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Sobreviviente de Cromañón: "Nunca fui a una guerra, pero esto debe ser lo más parecido"

"Al otro día de los sucedido, de los 260 boliches que había en la Ciudad de Buenos Aires, solo 36 tenían la habilitación en orden", dijo Jorge Kehiayan, en vísperas de los 20 años de la masacre.
El 30 de diciembre se cumplen 20 años de la Masacre de Cromañón. Foto: Archivo MDZ
El 30 de diciembre se cumplen 20 años de la Masacre de Cromañón. Foto: Archivo MDZ

El término tragedia se refiere a la antigua Grecia. Es un tipo particular de historia en la que el destino lleva a las personas a un destino fatal sin que puedan hacer nada. En la tragedia no hay responsables, no hay culpables, solo hay víctimas. Por eso, a 20 años de lo sucedido aquel 30 de diciembre del 2004, cuando murieron 194 personas, hablamos de masacre de Cromañón y no de tragedia. Como analizamos, en exclusiva con MDZ, con Jorge Kehiayan, sobreviviente de este terrible hecho y politólogo, en Cromañón hubo toda una serie de responsables y culpables. El objetivo, como Jorge siempre dice, es analizar, pensar y recordar para que algo así no vuelva a suceder. 

"Lo que mueve a dar las entrevistas, a hablar es esto de dar testimonio, generar consciencia para que algo así no vuelva a ocurrir", señaló Jorge Kehiayan, sobreviviente de la Masacre de Cromañón e integrante de "No nos cuenten Cromañón", una organización de familiares, amigos y sobrevivientes que buscaban "mostrar otra perspectiva de lo sucedido distinta a los medios de comunicación de la época que criminalizaban a la juventud". 

Jorge tenía 17 años cuando sucedió lo de Cromañón. No pudo asistir a la primera fecha porque se encontraba en un campamento de la juventud armenia, (el apellido lo delata) y llegó muy cansado a la fecha del 30 de diciembre. Esta fue la razón, por la que Jorge y sus amigos se quedaron en la parte de atrás de Cromañón. Probablemente, este detalle haya sido el que lo salvó en primera instancia, lo que lo ayudó a salir. 

Digo "en primera instancia", porque Jorge, luego de salir, volvió a entrar a intentar salvar a quienes habían quedado dentro del local incendiado. Cuatro de cada 10 chicos fallecidos en Cromañón, murieron por intentar rescatar al resto: evidentemente la idea de juventud inconsciente que denuncia Jorge, se difundieron en medios de la época, debe ser como mínimo revisada.

Mirá la entrevista completa a Jorge Kehiayan, Sobreviviente de Cromañón 

- Vamos a antes del 30 de diciembre del 2004, ¿cómo llegaste a Callejeros? ¿Qué sucedió ese día? 
- A Callejeros lo venía siguiendo un añito antes. Me había llegado la banda a través de mi mejor amigo. Él me había prestado un casetes (¡que antigüedad!), al tercer tema lo llamo por el teléfono de línea (otra antigüedad) y le pregunto a mi amigo quién eran estos pibes y cuándo tocaban.  A partir de ahí me hice fan de Callejeros y el mundo del rock tiene eso que te atrapa, que te lleva a juntar con otra gente. 

Pasa todo el año 2004, Callejeros en pleno crecimiento. Tocaron en Obras Sanitarias a mitad de año, luego tocaron en Excursionistas. A la salida de éste recital, te deban un volantito que decía que Callejeros tocaba 28, 29 y 30 de diciembre en Cromañón. Este lugar, era un sitio nuevo, propiedad de Omar Chabán, que lo promocionaba como "un sitio que el rock le había ganado a la cumbia", porque en el mismo edificio funcionaba antes una bailanta. Según Chabán, Cromañón le podía competir a Obras porque se podían meter 8 mil personas. 

Jorge Kehiayan, sobreviviente de Cromañón: "Yo fui a ver un espectáculo de rock y terminé salvando vidas de personas que no conocía"

Yo había estado en un campamento y en tres días solo había dormido cinco horas. Eran esos tiempos de juventud, hoy no creo que pueda (risas). Entonces venía con la batería descargada al recital. Entonces estaba sin alcohol sin nada porque estaba cansado. Eso hace que me quede atrás en el recital, cerca de la puerta, porque estaba cansando. 

- Hay varias notas y artículos que hablan de un componente del rock de aquella época en relación a la bengala como símbolo del "aguante", de cierta futbolización del rock. ¿Había algo de eso o no era tan así?
- Si claro, era bastante así. La futbolización del rock comienza con Los Redondos en los noventa. Yo tenía mis remeras específicas para recitales que ya sabías que tenías que llevar remeras viejas porque ibas a volver con la remera quemada de las bengalas que se iban a prender. Yo particularmente no era de prender bengalas, pero era algo común de la época. Como una celebración que se hacía cuando la banca tocaba el tema que a vos te gustaba. De esa manera, cuando vos prendías la bengala podía ir más rápida adelante, cerca del escenario. 

