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Cuidar el cerebro: la decisión más inteligente que podemos tomar

La neuroplasticidad demuestra que el cerebro se modifica con cada experiencia. Los hábitos diarios pueden fortalecer la memoria, las emociones y el bienestar.

Cada conversación, cada libro, cada caminata y cada hábito cotidiano deja una huella en nuestro cerebro.

Cada conversación, cada libro, cada caminata y cada hábito cotidiano deja una huella en nuestro cerebro.

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Durante décadas se creyó que el cerebro era una estructura fija e inmutable. Sin embargo, la neurociencia demostró que cambia de manera constante gracias a la neuroplasticidad, la capacidad de crear y reorganizar conexiones neuronales a partir de lo que pensamos, aprendemos, sentimos y hacemos. Cada conversación, cada libro, cada caminata y cada hábito cotidiano deja una huella en nuestro cerebro.

Su principal objetivo no es hacernos felices ni exitosos, sino garantizar la supervivencia. Por eso busca ahorrar energía, automatizar conductas y repetir aquello que ya conoce. Cambiar requiere un esfuerzo adicional porque implica construir nuevas conexiones neuronales, un proceso que demanda atención y constancia. La buena noticia es que todo aquello que repetimos con frecuencia termina convirtiéndose en un nuevo circuito cerebral.

Pequeñas decisiones que fortalecen el cerebro

Cada vez que aprendemos una habilidad, hacemos actividad física, regulamos una emoción, escuchamos música, descansamos bien o elegimos una alimentación saludable, fortalecemos redes neuronales que facilitan esas conductas en el futuro. El cerebro funciona de manera similar a un músculo: lo que se ejercita se fortalece y lo que permanece inactivo tiende a debilitarse.

Comprender el funcionamiento de estructuras como la amígdala y la corteza prefrontal también ayuda a entender nuestras reacciones. La amígdala actúa como un detector de amenazas y puede activar respuestas automáticas frente a un peligro real o imaginario. En cambio, la corteza prefrontal es la encargada de funciones como la planificación, el autocontrol, la empatía y la toma de decisiones. Bajo niveles elevados de estrés, esta región pierde eficacia, lo que explica por qué en momentos de tensión pensamos y decidimos peor.

Con niveles elevados de estrés, el cerebro pierde eficacia, lo que explica por qué en momentos de tensión pensamos y decidimos peor.

Con niveles elevados de estrés, el cerebro pierde eficacia, lo que explica por qué en momentos de tensión pensamos y decidimos peor.

El cerebro no está terminado: cambia con cada experiencia

Cuidar el cerebro no depende de una acción extraordinaria, sino de la suma de pequeñas decisiones sostenidas en el tiempo: moverse, leer, dormir lo suficiente, alimentarse bien, aprender algo nuevo, cultivar vínculos saludables, practicar la gratitud, poner límites, pedir ayuda cuando sea necesario y dedicar unos minutos a la meditación. No existen atajos ni soluciones mágicas. La forma en que vivimos hoy está construyendo el cerebro con el que viviremos mañana, y esa puede ser una de las inversiones más importantes para nuestra salud y calidad de vida.

* Lic. Erica Miretti. Psicóloga , docente Neuropsicoeducadora.