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Fe y Alegría: educación, vulnerabilidad y el desafío de transformar realidades difíciles

El director nacional de Fe y Alegría Argentina habló sobre educación, pobreza, violencia escolar y calidad educativa.

En Entrevistas MDZ, Fernando Anderlic, abogado, posgraduado en Políticas Educativas y director nacional de Fe y Alegría Argentina, compartió una mirada profunda sobre el rol de la educación en los contextos más vulnerables del país. La organización, vinculada a la Compañía de Jesús, trabaja en distintos niveles del sistema educativo y sostiene escuelas gratuitas en provincias donde la pobreza y el analfabetismo siguen siendo desafíos urgentes.

Durante la entrevista, Anderlic habló sobre la campaña de la Silla Roja, el impacto de la violencia en las aulas, el uso de redes sociales y dispositivos, la baja de la natalidad y los problemas de calidad educativa en lengua y matemática. También destacó historias de alumnos que, gracias a la educación, lograron proyectar una vida distinta y regresar a las escuelas como docentes.

Mira la entrevista a Fernando Anderlic

Entrevista Fernando Anderlic

-Estamos en el living de MDZ conversando con el doctor Fernando Anderlic. Fernando es abogado. Posgraduado en Políticas Educativas. Director Nacional de Fe y Alegría Argentina. Es esposo, papá de tres. Bienvenido, Fernando. ¿Qué es Fe y Alegría?

-Fe y Alegría es una organización de la Compañía de Jesús que trabaja en contextos vulnerables impulsando proyectos educativos tanto formales como no formales.

-¿Para qué nivel, Fernando?

-Todos los niveles. Cubrimos la totalidad del sistema educativo desde la primera infancia, nivel inicial, primario, secundario, centro de formación de adultos y también centros no formales en cuestiones laborales.

-¿Están a lo largo de todo el territorio?

-Sí. Prácticamente cubrimos la totalidad del norte de Argentina. Estamos en seis provincias donde los índices de pobreza y analfabetismo son muy altos. Y no solamente estamos en la Argentina, sino que somos parte de una red mundial que tiene presencia en 23 países; prácticamente toda América Latina y Caribe, África, Europa y próximamente en Asia.

-Y está presente entre nosotros la sillita roja , que es parte de una campaña de educación.

-Exactamente. Es un símbolo para nosotros. Es el símbolo de una campaña que venimos desarrollando desde el 2018 en Argentina y desde el 2012 en España. Es un símbolo que proclama el derecho a la educación de todas las personas y que es una alerta que tenemos siempre presente en nuestros espacios educativos para preguntarnos:-"¿quiénes son las personas que no están accediendo a la educación? ¿Cuáles son las causas que motivan esa ausencia? ¿Y qué podemos hacer nosotros como sociedad para impulsar que todas las personas puedan ejercer su derecho a educarse durante toda la vida?"- Y no es la única campaña. Tenemos dos campañas anuales. La primera es esta de la "Silla Roja", cuando se inicia el ciclo lectivo en el mes de marzo y la segunda es en el mes de septiembre, que es el mes de la educación. Es una campaña en la que tratamos de brindar testimonios acerca de qué aporte hacemos cada uno de nosotros desde nuestro lugar, justamente para mejorar la educación de nuestro país.

-Esa campaña se titula "Yo pongo el corazón por la educación" porque así es, ponen el corazón por la educación y siempre el foco está en el alumno.¿Recordás alguna de esas historias de resiliencia?

