El fútbol y el rock, juntos a la par
De Elton John salvando al Watford a Maradona con Queen: un recorrido por los artistas que vivieron el fútbol como una pasión más.
Durante unos segundos daba la sensación de que el futbolista era incluso más grande que Queen.
Archivo.De Elton John salvando al Watford a Ciro emocionando a la Selección en Qatar. Historias de músicos que vivieron el fútbol con la misma pasión con la que subieron a un escenario. Y viceversa. Mi viejo me llevó por primera vez a una cancha cuando tenía ocho años. Años después fui a mi primer recital de rock.
Todavía hoy me cuesta explicar por qué sentí exactamente lo mismo en los dos lugares. No hablo del partido ni de las canciones. Hablo de otra cosa. De la multitud, del ruido y de la sensación de estar entrando a un territorio desconocido donde, durante un rato, todo puede cambiar. Con el tiempo entendí que el fútbol y la música tienen mucho más en común de lo que parece: los dos generan pertenencia, los dos construyen héroes, los dos tienen himnos, y los dos consiguen algo muy difícil: hacer que miles de personas sientan exactamente lo mismo al mismo tiempo. Quizás por eso nunca me sorprendió que tantos músicos hayan quedado pegados a una pelota. Y que a tantos futbolistas les apasione la música.
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Algunos músicos fanáticos
Elton John, por ejemplo, no fue simplemente hincha del Watford. Literalmente lo salvó de la quiebra. En los años 70, cuando el club estaba económicamente destruido y Elton atravesaba también uno de sus momentos más oscuros, decidió involucrarse de verdad. Puso plata, organizó recitales benéficos y terminó siendo presidente del club. Lo increíble es que ambos parecieron levantarse juntos: Elton salió adelante y el Watford terminó llegando a Primera División y hasta jugando competencias europeas.
Otro caso espectacular es el de Rod Stewart. Antes del rock jugaba realmente bien al fútbol en Escocia. Tan bien que estuvo cerca de intentar una carrera profesional, pero eligió la música, la noche y esa mezcla elegante de descontrol y romanticismo que siempre tuvo arriba del escenario. Igual nunca abandonó el deporte. Hasta hoy, en muchos recitales, sigue entrando y pateando pelotas al público como un veterano crack que todavía quiere jugar cinco minutos más.
Roger Waters y David Gilmour de Pink Floyd llegaron a tener un equipo propio, el PF FC, un nombre sorprendentemente poco creativo para una banda capaz de hacer discos sobre la locura humana y los viajes mentales. Lo más curioso es que las internas que terminarían rompiendo a Pink Floyd también aparecieron dentro de la cancha.
En los dorados 90, Oasis y Blur dividían Inglaterra como si fueran Boca y River. No era solamente una rivalidad musical. Había algo social, cultural y hasta político detrás de aquella pelea entre el britpop más callejero de los Gallagher y el costado más arty de Damon Albarn. En el medio a un genio se le ocurrió organizar un partido benéfico entre músicos. La idea era solidaria, claro, pero terminó picándose bastante más de lo esperado. Las fotos de Noel Gallagher y Damon Albarn marcándose fuerte parecen imágenes de un clásico inglés embarrado más que de un evento musical. Liam Gallagher, además, vive el fútbol como vive todo: exageradamente. Su amor por el Manchester City es casi tan grande como su ego.
Pero probablemente ningún músico haya vivido el fútbol de manera tan natural como Bob Marley. Jugaba antes de sus recitales, después de tocar o donde encontrara un pedazo de césped. Para él la pelota era tan importante como la música. Y hay algo tristísimo en saber que una lesión jugando terminó derivando en el problema de salud que años después desembocaría en el cáncer que lo mató demasiado joven.
Bruce Dickinson, cantante de Iron Maiden, también es un enfermo del fútbol. Y hay algo genial en imaginar a uno de los máximos íconos del heavy metal mirando un partido como un hincha más. En Escocia apareció otro caso increíble: James Allan, cantante de Glasvegas, llegó a dejar momentáneamente la música para probar suerte como futbolista profesional antes de entregarse definitivamente a los escenarios.
