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Edith y Marcel: Francia, deporte, drama, pasión y tragedia

La apertura de los Juegos Olímpicos dejó una sublime interpretación de Céline Dion de una de las canciones de amor más impactantes de la historia.

La controversial ceremonia inaugural de los “XXXIII Juegos Olímpicos de París” tuvo un momento indiscutido. Sublime. Emocionante. La canadiense Céline Dion (con todo su drama a cuestas) conmovió al mundo interpretando “L’hymne à L’Amour” (“Himno al amor”), una composición musical de Édith Piaf, teniendo como escenario la Torre Eiffel. La escena seguramente quedará ubicada en un sitial privilegiado dentro del historial sobre los grandes momentos relacionados con el mundo de la música y el deporte. “Si un día la vida te arranca de mí. / Si mueres, estás lejos de mí. / No me importa, si me amas. / Porque yo también moriría. / Tendremos la eternidad para nosotros. / En el azul de toda la inmensidad". Qué más agregar. La cantó Céline en julio de 2024. La estrenó Édith en septiembre de 1949.

El pretexto olímpico actual hace que la mirada retrospectiva vuelva a posarse sobre Paris. El deporte, la pasión, la tragedia y la historia, como en un zigzagueante juego de la vida, regresarán de la mano de dos amantes: Édith Piaf, una de las artistas francesas más reconocidas de todos los tiempos y Marcel Cerdan, el boxeador que levantó el orgullo de una Francia destrozada tras la segunda guerra mundial y que con su muerte se convertirá en leyenda. La cantante y el boxeador. El gorrión y el bombardero. La historia tras una canción que Piaf compuso y dedicó a Marcel: “L’hymne à L’Amour”.

Marcel Cerdan junto a Édith Piaf

Marcel Cerdan: "El bombardero marroquí”

Así le decían. “El bombardero marroquí”. Su nombre de pila era Marcellin. Había nacido el 22 de julio de 1916 en una colonia francesa: Sidi Bel Abbès, al norte de Argelia, cuando Francia ostentaba su dominio sobre ese costado del mundo, pero su recordado apelativo hará alarde al éxito que obtendrá una vez mudada su familia a Casablanca (Marruecos) que también se encontraba bajo la tutela francesa.

Pintaba para crack de fútbol. Wing derecho. Rapidísimo. Le pegaba a la pelota “como una mula”. Era una de las figuras estelares del “Banque Union Sports”, el club de la filial del Banco Estatal de Marruecos en Casablanca. Pero su padre dijo: “¡no más fútbol!”. Y Marcel fue obligado a seguir a sus tres hermanos mayores en la carrera del pugilato boxístico. Su éxito en el ring lo convirtió en “el bombardero de Marruecos”.

Demolió a trompadas a todos sus contrincantes en el norte de África. Pasó al continente europeo y en la primera pelea noqueará en Paris al consagrado Gustave Humery convirtiéndose meteóricamente durante 1938 en campeón “peso mediano” de Francia. De ahí en más, no parará de ganar, aún en tiempos de Guerra Mundial y con Francia ya ocupada por los nazis.

Marcel Cerdan listo para boxear

Una anécdota consolidará su leyenda y el amor del pueblo francés. El 30 de septiembre de 1942 (plena Guerra Mundial) expuso su título de campeón europeo ante el español José Ferrer en el Velódromo de Invierno de Paris. Apenas dos meses antes, ese lugar había servido como primer centro de detención de 13.000 judíos.  El estadio estaba repleto, entre ellos se encontraban las máximas autoridades del comando militar alemán con sede en Francia. Cuando el español Ferrer subió al ring, vestido con una bata estampada con una esvástica, lo primero que hizo fue realizar el saludo nazi. Cerdan se negó a imitarlo y no saludó a las autoridades como exigía el protocolo. La tribuna ovacionó al francés ante la indignación de los jerarcas alemanes. La pelea duró solo 85 segundos. Marcel derribó cinco veces al español en menos de un minuto y medio. Tras el triunfo levantó los brazos mirando solamente al público que deliraba al grito de: “La france en libertè”. No asistió al coctel después del combate y se marchó rápidamente a Marruecos para volver al país galo recién tras la liberación de Paris en 1945.

Édith Piaf: "El pequeño gorrión de Paris"

Era hija de un acróbata de circo y de una cantante de “piringundines” en los suburbios de Paris. Su nombre real era Édith Giovanna Gassion. Nació (literalmente) en la calle. Debajo de una farola, frente al número 72 de la calle Belleville, pleno centro de Paris.

Los primeros años de su vida los pasó con su abuela materna que también fue cantante. Y alcohólica, y descocada, que le daba biberones con vino sosteniendo que era una forma de combatir los microbios. Luego se fue a vivir con su otra abuela que manejaba un burdel en Normandía, donde fue criada por las prostitutas del lugar. Fue madre soltera muy joven y logró sobrevivir cantando en las calles o cantinas de “mala muerte” por algunas monedas, y aunque parezca increíble se puso de novia con el cartero del barrio, a quien le ayudaba a repartir la correspondencia en bicicleta mientras ambos cantaban por unos francos más.

