El cristal con que miramos

El cristal con que miramos

Cuando actuamos con tesón sobre las bases de nuestra personalidad en un intento por cambiar, logramos realmente llegar a lo profundo, a la trama de nuestros pensamientos y preconceptos, los mismos que determinan nuestro carácter y crean el cristal a través del cual vemos la vida. 

Muchas veces intentamos justificar nuestras actitudes y decimos: “Bueno, yo nací así; yo soy así”. Pero en realidad estas son simples excusas para no hacernos responsables de nuestros actos. Si actuáramos razonadamente nos daríamos cuenta de que a veces debemos modificar nuestra conducta o manera de ser en vez de inventar excusas y justificaciones para nuestra “mala” forma de actuar.

El año pasado mi amigo Jorge, viudo desde hace dos años, me confesó que su hija de diecisiete había abandonado el hogar. La angustia y la depresión que le causaba la soledad producida por el alejamiento de su única hija lo hacían sentir vacío y sin fuerzas. “Si bebo es para olvidar..., no encuentro el camino..., me siento solo —me decía entre sollozos—. Intento adormecer mi corazón y no sufrir tanto...”

Fue una situación muy dura para mí, que lo conocía desde que había llegado hacía unos años a Barcelona, ya que había sido uno de mis mejores amigos y gran apoyo en mi etapa de adaptación a la ciudad.

Hablamos sobre lo que sentía. Sobre la soledad que implica la propia vida y sobre la opinión de sus familiares con respecto a su problema con el alcohol: “¿Qué sensación te produce el encuentro con personas de tu entorno más cercano? Cuando crees que la gente está hablando de ti, por tu afición a la bebida, ¿cómo te sientes? La última vez que algo o alguien te hizo sentir bien, ¿por qué fue? ¿Cuáles son los obstáculos que encuentras para sentirte bien? ¿Qué significa para ti la soledad? ¿Cómo crees que se sienten las personas que se encuentran solas?”.

Una vez aclarados algunos conceptos y creencias sobre su situación, y la visión que tenía de su propia vida, intenté introducir algunos conceptos. Consciente de que no podía decirle directamente que dejara en forma total la bebida, empecé a hablarle de la moderación como signo de sabiduría. De pronto le pregunté: “¿Te atreverías a ir reduciendo progresivamente tu inclinación a la bebida?”. “Efectivamente”, me contestó convencido.

“Un estilo de vida moderado, equilibrado —le dije entonces— crea una vida productiva y sana.” Avancé un poco más: “Cuando no hacemos caso de la orientación de nuestra alma y seguimos los dictados de nuestra pasión, experimentamos el vacío. Ese mismo vacío que tú estás padeciendo”.

“Amigo Jorge, la clave para que encuentres el equilibrio es el respeto por ti mismo, y este es fruto de la disciplina. Debes luchar día a día contra tus impulsos negativos, y esa sensación de dignidad que acompañará cada negación tuya a beber, aumentará junto con la capacidad de decirte ‘no’ a ti mismo”, concluí.

Para reforzar el mensaje, le dejé un escrito de san Agustín con la frase predilecta de Alcohólicos Anónimos, con cuyos familiares y amigos he compartido en Barcelona algunas reuniones de investigación: “Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar aquellas que puedo y sabiduría para reconocer la diferencia”.

Confieso haber quedado gratamente sorprendido por la profundidad de las reflexiones y el sistema de trabajo de este grupo. Es alentador ver cómo familiares y amigos de personas afectadas de alcoholismo se reúnen periódicamente para compartir sus experiencias con ellas y, a través de esas reuniones, logran una fortaleza espiritual y un crecimiento personal envidiables.

Jorge, finalmente, luego de un largo proceso de búsqueda interior, logró dejar la bebida y se centró apasionadamente en la creación de su propia empresa, que hoy lo llena de orgullo. Al igual que él, cuando uno se examina con ánimo de conocerse advierte con claridad los defectos que ha procurado ocultarse, y cae en la cuenta de que puede corregirlos con paciencia, serenidad y mucho esfuerzo, ya que solo de esa manera es posible cambiar.

Cuando actuamos con tesón sobre las bases de nuestra personalidad en un intento por cambiar, logramos realmente llegar a lo profundo, a la trama de nuestros pensamientos y preconceptos, los mismos que determinan nuestro carácter y crean el cristal a través del cual vemos la vida.

Alfredo Diez, escritor, conferenciante y consultor de empresas / Instagram: alfredo10coach

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