- Los músicos no siempre lo alentaban, muchas veces frenaban el tema de las bengalas, ¿no? 
- Si claro, muchos músicos porque muchos eran lugares cerrados, por falta de ventilación o, por ejemplo, como Patricio, el cantante de Callejeros, porque es asmático y el humo de las bengalas le jodía para cantar, decían que paren. Pero en algún punto era una costumbre que estaba en nosotros. 

- ¿Crees que esto que pasó en Cromañón podía haber pasado en cualquier otro lado?
- Sí, totalmente. Con cualquier otra banda y en cualquier otro lugar podría haber pasado. De hecho la semana pasada a Cromañón pasó con un recital de La 25. La gente termina apagando el incendio tirando vasos de agua al techo, porque los matafuegos no estaban en condiciones. O sea, estoy hablando de Cromañón mismo. Cromañón se incendió una semana antes de lo que pasó con Callejeros. 

Jorge Kehiayan, sobreviviente de Cromañón: "El rock acusó recibo, pero con hipocresía"

Yo me termino enterando de lo que había pasado con la 25 en los foros. En esos momentos había como foros de internet. La gente comentaba en esas páginas y se charlaba. Ahí se han hecho amistades, se han conocido grupos de amigos que hasta hoy día siguen. Bueno en uno de esos foros se comentó lo que había pasado en el recital de la 25 y yo leí. Algunos pibes contaban que habían tenido que apagar el incendio y que terminaron con el agua hasta los tobillos. 

Era como un "bueno, listo estamos atentos", pero no había manera de frenar lo que estaba pasando. De hecho, cuando ese 30 de diciembre, en el recital de Callejeros se prendió fuego y logramos salir, yo vi a una piba y le dije: "Tranquila amiga, que ahora apagan el fuego y se vuelve a arrancar". Esto porque me acordaba de lo que pasó una semana antes. 

Era todo parte de una cultura que funcionó como un caldo de cultivo para lo que terminó sucediendo. 

- ¿Qué recordás de esa noche del 30 de diciembre del 2004?
- Lamentablemente me acuerdo de todo. La desesperación de la gente, los gritos ni bien se corta la luz. Yo no salí caminando de Cromañón, me sacó la marea humana, la gente que quería salir y te empujaba de atrás. 

Era una desesperación total, era intentar salvarse, llegar a la puerta. Había poca luz, estaba todo oscuro, pero se escuchaban los gritos y se veía adelante como gente se empezaba a caer. 

Al otro día de lo sucedido. De los 260 boliches de la Ciudad de Buenos Aires, solo 36 tenían la habilitación como correspondía. El resto tuvo que cerrar y adecuarse a la normativa que ya existían. Yo tenía 17 años, no tenía porque saber que el lugar no tenía habilitación, que el techo era inflamable, si la cantidad de gente que estaba ahí adentro estaba bien o estaba mal. Yo fui a ver un espectáculo de rock y terminé salvando la vida a gente que ni conocía. 

A mí me había quedado un amigo adentro y fui a buscarlo. Cuando entré de nuevo a Cromañón no había un amigo, había mucha gente tirada y no se veía nada. Agarrabas al primero que tocabas y lo sacabas. Yo entre dos o tres veces hasta que la Policía dijo que había peligro de derrumbe. Yo no sabía nada, entraba sin pensar. No sabía que el humo que salía era tóxico, los bomberos esa noche no tenían ni mascarillas. Esa noche estuvo todo mal, hasta que no sucedió nadie tomó consciencia de lo que pasaba en la noche. 

- Jorge, ¿cuál es tu juicio sobre el juicio, creés que se hizo justicia? 

- La sociedad argentina tiene una tendencia a necesitar culpables y a tener la cabezas de esos culpables en una mesa.  Y la Justicia decidió cortar por el hilo más fino: músico, dueño del lugar,  productor de la noche y listo. La Justicia corta por el hilo más fino porque necesita proteger al poder político. Aníbal Ibarra es destituido, pero no fue ni siquiera llamado a declarar en la causa ¿Cómo es?. El poder Legislativo lo encuentra culpable, pero luego no es llamado a la Justicia para declarar. Va preso el inspector por poco tiempo, pero luego la jefa de inspectores cumple menos condena que el. 

No creo que un pibe de Villa Celina, que tenía un par de años que yo, tenga la intención de que yo vaya a verlo para que me muera o para matar a su familia, no olvidemos que al cantante de Callejeros se le mueren familiares. 

Cromañón sucede, porque Cromañón estaba abierto esa noche. Y hay un grupo de inspectores que dicen que estaba todo bien. El Bombero que va a habilitar, va a habilitar Cromañón un martes a las dos de la tarde y en vez de volver al lugar, pone que está habilitado y se va. Claro, después el jefe de policía o el jefe de bomberos arreglaba con el dueño del local y todo así con coima y listo. 

A esos controles estábamos sujeto nosotros. Yo siempre digo que a nosotros nos entregaron. 

- Jorge, ¿crees que algo de toda esta corrupción cambió desde Cromañón?
- Siento que en ese sentido no, los poderes del Estado se siguen cubriendo. Acá pasa por un tema de corrupción y la corrupción es un tema de la sociedad. Los políticos no salen de un repollo, son parte nuestros barrios, de nuestra provincias, de nuestra sociedad.