Discurso por la paz, la guerra entre nosotros
Un nuevo domingo y llega "Arte que motiva", la columna que refleja nuestra paz, en medio de un mundo en guerra, con el particular estilo de Juan Barros.
Amamos la paz, queremos la paz.
Ilustración de Lisandro RuizEs posible advertir la necesidad de una paz horizontal: entre nosotros. Y la Biblia nos advierte que la causa la paz vertical: entre cielo y tierra, entre Dios y la humanidad. La narración de la creación nos representa que “Hasta que Adán y Eva están en paz con Dios, están en paz con sí mismos, entre carne y espíritu. No más guerra".
Están en paz entre el hombre y la mujer (“carne de mi carne”), entre el ser humano y la Creación asumida. Y entran en conflicto, al revelarse contra Dios: la carne contra el espíritu (darse cuenta que están desnudos), el hombre contra la mujer (“la mujer me ha seducido”), la naturaleza contra el hombre, el hermano contra el hermano, Caín y Abel.
Las alianzas bíblicas nos preparan para la paz
La paz con ”elegidos”: Noé, Abraham, Jacob; Y con Moisés entonces con todo Israel, adviniendo el pueblo de la alianza.
¿Dios de quién es Dios?
Los profetas expresaron cada vez más que de Sión y de Jerusalén la alianza se extenderá a todas las gentes.
El Nuevo Testamento representa la realización de la paz con la venida de Jesús. Su nacimiento se revela a los pastores con un anuncio: “¡Paz en la tierra a los hombres que ama el Señor!”
Jesús nos afirma en Él así: “Mi paz os dejo, dice; vi paz os doy” (Jn 14, 27).
Y su voz de resucitado exclama la palabra ¡Shalom! ¡Paz a vosotros!
Ya no es el anuncio de el saludo del ángel en Navidad sino algo que Él mismo realiza en nosotros.
Más que su nacimiento, su sacrificio en la cruz, restablece la paz entre el cielo y la tierra.
No se comprende el cambio sin comprender la muerte de Cristo.
El pecado era una deuda con Dios. Y el demonio nos retenía como esclavos al momento de querer pagar esa deuda.
No siendo Dios el deudor, salvó la deuda
Al morir Jesús en la cruz… Destruyendo el pecado y triunfando sobre Satanás.
Es el centro de cada religión el sacrificio: el rito del chivo expiatorio.
Era la sacralización de la violencia…
Cristo hace de si mismo el voluntario ‘chivo expiatorio’ de la humanidad, la víctima inocente de toda la violencia.
No es la sangre de otros… Es su propia sangre.
No hay víctimas. Se hace la más noble víctima.
No puso los pecados sobre los hombros de los otros sino sobre sus propios hombros.
Él llevó nuestros pecados a la cruz.
El sacrificio de expiación, para aplacar a un Dios irritado por el pecado, a través del hombre ofreciendo a Dios un sacrificio, ahora, adviene en un dios que actúa para que el hombre se encuentre en paz con Él.
Más que la petición de reconciliación por parte del hombre la solicitud de Dios de reconciliarse con Él…
Al proclamarse en la misa: “La paz esté con vosotros”, “Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz” y, al final, “Id en paz”, es de esta paz como don de Dios de la que se habla.
En la misa solemne del inicio de mi pontificado, he expresado ante el Pueblo de Dios un gran deseo: «una Iglesia unida, signo de unidad y comunión, que se convierta en fermento para un mundo reconciliado» (18 mayo 2025). Llevemos al mundo la paz del Resucitado, con esa libertad que nace de sabernos amados, elegidos y enviados por el Padre” (León XIV)
La causa es lo que nos causa.
¿Lo que puedo es lo que quiero?
Negociamos tal como nos aceptamos a sí mismos.
Hay tanta paz como me das paz
Lo que causamos es nuestra conciencia.
Amar nos desarma. Es nuestra paz.
Puedo estar contigo como sos conmigo.
Puedo estar conmigo como soy contigo.
Dios nos ama evidenciándonos.
* Juan Barros, energizante natural. Apto para todo público.



