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Día Mundial del Asma: "Una enfermedad crónica no significa que uno no puede tener calidad de vida"

En el Día Mundial del Asma, en MDZ recibimos a la Dra. Amelia Zarauza, quien llamó a garantizar el acceso equitativo al tratamiento para mejorar la calidad de vida.

El primer martes de mayo se conmemora el Día Mundial del Asma, una enfermedad crónica que afecta a más de 350 millones de personas en el mundo y que, pese a su prevalencia, continúa estando subdiagnosticada y mal controlada. Este año, la campaña internacional impulsada por la Global Initiative for Asthma (GINA) lleva como lema “Hacer que el tratamiento inhalado sea accesible para todos”, poniendo el foco en la necesidad urgente de garantizar el acceso equitativo a una herramienta terapéutica clave.

En ese contexto, en MDZ recibimos a la Dra. Amelia Zarauza, médica pediatra, especialista en alergia, inmunología y medicina ambiental, y coordinadora del comité de asma de la Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica (AAAeIC). Hablamos sobre los desafíos en el diagnóstico, la importancia del tratamiento correcto, el impacto de las enfermedades asociadas y el rol fundamental de la educación médica y comunitaria para mejorar la calidad de vida de quienes viven con asma.

-Para comenzar me gustaría preguntarte qué es el asma y por qué se considera una enfermedad subdiagnosticada.
-El asma es una enfermedad inflamatoria crónica, que se acompaña de síntomas como tos, disnea, opresión en el pecho, dificultad respiratoria y algo que llamamos sibilancias, que es ese pequeño silbidito, a veces no tan pequeño cuando es importante, de hecho se escucha a distancia sin el estetoscopio.

El principal problema de esta enfermedad, es que si bien es una enfermedad altamente prevalente, si tenemos en cuenta que hay más de 350 millones de personas que tienen asma en el mundo, que tiene una cifra alrededor de 400.000 muertes al año por asma y que en Argentina hay un 8 a un 10% de personas con asma y en pediatría esa cifra se eleva del 10 al 12%. Hay que pensar que la mayoría no tiene el acceso adecuado al tratamiento.

-¿Por qué es importante justamente el tratamiento inhalatorio?
-Porque previene la evolución de la enfermedad y además reduce las exacerbaciones, y eso se ve no solo en el gasto en salud a nivel global, sino que también afecta directamente en las personas, en la calidad de vida porque produce altas consultas por guardia, internaciones o ausentismo laboral y escolar.

El problema es que el asma muchas veces se trata en forma aguda, episódica y no como una enfermedad crónica. ¿Qué quiero decir con esto? Que la gente siente que le falta el aire, muchas veces no tiene un tratamiento de base, va a una guardia donde le resuelven el problema. Si está en condiciones de irse a su casa, se maneja en forma ambulatoria, si no, por supuesto se interna, pero después muchas veces no tiene un seguimiento y ahí es el problema. Se trata como una enfermedad aguda, como un proceso agudo, cuando en realidad es una enfermedad crónica y que librada al azar va evolucionando y va aumentando en escala de gravedad.

-Y en este sentido, ¿cómo influye que el acceso al tratamiento sea desigual?
-Muchísimo, porque hablar de falta de accesibilidad es hablar de desigualdad, es hablar de equidad, es hablar de falta de justicia en salud. La realidad es que no todas las personas tienen acceso a un tratamiento adecuado y a veces no tienen ni siquiera acceso a la consulta médica.

-En tu opinión, ¿este es el desafío más urgente que tiene el tratamiento del asma?
-Sí, ese es el desafío más urgente acompañado de la falta de educación porque hay gente que a veces tiene el tratamiento y no lo sabe utilizar porque no comprendió o no se le explicó en forma correcta. Hay un programa de televisión de un médico que hace diagnósticos, no importa el nombre, pero justamente había una paciente que le preguntaba por qué no realizaba el tratamiento. Le decía "sí, lo hago bien" y se lo ponía como un perfume. Entonces hay que educar a las personas, explicar cómo es el sistema, cómo hay que utilizarlo, con qué frecuencia y cada cuánto tiene que consultar. Porque además tenemos un organismo internacional, se llama GINA, que es la iniciativa global por el asma, que todo el tiempo está adecuando el tratamiento. Los años anteriores se adecuaron más a lo que era tratamiento del asma. Este año la consigna es la accesibilidad.

-Y también, no solo hay que educar al paciente, sino que también hay que educar a los profesionales de salud, me imagino, ¿no?
-Sí, también es cierto. Creo que a veces nos olvidamos de que somos comunicadores. Quizás no es que el profesional no sepa cómo indicarlo, sino que no lo transmite de manera adecuada. Creo que hay, como digamos, una dificultad en eso. No creo que el profesional, la mayoría, me imagino que sí saben cómo indicarlo porque es parte de la formación, pero quizás no lo transmite de manera correcta y a veces el error que tenemos los médicos es dar por sentado todo, en pensar que el paciente simplemente sabe cómo usarlo y no tiene por qué.

-Claro, quizás un profesional a un paciente le da el inhalador pero no le explica cómo se debe usar.
-Exactamente. Por ejemplo, utilizás este aerosol dos veces por día y me venís a ver en un mes. Y ahí se perdió parte de la consulta porque la persona quizás no va a expresar que no entendió o cree que entendió. Cuando llegó a la casa, "¿Y esto como era?". Algunos dispositivos hay que correr una manecilla, otros hay que desplegarlos, hay que explicarle, hay que abrir, mostrarle, explicarle cómo funciona.