-Tratamos de contar siempre, a partir de las campañas, historias que llamamos "Latidos que inspiran", que son historias de personas que han pasado por nuestros centros educativos y a partir de la educación que recibieron lograron proyectarse a una vida distinta. No por haber nacido en un contexto vulnerable la persona está condenada a vivir en ese contexto. Así que a nosotros nos gusta mostrar que que es posible transformar esas realidades tan difíciles de pobreza, de exclusión, a partir de todas las oportunidades que brinda el poder educarse. Hace pocas semanas publicamos la historia de dos chicos, dos hermanos que vivían en el Chaco, en el monte adentro y asistieron el nivel secundario a la Escuela de Fe y Alegría, con mucho esfuerzo porque tenían que trasladarse muchos kilómetros a caballo. A través del impulso de ese amor que fueron adquiriendo, de lo que era la obra de Fe y Alegría, siguieron después una carrera terciaria y años después son docentes en nuestra escuela. Ya tenemos prácticamente más de 50 ex alumnos que están trabajando en cuestiones educativas, como docentes o como directivos de escuelas; y eso para nosotros es un motivo de orgullo enorme.

-¿La vulnerabilidad está dada por el contexto socioeconómico?

-Exacto. Trabajamos con la población más vulnerable. Nosotros en las barriadas, donde quizás no existe una escuela pública o si bien existe, la misma no logra dar respuesta a esa demanda educativa de la gente, nos acercamos al Estado y le proponemos hacer una alianza. El Estado aporta la subvención para poder pagar la planta docente y nosotros nos encargamos de construir la escuela y de gestionarla.

A partir de la educación que recibieron se proyectaron

A partir de la educación que recibieron lograron proyectarse

-Y comentabas que estos "Latidos" están publicados...

-Sí. Lo pueden seguir en cualquiera de las redes sociales como Fe y Alegría Argentina. Los pueden encontrar en nuestra web y pueden suscribirse a nuestro newsletter; periódicamente van a ir recibiendo novedades, noticias y también estas historias de "Los latidos que inspiran".

-Queda hecha la invitación para todos y llevándote un poquito a lo más actual, estamos en un contexto en el que gran parte de la vulnerabilidad está teñida de violencia; violencia puesta en acción, especialmente por parte del alumnado. ¿Qué opinión tenés al respecto?

-Mirá, la realidad es que nuestra sociedad está atravesada por la violencia, lamentablemente, máxime en el contexto donde trabajamos nosotros. Creo que es de público conocimiento la cantidad de casos de chicos que ingresan a la escuela con armas, amenazan a docentes, a directivos o que son agredidos por familiares o por pares. Esta es una realidad que obviamente nos atraviesa y nos duele. Trabajamos en pos de poder concientizar en torno a ello, de tratar de construir entre todos una cultura del cuidado, de hacernos responsables. Pero muchas veces ese trabajo se vuelve muy difícil cuando el contexto que nos rodea, llama a la violencia. Y también somos conscientes de que muchas veces ese esa violencia no solamente se genera en el contexto en el cual vivimos, sino que viene dada por las personas que tienen mayor poder y son autoridades que, lamentablemente, no se dan cuenta que también educan. Es un trabajo difícil, pero estamos convencidos de que entre todos podemos ir construyendo esa cultura del cuidado que nos beneficia a todos para construir una sociedad distinta a la que estamos viviendo hoy.

-¿Y cómo ves el rol de las redes sociales?

-Mirá, es un tema muy particular que nos atraviesa en todo sentido. Estamos viviendo unos cambios sociológicos en nuestras relaciones, en la forma de relacionarnos con el otro de manera como nunca en la historia se ha producido. Y en tanto y en cuanto no seamos conscientes del daño que se va generando en esta mediatización de la relación entre las personas a través de un aparato, no sé hasta qué punto somos conscientes de lo que estamos generando a futuro. Me parece que todas las medidas que tengan que ver justamente con educar en el uso responsable de las de las redes, de los dispositivos electrónicos y demás, que va a aportar a poder empezar a transformar esta realidad.

-¿En las escuelas de Fe y Alegría se fue haciendo un camino inverso, digamos, de ir reduciendo en el uso de dispositivos?

