron a la ciencia. Parte de ese éxodo fue revertido durante la gestión kirchnerista, repatriando investigadores al país ofreciéndoles la posibilidad de continuar sus trabajos con algunos beneficios.

Si bien hoy la realidad golpea a los investigadores y algunos piensan en irse, lo cierto es que la situación tampoco está fácil en el exterior. La mayoría de los consultados por este medio coincidieron en que muchas instituciones académicas de países desarrollados, si bien no enfrentan las mismas dificultades que el Conicet, están ajustando sus presupuestos y recortando gastos, como las estadías. Incluso la inserción laboral en el extranjero se volvió muy dificultosa y cada vez más científicos de todo el mundo pelean por un mismo puesto.

Para los que aspiran a un cargo docente en cualquier universidad pública, puede ser frustrante, porque la mayoría de los claustros están cerrados a nuevos ingresos dado que los profesores mantienen sus puestos de por vida y la titularidad es casi imposible.

Problemas de larga data

A diferencia de los sindicatos, que señalan a la administración nacional de Mauricio Macri como la responsable del 'ajuste' en el Conicet, los investigadores consultados expresaron que las problemáticas anteriormente enunciadas datan de varios años, y responsabilizan al Estado de nunca aplicar políticas públicas sostenibles para el desarrollo de la ciencia argentina.

"En su incapacidad, Macri ha pagado el costo político sin haber aplicado un ajuste, porque en el Conicet no echó a nadie y todos los gerentes puestos por el kirchnerismo continúan en sus cargos. Los problemas de la institución ya estaban en los gobiernos anteriores, más que culpables hay que buscar soluciones", expresó a MDZ el arquitecto urbanista e investigador científico Jorge Ricardo Ponte.

Por su parte, el investigador principal en Ciencias Políticas Mario Pecheny manifestó en una entrevista con MDZ Radio que "hoy estamos en una situación donde los institutos existentes no están pudiendo ni siquiera pagar los gastos para hacer aquello por lo cual cobramos nuestro salario".

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