-¿Qué consejo le darías a alguien que en este momento tiene síntomas de asma pero no tiene la enfermedad diagnosticada?
-Primero, que no minimice los síntomas, que no se asuste, pero que haga una consulta. En Argentina funciona la salud pública, con las falencias que pueda tener, pero hay hospitales públicos, donde pueden hacer su consulta, que no dejen de consultar y que no se automediquen, que no hagan lo que le dijo el vecino, el primo, el hermano, el familiar o el amigo, que seguro lo hacen con buena intención, pero cada persona es diferente y hay que analizar qué síntoma tiene el paciente y ver si un tratamiento es adecuado para esa persona o no, eso qué mejor que el profesional.

-Y para saber qué tratamiento es adecuado para cada paciente hay estudios que debe realizar.
-Claro, primero la evaluación. Una correcta anamnesis, un interrogatorio es casi el 50% del diagnóstico, un examen físico. Hay pruebas como espirometría, que estudian los volúmenes pulmonares. Hay otro que se llama pico flujo, que es medición también de la capacidad pulmonar. Puede ser un hemograma o algún estudio inmunológico, si el profesional lo considera. Después la terapia, que en realidad ya está consensuada a nivel internacional. De hecho se está ajustando.

Antes GINA hablaba de diferentes escalones del asma según la severidad y al principio se usaba solamente algo que se llama SABA, que son broncodilatadores de acción corta, como el famoso salbutamol. ¿Qué pasó? Se veía que los pacientes seguían teniendo exacerbaciones. El error, que se revisó, fue que el corticoide se agregaba después. Entonces, hace unos años, que eso tubo una revisión y hay un enfoque que se llama SMART, que lo que plantea es directamente que, si es una enfermedad inflamatoria, por qué no tratarla como tal. Entonces, arrancar directamente con una combinación de un corticoide inhalado con un broncodilatador y eso realmente ha reducido drásticamente las exacerbaciones de los pacientes que tenían su control, por supuesto. 

-¿Y el asma es algo que se puede prevenir?
-En algunos casos sí, en algunos casos no. Cuando hablamos, por ejemplo, de rinitis crónica, muchas veces es la evolución de una rinitis mal curada, pero hay ciertos casos que no. Hay niños que, por ejemplo, son lactantes sibilantes, bebés pequeñitos y que a veces por una influencia viral directamente quedan, como les decimos, secuelados. Entonces eso no es una falta de prevención, sino una manifestación de una enfermedad que hizo impacto en los bronquios.

Así como pasó en el Covid. Primero creíamos que el COVID era un virus respiratorio. Después vimos que en realidad era un virus circulatorio, entonces impactó toda la economía del organismo y en muchos casos mucha gente manifestó síntomas de asma después del Covid.

-Es decir que, después del Covid, se vieron más casos de asma, fue aumentando.
-Sí, muchísimo más. No solo de asma, de otros, también de piel, cardiovasculares, autoinmunes, pero de asma se vieron muchos casos, sí. Como si hubiera quedado una secuela luego de la infección del COVID. De hecho seguimos aprendiendo. Es un virus del cual desgraciadamente estamos aprendiendo de a poco.

-Quizás también después del Covid, ¿las personas le dan más importancia a las enfermedades respiratorias?
-No. Yo creo que hay un sector de la población que sigue sin tener un acceso a la salud. Yo trabajo en el Hospital Argerich de CABA y recibimos muchísimos pacientes de provincia. Yo te diría más de un 70% y la realidad es que no tienen accesibilidad donde viven y lo mismo pasa en el interior y hasta en otros países. Tiene mucho que ver con, no la falta de, digamos, de interés, sino la información y el acceso.

-Para mejorar esto, ¿cuáles serían esos cambios o políticas públicas que se podrían hacer?
-Primero, incluir el gasto en salud, incluir ciertos tratamientos como la terapia dual, que es la que recomendamos ahora que no está incluida en el plan de salud, incluirlo para que la gente no tenga que costearlo, porque si bien algunos tienen obra social, de todas maneras no le cubre el 100% y son medicamentos caros y otros hacen acción social, pero muchas veces pueden llegar a demorar meses.

-Y en esos meses, la enfermedad...
-En esos meses, la enfermedad sigue su libre evolución y muchas veces nosotros, en la medida que podemos, le facilitamos muestras, pero la realidad es que no alcanza. No alcanza lo que podemos hacer desde el hospital. Necesitamos que los tomadores de decisiones inviertan en salud, inviertan en este caso, en el asma.

-Para ir finalizando, me gustaría pedirte un mensaje para transmitirle a la comunidad.
-Que no se automediquen, que no se asusten, pero que hagan la consulta. Fundamentalmente eso porque el asma es una enfermedad prevenible. Y quiero darte un último mensaje. Tengo un paciente, que no puedo dar su nombre, pero sí me pidió que dé su ejemplo. Un paciente, que lo conocí con tres internaciones por asma y fue medallista olímpico en los últimos Juegos Olímpicos. Ese es el mensaje que quiero transmitir. Una enfermedad crónica no significa que uno no puede tener calidad de vida.

Mirá la entrevista completa a Amelia Zarauza