Presenta:

El lugar del otro: ¿cómo conocerse a uno mismo hoy?

Es domingo y llega "Arte que motiva", la columna que nos interpela de Juan Barros con su estilo personal.
Creer en el camino lo abre. Foto: Ilustraciòn: Juan Barros.
Creer en el camino lo abre. Foto: Ilustraciòn: Juan Barros.

¿En qué nos convertimos?

¿Nos convertimos en el lugar del otro?

¡Me querés como me hacés quererte!

Tal como te reconozco me reconozco.

¿Te re conocés?

No tengo lo que tenés.

No soy lo que soy.

Puedo ver si puedo admirar.

La causa también es la consecuencia.

La realidad es el límite.

¡Y la gran motivación!

Un pasaje de ida y vuelta:

No encuentro el lugar del otro sin encontrar mi lugar.

No encuentro mi lugar sin encontrar el lugar del otro.

Como creés que soy también es como creés que sos.

¿Nos preparamos para recordarnos?

La memoria nos encuentra donde sea.

Los recuerdos son nuestras curiosidades.

Conversión

¿Con qué versión de uno mismo vivís?

Qué nos hacemos es quién nos hacemos.

Si no querés más que como tenés…

Todo es tan simple como soy.

Ilustraciòn: Juan Barros.

El lugar del otro

Dar gracias descubre el lugar del otro.

¿Cómo conocerse a uno mismo hoy?

Con el otro…

Ya no habitamos rincones acogedores: la parroquia, el club, la sociedad de fomento, la vereda… 

¿Cómo nos hace mirarnos lo que alcanzamos a ver?

¿Y… cómo nos miramos qué alcanzamos a ver?

Te convertís en lo que alcanzás a ver.

Cuando nada cambia no puedo cambiar. O no advierto la necesidad de cambiar… 

A lo mejor aprendí a ser como soy… 

¡Me hace sentir tan inseguro ser de otro modo… ¡y no sé si lo lograría!

“Tras dos meses de chapotear en los jugos del estiércol y de dormir en el granero, los dos chicos se habían cubierto de una mugre tan negra como sus ropas. Un domingo, una señora vino a buscar a Bruno para ofrecerle un día de estancia en una casa de verdad, una especie de padrinazgo. Sin embargo, cuando la generosa señora quiso dar un baño al chiquillo, no pudo contener una mueca de asco. Por primera vez en su vida, Bruno se sintió inmundo. Experimentó un sentimiento de sí como niño sucio, mientras percibía al mismo tiempo el modelo de una alteridad despreciativa, como si hubiera pensado: «Descubro que estoy sucio por la mirada de los adultos simpáticos». A partir de ese día, el niño no se sintió cómodo más que en compañía de chicos marginales junto a los cuales no se sintiera sucio. Empezó a evitar a los adultos simpáticos que le manchaban con la mirada” -señala Boris Cirulnik-.

Son los males de  la excesiva seguridad del entorno. 

La paradójica saturación afectiva.

Sin el infortunio que permita dar lugar al otro. Y un nuevo punto de partida…

Hoy hay muchos seguidores…

¿Me seguís hasta el lugar del otro?

Juan Barros. Ilustración de Lisandro Ruiz

Juan Barros, energizante natural. Apto para todo público.