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The Brutalist: psicoanálisis y arquitectura

La casa o la propiedad resulta un valor simbólico para aquellos hijos de inmigrantes quienes habían sido expulsados de alguna manera de sus propios países.

¿Cuáles pueden ser los fundamentos para pensar los conceptos psicoanalíticos en relación a la construcción arquitectónica? Puedo encontrar desde mi asociación (de la más libre) en la comparación de la  instancia psíquica del Yo con una casa, y agrego,  el lugar que ella ocupa en lo simbólico de cada uno. En el caso de un arquitecto, su obra aparece dirigida a lo colectivo, tanto en su origen como en su destino.

Karl Albert Scherner  es un filósofo alemán quien vivió en el siglo XIX y escribió en 1861 “Das Leben des Traumes” traducido como “La vida del sueño” texto citado por Freud en Interpretación de los sueños (1900). Para Scherner la casa aparece para representar la totalidad del organismo humano, pero sabemos que Freud no se limita a ello y afirma que “el cuerpo humano es a menudo representado por el símbolo de la casa; también forman parte de este símbolo las ventanas, puertas y las fachadas, lisas o provistas de salientes y balcones que pueden servir de punto de apoyo. Este simbolismo se vuelve a encontrar en nuestro lenguaje corriente: saludamos a un viejo amigo tratándolo de casa vieja y decimos que no todo está en orden en su piso de arriba”.

El lugar que ella ocupa en lo simbólico de cada uno.

The Brutalist es una película dirigida por Brady Corbet protagonizada por Adrien Brody, Felicity Jones, Guy Pearce entre otros y todos nominados al premio Oscar. László Toth es un arquitecto que huye de Europa tras la Segunda Guerra Mundial y se instala en la ciudad de Filadelfia buscando un futuro mejor en pos del “american dream of life”. El film de tres horas y media con un intervalo de quince minutos es visceral. Una odisea llevada a la gran pantalla que resulta imprescindible para cualquier cinéfilo. De nada vale decir si es buena, mala o regular. Lo que se proyecta es cine demoledor con una escena que casi todos quienes la hemos visto comentamos  y de la cual no la menciono evitando el spoiler que merece la pena ser descubierta.

El director no tiene prisa por contarnos esta historia y la arquitectura es la excusa que sirve para hablar de los cambios culturales, políticos y sociales de las ciudades. La crítica dirigida a los poderosos consigue molestar a más de uno y continuamos verificando que cómo se trataba a la gente, hoy día no ha cambiado demasiado.

El intermedio de la película para mí fue un placer porque recordé mi infancia cuando con mis padres y mi hermana íbamos al cine Gaumont a ver Cinerama (el antecedente del Imax) y los intervalos eran necesarios para proyecciones como Gone with the wind (Lo que el viento se llevó); The sound of the music (La novicia rebelde); The greatest show on earth (El espectáculo más grande del mundo); West side story (Amor sin barreras) entre tantas espectaculares y kilométricos films. Aquellos recuerdos resisten a la frase media vacía que el cine ha muerto. Seguramente son los formatos de proyección que se modifican pero el cine como industria (no aquí en nuestro país) continúa vivo y debemos apostar a esta ventana del mundo para su crecimiento y desarrollo.

La utilización del movimiento brutalista en la arquitectura resulta innovador (algo de eso quiso utilizar recientemente Francis Ford Coppola con la fallida Megalópolis). El brutalismo es un estilo que surgió en la década de 1950 que se caracteriza por el uso de hormigón crudo, formas geométricas y una prioridad por la funcionalidad. Muchos de los emigrantes eran arquitectos ligados a la Bauhaus, escuela de diseño y arquitectura establecida en 1919 en Weimar. Brutalismo deriva del francés beton brut que significa hormigón en bruto. La Biblioteca Nacional Mariano Moreno y el Banco Hipotecario ambos creados por Clorindo Testa; el edifico Somisa cuyo nombre es el Edificio Teniente Genral Castiñeiras; la Torre Prourban (más conocida como El Rulero) son muestras de este estilo en la ciudad de Buenos Aires.

Sigmund Freud

“Tener un techo propio” fue leiv motiv de muchos argentinos que hicieron de esa frase un destino posible. Alquilar era (y es) para algunos, “dinero tirado” sin tener en cuenta que LA casa es uno mismo. Que habitamos este planeta y que más allá del sentimiento oceánico que profesamos, podemos ser dueños de nosotros mismos y eso nos lleva toda una vida. La única que tenemos. En cuanto a The brutalist, vaya, después me cuenta.

* Carlos Gustavo Motta es psicoanalista y cineasta. A partir del 11 de marzo pueden escucharlo todos los martes a las 20 hs en Radio Amadeus 91.1 en el programa que conduce MEGAPSINEPOLIS.