Después vendrá una historia imaginable y muchas veces repetida. Un productor la descubrirá cantando en un bar. Era Louis Leplée, propietario del cabaret Gerny's. Le ofrecerá un contrato y se convertirá en base a su excepcional voz en una reconocida figura internacional. Así nacerá en 1935: Môme Piaf ("pequeño gorrión"), para luego mutar a su definitivo nombre artístico aconsejada por los productores de su nuevo sello discográfico: Édith Piaf, “el gorrión de París”.

Édith Piaf

Ya en momentos de guerra, muchos cabarets importantes de París (Le Chabanais, Le Sphinx, One-Two-Two, La rue des Moulins, Chez Marguerite) estaban reservados para oficiales alemanes y franceses colaboracionistas. Ella era una de las atracciones principales. Fue tratada de traidora, pero un tribunal tras la liberación de Francia la absolvió. Su fama la llevará hasta Nueva York. Corría el año 1947. En gran medida su suerte cambió visiblemente. Hacia un tiempo, antes de su viaje al país norteamericano, había conocido a Marcel Cerdan en “Le Club des Cinq”, célebre cantina ubicada en el bohemio barrio de Montmartre.

Los viajes, la gloria y el campeón

Ella cantará en los teatros y cabarets más caracterizados de EE.UU. Él llenará estadios en base a golpes y triunfos. El mundo hablaba de sus éxitos y de su amor. En enero de 1948 regresaron juntos a París. Exhibiciones, recitales, notas periodísticas, espectáculos. Entonces nacerá para Marcel la posibilidad de la pelea por el título mundial. Así, nuevamente regresará al país americano. 

Tras 107 peleas (con solo 3 derrotas) se convertirá en campeón mundial venciendo el 21 de setiembre de 1948 al oriundo de Indiana (EE.UU.), Tony Zale (“el hombre de acero” o “Mister Nocaut”), en el Roosevelt Stadium de la ciudad de Jersey, mientras Edith estaba alentándolo desde el ring – side.

Marcel Cerdan en pleno combate

Tras ese glorioso triunfo, Cerdan regresó a Paris siendo recibido como un héroe en el aeropuerto de Orly. Miles de personas le rindieron homenaje mientras era paseado en un auto descapotable por las calles de la reconquistada ciudad. Incluso fue recibido en el Palacio del Elíseo por Vincent Auriol, el primer presidente de la recién nacida IV República.

Pero Cerdan en meses perderá el título mundial ante Jake LaMotta (“el toro del Bronx”). Fue un 16 de junio de 1949. No hay excusa, pero Cerdan había peleado gran parte del combate con un hombro dislocado. Fue entonces que se programó una revancha para el 2 de diciembre de 1849 en el mítico Madison Square Garden de Nueva York. Lamentablemente, por designio del destino, nunca se realizará.

El himno al amor

La rutina vertiginosa de los consagrados no se detendrá. Edith volverá a EE.UU. para cumplir sus contratos y el 14 de setiembre cantará en Nueva York por primera vez “Himno al amor” (letra de Margueritte Monnot con música y composición de Piaf) dedicada expresamente a Marcel. "Yo te amo irracionalmente, anormalmente, locamente, y nada puedo hacer para evitarlo. La culpa es tuya, sos magnífico. Abrazame con el pensamiento entre tus brazos, y pensá que nada cuenta en el mundo, aparte de vos y yo". Le había escrito, pidiéndole que volviera pronto a su encuentro.

Cerdan tenía pensado viajar en barco a EE.UU., pero adelantó su viaje. La noche del 27 de octubre de 1949 tomó un vuelo. El avión tenía 48 plazas y estaba totalmente vendido. Tuvo que recurrir a sus influencias para conseguir un pasaje. El Lockheed L-749 Constellation de Air France jamás llegó a destino. Se estrelló contra la ladera del Pico da Vara de la isla Sao Miguel en el archipiélago de las Islas Azores. El cadáver de Cerdan fue identificado por uno de los relojes que le había regalado Edith.  

Apenas unas horas después Piaf actuó en el Versailles de Manhattan y cantó “L’hymne à L’Amour”, la canción dedicada a Cerdan que había estrenado aquel 14 de septiembre. No pudo terminar la interpretación. Cayó desmayada y se suspendió la función.

Tras la muerte de Cerdan, Piaf nunca se recuperó. Se sumergió en la droga y los excesos. Tuvo otros amores. Se casó dos veces. Jamás superó la pérdida de Marcel. Desde entonces, aquel ‘Himno al Amor’ quedó como símbolo de una pasión desesperada. Un canto al dolor de lo perdido y de la extraordinaria sensación de lo vivido. Cuando ella murió (a los 47 años), en su lápida del histórico cementerio del Père Lachaise quedó una frase del inmortal “L’hymne à L’Amour” que sigue emocionándonos cada vez que la escuchamos: "Dieu unit ceux qui s'aiment” O sea: “Dios une a los que se aman”.