La Doce SA: la transformación de Di Zeo y La Doce en “íconos comerciales"
El reciente auge de negocios vinculados a Rafael Di Zeo y La Doce, la barrabrava de Boca Juniors, exponen una tendencia preocupante: la legitimación social y económica de figuras históricamente asociadas con la violencia y el crimen.
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En un contexto donde las barras bravas operan como organizaciones delictivas, la transformación de Di Zeo de líder violento a empresario de la noche porteña revela un profundo cambio en la percepción del crimen en el fútbol argentino.
El ascenso de Di Zeo: de la violencia al éxito comercial
El caso de las cenas organizadas por Di Zeo, donde hinchas de Boca pagan sumas exorbitantes para escuchar anécdotas de violencia y participar en un evento liderado por una figura controvertida, obliga a reflexionar sobre cómo se ha llegado a este punto.
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La barrabrava de Boca, que durante años operó en las sombras mediante actividades ilícitas como la reventa de entradas, extorsiones y enfrentamientos violentos, ha encontrado nuevas formas de generar ingresos.
El restaurante en Puerto Madero, “Jugador N°12”, y las cenas con Di Zeo como anfitrión representan la última faceta de un modelo de negocio que busca normalizar y comercializar la violencia.
Lo que antes era clandestino ahora se presenta como una "experiencia" para los fanáticos, quienes parecen dispuestos a pagar cualquier precio por estar cerca de quien considera un ídolo. Este fenómeno refleja una peligrosa banalización de la violencia, donde figuras criminales no solo no son repudiadas, sino veneradas y monetizadas.
La idolatría del líder violento
En este escenario, el magnetismo de Di Zeo sobre los hinchas de Boca es impactante. ¿Cómo es posible que una figura vinculada a la violencia extrema genere tanta devoción? La respuesta radica en la profunda relación entre el crimen y la cultura futbolística en Argentina.
Las barrabravas, lejos de ser simples grupos violentos, se han consolidado como actores centrales en la estructura del fútbol, ??vistas por muchos hinchas como guardianes de la identidad del club y defensores de sus valores tradicionales, lo que les otorga un aura de legitimidad.
Sin embargo, esta idolatría es profundamente problemática. Al ensalzar a figuras como Di Zeo, se envía un mensaje peligroso: la violencia y el crimen no solo son aceptables, sino que pueden ser recompensados ??con fama y riqueza. Esta lógica perversa permite que los líderes de barrabravas ocupen espacios que deberían estar reservados para figuras ejemplares, como los grandes jugadores del club.
Idolatría y mercantilización del delito
Un aspecto llamativo de la evolución de figuras como Di Zeo es su capacidad para transformar el delito en un producto de consumo. La reciente cena organizada por La Doce, donde los asistentes pagaron cifras astronómicas para compartir una velada con el líder de la barra, es un claro ejemplo de cómo el crimen se ha mercantilizado en el fútbol. Di Zeo no solo es visto como un criminal, sino también como una figura carismática y digna de admiración, un "ídolo" para muchos hinchas.
Esta idolatría se nutre de la violencia, pero también de la narrativa de poder y lealtad que rodea a figuras como Di Zeo. Para muchos hinchas, su liderazgo en el club representa un vínculo inquebrantable con la esencia del equipo. Este fenómeno criminológico, donde el líder criminal es celebrado, legitima socialmente sus acciones, permitiendo que su poder se expanda sin enfrentar consecuencias significativas.
Estructura socioeconómica que sostiene a las barrabravas
El crecimiento de las barrabravas como organizaciones criminales está profundamente arraigado en las estructuras socioeconómicas y políticas de Argentina. La connivencia entre barrabravas, políticos y sectores del poder ha permitido que estas organizaciones operen con alarmante impunidad.
El hecho de que Di Zeo haya convertido su liderazgo en una fuente de ingresos multimillonarios a través del fanatismo futbolístico refuerza la idea de que el crimen, en este contexto, no solo es una opción viable, sino también una ruta hacia el éxito económico.
La normalización de la criminalidad
La normalización del crimen en el fútbol argentino es uno de los fenómenos más preocupantes. El éxito de las cenas con Di Zeo y el entusiasmo de los hinchas que acuden a estos eventos son síntomas de una cultura que ha integrado la violencia como parte de su folclore. La impunidad de los líderes de las barras bravas, que siguen operando con total libertad, solo refuerza esta tendencia.
Reflexiones finales
La capacidad de estos grupos para adaptarse a nuevos contextos y legitimarse a través de actividades comerciales muestra la urgente necesidad de una intervención más firme por parte del Estado y de los clubes de fútbol.
El fútbol argentino debe decidir si está dispuesto a seguir permitiendo que la violencia y el crimen se integren en su cultura, o si tomará las medidas necesarias para erradicar este fenómeno. Solo entonces podremos hablar de un deporte verdaderamente libre de las sombras del crimen.
* Lic Eduardo Muñoz. Criminólogo y criminalista. Especialista en prevención del delito. Consultor de seguridad integral
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