-Eso depende, obviamente, de la autonomía que va teniendo cada uno de los centros en cada uno de los contextos. Obviamente nosotros impulsamos en la organización un uso pedagógico de las mismas porque ahí se se ha visto ese contrasentido de que, lamentablemente, durante mucho tiempo nuestros chicos eran las personas que a lo mejor no accedían justamente a la tecnología, no tenían dispositivos como para poder trabajar. Hicimos un trabajo para ir incorporando cuestiones tecnológicas en la escuela y yo creo que todo en su justa medida, puede aportar a esa educación de calidad que queremos dar. Dentro de un uso protegido, cuidado y reglamentado de la tecnología, creo que no se tiene que prohibir por prohibir, tampoco.

-¿Para acceder a las instituciones, tanto el alumnado como el personal docente, tiene que seguir algún tipo de formación particular?

-Obviamente para los cargos docentes hay que tener título docente habilitante como en cualquier otra escuela, tanto pública de gestión privada que hay en Argentina y luego tienen que seguir el protocolo de ingreso que tenemos en cuanto a la presentación de certificados de antecedentes más allá de la formación de base que cada docente trae. Para nosotros la formación de nuestro equipo docente y directivo es muy importante; invertimos mucho en eso para poder brindar la mejor educación posible a nuestros chicos. Para el alumnado, las escuelas de Fe y Alegría son gratuitas, no cobramos cuota. Simplemente, en algunos centros, cuando la realidad lo permite, algunos padres voluntariamente hacen algún aporte económico. Las escuelas son abiertas a toda la comunidad y son de cuota cero. Así que, en ese sentido, la limitante económica no está presente.

-Con respecto a la baja de la tasa de natalidad y por lógica la reducción en la matrícula de los colegios, ¿qué análisis hacen desde la organización?

-Estamos proyectando una baja grande. Se dice que para el 2030 va a caer casi un 27%. Y eso no va a implicar directamente que mejore la calidad educativa. Entonces, justamente, la campaña de este año de la Silla Roja tenía que ver con eso, con tomar conciencia de que no menas sillas en el aula implican una mayor calidad educativa. Hay que generar las condiciones para que, justamente, ese descenso de la matrícula se convierta en una posibilidad para redistribuir mejor a los docentes, adecuar mejor la estructura, planificar también un acompañamiento más personalizado de los estudiantes. No se va a producir mágicamente la mejora de la calidad educativa directamente por tener menos alumnos en el aula. Hay que tomar conciencia de que eso no sea también un justificativo para seguir reduciendo el financiamiento educativo de parte del Estado al privado. Implica movimiento.

-¿Hay alguna problemática más relevante que otras dentro de las comunidades que asisten?

-Mira, no estamos exentos de nada. Hablábamos del tema de la violencia, obviamente de las adicciones... Y hay un fenómeno que tampoco nos es ajeno, que tiene que ver con los índices paupérrimos de calidad educativa, sobre todo en lengua y matemática. Y venimos trabajando fuertemente en los últimos años, a través de un proceso de mejora y personalizado de cada uno de los centros. Eso está dando muy buenos resultados. Algunos de estos programas son tomados ya por algunos estados provinciales para poder implementarlos a nivel provincial; así que estamos intentando aportar justamente nuestro granito de arena para mejorar ese ese drama de la calidad educativa argentina. Chicos que terminan la escuela, que tienen el título y ese título no implica que hayan aprendido. Este es el trabajo fuerte que estamos haciendo en los últimos años, juntamente con el tema de poder acortar la brecha de la salida de la escuela a insertarse en el mundo del trabajo. Son los grandes desafíos que estamos encarando.

-¿Tienen un programa de capacitación para la formación para el trabajo?

-Sí, exactamente, que se trabaja desde toda la secundaria y en los centros formación laboral.

Tratar de construir entre todos la cultura del cuidado

Tratar de construir entre todos la cultura del cuidado

-¿Tenés algún mensaje o invitación puntual para hacer?

-Invito a todo el que quiera o se sienta llamado a dar su corazón por la educación, a sumarse, a conocernos más en nuestra página web y a seguirnos en nuestras redes sociales como Fe y Alegría Argentina.