Mientras releía todas estas historias me di cuenta de algo. La mayoría de estos músicos no parecen acercarse al fútbol como celebridades sino que se acercan como hinchas como vos y yo que sufren, se obsesionan y se amargan. Se organizan giras alrededor de un partido importante, discuten formaciones y festejan campeonatos como cualquier hijo de vecino. Quizás por eso la relación resulta tan natural.
Cuando el rock argentino se puso los botines
En Argentina, las historias son todavía más extrañas. En 1980 se jugó un partido entre Spinetta Jade y Serú Girán en Obras. La sola existencia de ese evento ya parece un delirio hermoso. En una foto tomada por David Lebón se puede ver al Flaco Spinetta, fanático de River, corriendo en cueros como si estuviera jugando una final de Copa Libertadores. Imagino ese partido lleno de humo, botines negros, pelos largos y músicos intentando tirar caños mientras pensaban acordes imposibles.
Y después está Charly García sentado arriba de una pelota en el césped de Excursionistas, en 1975. Una imagen totalmente Say No More.
Maradona, el último rockstar
Pero si hay una figura capaz de unir definitivamente al fútbol y al rock argentino, esa figura es el 10. Porque Diego tenía algo profundamente rockero: el exceso, el carisma, las contradicciones, el talento imposible y esa capacidad de emocionar incluso a personas que jamás habían visto un partido. Como las grandes estrellas del rock, parecía vivir permanentemente al límite. Y como los grandes artistas, despertaba admiración, amor, rechazo y fascinación al mismo tiempo.
No hubo otro futbolista que apareciera tantas veces arriba de un escenario, convertido en protagonista de canciones o abrazado a músicos de todos los estilos. Rodrigo Bueno le dedicó La mano de Dios, acaso la canción más emblemática sobre Maradona. En el año 2000 viajó a Cuba para visitarlo y se la cantó en vivo frente a él, en uno de esos encuentros que parecían imposibles y que, tratándose de Diego, terminaban ocurriendo.
Después llegaron muchas otras postales inolvidables: Maradona mirando embelesado a Manu Chao en la calla tocando para él La vida tómbola; cantando Maradó junto a Andrés Ciro Martínez frente a miles de personas; subiéndose al escenario con Bersuit Vergarabat y haciendo propios El baile de la gambeta.
Manu Chao - La Vida Tombola
Diego no era solamente un futbolista admirado por los músicos: parecía uno más de ellos.
La relación con Queen tampoco terminó aquella noche de 1981 en River. Tiempo después volvió a encontrarse con la banda detrás del escenario. Hay una foto inolvidable de ese momento: un Maradona todavía muy joven junto a Freddie Mercury, Brian May, Roger Taylor y John Deacon. Es una de esas imágenes que parecen imposibles porque reúne a cinco personas que marcaron una época desde lugares distintos. Y sin embargo, al verla cuesta decidir quién estaba conociendo a quién. Pero fue aquella presentación en River la que quedó grabada para siempre. Freddie Mercury tomó el micrófono y empezó a gritar: "¡Maradoooona... Maradoooona!". El estadio explotó. Durante unos segundos daba la sensación de que el futbolista era incluso más grande que Queen. Y eso ya es decir muchísimo.
Los futbolistas que quisieron ser rockeros
La relación entre el rock y la pelota también funcionó al revés. Daniel Osvaldo dejó durante un tiempo el fútbol profesional para ponerse al frente de Barrio Viejo, una banda stone que parece salida de una madrugada eterna en La Boca. El Mono Burgos grabó discos, armó bandas y tocó en vivo mientras todavía atajaba. El Rifle Pandolfi cambió los botines por la guitarra y terminó liderando Mil Hormigas. Y Rolo Sartorio, antes de convertirse en cantante de La Beriso, pasó por las inferiores de Independiente. Junior Lescano, cantante de La 25, también tuvo pasado futbolero en Quilmes antes de dedicarse completamente al rock.
Esta es solo una parte de miles de historias donde la pasión del fútbol y de la música juegan en equipo.
Para terminar, te arme una playlist con las versiones originales de muchos de los clásicos que después terminaron convertidos en canciones de cancha (algunas insólitas, a ver si las adiviná)
*Diego Villanueva es autor de "Casi 30 artistas para antes de dormir".