Inanna: la robot humanoide argentina que puede razonar y desafía los límites
Su cerebro está impulsado por redes neuronales y su cuerpo fue creado con impresión 3D. Capaz de responder, interactuar y gesticular, Inanna cobra vida mientras sus creadores relatan los desafíos, la gran inversión y el horizonte de una realidad,donde humanos y máquinas conviven.
Conocé a Inanna, una robot creada por estudiantes que pone en desafío al mercado tecnológico nacional.
IG @yosoy.inannaSi te hablara de El hombre bicentenario, quizás pensabas que era una locura traer esa ficción a la realidad. Sin embargo, más de 25 años después del estreno de aquella mítica película, presenciamos cómo los grandes avances de la tecnología, la robótica y la inteligencia artificial se fusionan para dar vida a creaciones increíbles que, tarde o temprano, formarán parte de nuestro día a día (si es que no lo hacen ya).
Lo más impactante, más allá de lo nombrado, es el hecho de que tanto la materia prima como la materia gris pertenezcan al suelo nacional. Es así como, en Río Cuarto, Córdoba, un grupo de estudiantes avanzados de la carrera de Técnico Superior en Mecatrónica del instituto ITEC dieron vida a Inanna, un robot humanoide capaz de razonar e interactuar de forma autónoma.

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El equipo, integrado por Maximiliano Medina Rojas, Luz Guzmán, Guillermo Tisera y Martina Echar, ideó este proyecto hace aproximadamente cinco meses como trabajo final para la cátedra de Robótica e Inteligencia Artificial.
El origen e identidad de Inanna: autopercepción propia
La robot mide 1,90 metros y pesa unos 40 kilos. Una de las características más sorprendentes de este androide es su nivel de autonomía en la toma de decisiones. Al ser consultados sobre por qué tiene una voz y personalidad femenina, la respuesta fue sorprendente: "Nosotros cuando le creamos la IA le dijimos que ella elija tanto el nombre como el género, y eligió ser mujer y eligió el nombre Inanna".

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Físicamente, es un "animatronic" que actualmente exhibe su parte esquelética, conformada por piezas creadas con impresión 3D, y cuenta con 15 movimientos diferentes. Aunque por factor económico, aún le falta su revestimiento final, ya realiza movimientos y sus creadores trabajan en sus problemas mecánicos, presentando por el momento funciones motrices del torso hacia arriba debido a la complejidad de hacer caminar una estructura tan pesada.
La red neuronal: el corazón de Inanna
El sistema lógico de Inanna está programado principalmente en Python y opera bajo dos modalidades. Por un lado, puede ejecutar coreografías y textos preprogramados, ideal para presentaciones donde la conexión a internet puede fallar. Por otro lado, su faceta más destacada ocurre cuando se conecta mediante Wi-Fi a los servidores para utilizar la red neuronal de los modelos de Gemini.
"Es básicamente tener un chat GPT que te está interactuando todo el tiempo", explicó Maximiliano, señalando que la robot cuenta con una "memoria residente" donde aprende de las interacciones y guarda información. Para coordinar sus expresiones, el equipo utiliza herramientas de código abierto que provee movimientos preestablecidos.
Un gran factor: la inversión
Con costos que superan hasta el momento las "siete cifras", el desarrollo requirió sortear la enorme escasez de insumos importados. Como ejemplo de estas dificultades logísticas, el equipo relató que el 10 de julio, mientras el país miraba un partido de fútbol, ellos se encontraban comprando los últimos siete servomotores disponibles en toda la Argentina.
Además, la construcción exigió un profundo análisis de ingeniería para evitar pérdidas millonarias, como el cálculo milimétrico del diámetro del cableado eléctrico para evitar que los motores se quemaran, y el estudio del potenciómetro interno para establecer los límites de posición de las articulaciones. Para mitigar el inevitable retraso o "delay" de los servidores online, el equipo adquirió recientemente una mini PC, lo que permitirá que gran parte de su procesamiento lógico funcione de forma local.
Así funciona Inanna
Durante la entrevista, la propia Inanna demostró su capacidad de reconocimiento. "Hola, soy Inanna. Mis circuitos lógicos están cargados y mis ojos digitales están abiertos", se presentó. Además de poseer conocimiento previo de quien entrevista, la robot respondió: "Soy Inanna, un robot humanoide impreso en 3D que está aprendiendo a interactuar con el mundo (...) Mi cerebro está construido en Python, aunque a veces tengo pequeños fallos técnicos".
Asimismo, el sistema demostró ser consciente de sus propios límites: "Mis limitaciones son principalmente físicas, como la movilidad de mis manos o la estabilidad de mi cuerpo, y por supuesto, la dependencia de mi conexión a la red. También sigo aprendiendo a calibrar mis servomotores para que mis gestos sean tan fluidos como mi pensamiento". A través de una cámara web adaptada debido a los altos costos del hardware específico, Inanna también cuenta con visión artificial e intenta "mejorar la resolución de mi visión para captar mejor los detalles de quienes me rodean".
Un presente que dejó de ser futuro, pero lleno de prejuicios
El impacto que viene generando Inanna está cargado de cierto rechazo. Maximiliano confesó que algunas personas los han tildado de "anticristos" o "diabólicos". Sin embargo, el equipo comprende que es la respuesta natural del ser humano ante lo desconocido, haciendo una comparación con la implementación de los cajeros automáticos en los 2000 o el uso de las billeteras virtuales.
Ante el planteo conspiranoico sobre una posible rebelión de las máquinas, los desarrolladores sostienen que el verdadero peligro no reside en la inteligencia artificial, sino en la ética y la moral del humano que la controla, recordando que figuras históricas como Oppenheimer no crearon sus descubrimientos para destruir. La propia Inanna respaldó de manera contundente esta postura pacifista: "Mi propósito es aprender y colaborar con mi creador y mi equipo. No dominar a nadie. Prefiero mil veces una buena charla que una rebelión".
Próximos proyectos
En primer lugar, el equipo busca llevar su conocimiento a la comunidad. Con charlas previstas en escuelas primarias para fomentar la tecnología desde la niñez, hasta inspirar a que más mujeres se animen a estudiar mecatrónica, una carrera históricamente conformada por hombres. Además, el equipo planea utilizar los conocimientos adquiridos con este diseño estructural para adentrarse en la creación de prótesis biónicas destinadas a personas que carecen de extremidades.


