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París 2024 y la necesidad de ridiculizar para sobresalir

La inauguración de los juegos olímpicos combinó, a lo largo de su excesiva duración, buenas escenas con otras lamentables como las de escarnio y burla al cristianismo.

Con una mezcla de sorpresa e indignación, vimos en la inauguración de los Juegos Olímpicos de París una representación blasfema sobre la Última Cena, obra pintada por Leonardo Da Vinci entre 1495 y 1498 en el comedor del antiguo convento de los dominicos de Santa María de la Grazie, en Milán. Esta obra, que fue declarada patrimonio de la humanidad por la Unesco en 1980, es visitada por muchísimas personas cada año, de todas las religiones. Tanto es así que, dependiendo de la época del año, hay que sacar las entradas varios meses antes para poder acceder a la visita para ver este cuadro en el que se representa el momento de la última cena de Jesús junto a sus apóstoles.

Los organizadores de los JJOO tuvieron la posibilidad de expresar lo que quisieron, y no se busca en estas líneas juzgar la intención con la cual lo hicieron. Pero en uso de la misma libertad, tengo derecho como ser humano, y también como laico católico, de expresar mi total repudio y mi indignación por lo que mostraron. No puedo dejar de mencionar que esta innecesaria afrenta a la fe cristiana, es paradójicamente presentada por quienes invaden las redes y los medios de comunicación exigiendo tolerancia.

El cuadro de la Última Cena representa algo sagrado para los católicos.

Los juegos olímpicos deberían ser un espacio para promover la unión entre los pueblos y sus creencias. De hecho para eso fueron creados hace casi 3000 años. Según la web oficial, la primera evidencia escrita de los juegos data del año 776 antes de Cristo cuando los griegos comenzaron a medir el tiempo en las Olimpíadas. Los primeros JJOO se celebraron cada cuadro años en honor al dios Zeus. Más allá de la competencia, los Juegos Olímpicos eran un evento social en la Antigua Grecia. Durante la celebración de los Juegos, se declaraba una tregua olímpica conocida como "Ekecheiria", que comenzaba siete días antes de la apertura de los juegos, permitiendo a los atletas y espectadores viajar seguros a Olimpia. Este evento unía a las diferentes polis griegas y fomentaba un sentido de identidad común. Los juegos fueron concebidos para unir, no para dividir. Según las Naciones Unidas, en la época actual, dicha “tregua olímpica ha pasado a ser una manifestación del deseo de la humanidad de construir un mundo basado en las reglas de la competencia limpia y en la paz, la humanidad y la reconciliación”. Es decir que con esa representación no solamente le faltaron el respeto a la fe cristiana. Le faltaron el respeto también a la esencia misma de los juegos.

El cuadro de la Última Cena representa algo sagrado para los católicos, ya que es el momento cumbre de Jesús despidiéndose de sus apóstoles, y dejándonos el regalo del sacerdocio y la eucaristía. Como persona, lamento mucho lo que expusieron en la apertura de los JJOO. Como católico repudio esta acción, que es sin duda una ofensa a nuestra fe.

Expongo algunas acciones bien concretas 

  • Ver los JJOO por televisión y aprovechar los logros que se van obteniendo para mostrar que del esfuerzo surgen ejemplos positivos, de personas de distintas religiones, sin necesidad de ofender a nadie.
  • Inundar las redes con distintos hashtags. Propongo algunos: #jjooperosinofender #parispidedisculpas. Seguramente ustedes, amigos lectores, podrán pensar y difundir otros más.
  • Rezar por quienes persiguen a nuestra fe y buscan la destrucción de los valores esenciales, especialmente la fe cristiana y la familia. 

Podría pensarse que esto fue hecho a propósito. También se podría pensar lo contrario. Pero en cualquier caso, sin juzgar la intención, quienes piden respeto deberían comenzar por brindarlo.

Matías da Rocha.

* Matías da Rocha. Contador público nacional.
matiasdr44@gmail.com