Presenta:

Crimen de Lucrecia en Castelar: otra ejecución en la provincia donde gobierna la violencia

La violencia en el conurbano no tiene fin. El gobernador Axel Kicillof sigue sin dar señales claras de una política de seguridad a la altura de las circunstancias.
La zona y el auto donde fue asesinada Lucrecia. Foto: Gentileza: Primer Plano
La zona y el auto donde fue asesinada Lucrecia. Foto: Gentileza: Primer Plano

Hace muchos años que Castelar -hoy partido de Morón- dejó de ser aquella zona privilegiada, casi exclusiva, de la zona oeste a la que muchos se mudaban en busca de una tranquilidad soñada. Hasta hubo médicos que recomendaban instalarse en este rincón del conurbano a aquellos con problemas respiratorios: el aire que allí se respira, decían, favorecía la salud de los pacientes con asma crónico.

Hoy, como tantas otras ciudades del Gran Buenos Aires, Castelar perdió aquella característica casi mágica y pasó a engrosar la lista de los lugares donde la gente vive aterrada a expensas de la delincuencia que, como un virus letal, los gobiernos -todos, pero en especial los peronistas- dejaron avanzar sin ruborizarse. Por acción o por omisión, nadie ha hecho nada para frenar las ejecuciones en el conurbano.

En la zona domina la clase media, la clase trabajadora que integraba María Lucrecia Arias, de 51 años, empleada de Arcos Dorados, asesinada en la noche del jueves a sangre fría frente a su hija cuando intentaron robarle el auto. Un hecho aberrante, espeluznante.

Lucrecia Arias.

"¿Hasta cuándo tendremos que vivir así?", se preguntaban los vecinos de ese triángulo que forman las calles aledañas a la colectora del Acceso Oeste donde vivía la mujer. Es un barrio de casas bajas, chalets de techos de tejas clásicos, algunos remodelados, y pocas construcciones nuevas. Sin embargo, hay muchos carteles de venta; un símbolo contrario a aquello que representó Castelar hace más de 70 años cuando vivir aquí era la gloria. La gente busca huir del lugar porque se ha vuelto invivible. No importan los árboles frondosos que dan una sombra única, ni las calles anchas o el aroma a tilo.  

"Hace 6 años que pusimos en venta la casa que adoramos, pero a mi hija y a mi marido ya los asaltaron tres veces camino a casa. Primero para robarles el celular, y después a mi marido le pusieron un arma en la cabeza y le sacaron el auto, acá a 30 metros", cuenta Jésica mientras señala, precisamente, la esquina de San Nicolás y Salcedo donde fue asesinada Lucrecia.

Desde entonces, dice, solo dos personas vinieron a verla. "¿Quién va a querer mudarse a un lugar donde sobran las historias de asaltos y entraderas?", se pregunta de manera retórica esta vecina de 52 años.

¿Y el gobernador dónde está?

Johana habla con MDZ sin abrir la puerta de su casa. "Te hablo por acá porque no le abro la puerta a nadie", se disculpa y se asoma por el espacio que queda entre la chapa que cubre la puerta de reja y el pilar. 

"Acá la municipalidad no existe, la Policía pasa, sí, pero con eso no alcanza. ¿Y dónde está hoy el gobernador (Axel) Kicillof? La última vez que lo vi fue llegando al acto de la CGT, mientras todos lloraban a esta nena Umma, que oh casualidad también mataron en su provincia", se despacha.

Axel Kicillof

El malestar de Johana y la referencia a Umma Aguilera, hija del custodio de Patricia Bullrich, también fueron parte del reclamo de los familiares de Lucrecia Arias este viernes, en medio de un dolor inconmensurable. 

"Así como pusieron tantas ganas y tanta fuerza para detener a los que mataron a Umma, por favor que hagan lo mismo con los asesinos de mi hija y todos los otros asesinos que siguen matando gente", dijo Graciela, la madre de la víctima.

Un tío materno de Arias también dialogó con los periodistas apostados en el lugar y expresó: "Si a vos te dicen de golpe 'mirá, Lucrecia tuvo un paro cardíaco y se murió', es una cosa. Pero que te diga tu hermana 'la mataron', esa palabra es tremenda, es fuertísima porque hubo alguien que se encargó de que ella dejara la vida en plena actividad con dos hijos adolescentes hermosos, con toda una familia".

Otra vecina contó que en el barrio hay una sola cámara de seguridad, que pertenece a uno de los vecinos. "Esta zona en el día es una zona tranquila, bastante residencial, pero acá a dos cuadras tenemos una plaza en la que se junta mucha gente a drogarse, a tomar alcohol (...) no se puede salir a la noche, han robado en la cuadra varias veces y es imposible esta situación, estamos pidiendo una alarma vecinal y tenemos un grupo de vecinos que nos avisamos todo", agregó.

Un trágico y absurdo final

Los asaltantes escaparon sin concretar el robo y poco después un auto Peugeot 2008 negro, que se cree que empleaban al momento del hecho, fue hallado en la zona del barrio Ejército de los Andes, conocido como "Fuerte Apache", de Ciudadela.

Arias regresaba a bordo de su Volkswagen Suran de buscar a su hija en una reunión de amigas, cuando fue interceptada por cuatro delincuentes que la abordaron para robarle el auto en la puerta de su domicilio.

La principal hipótesis que maneja el jefe de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) 7 del Departamento Judicial de Morón, Matías Rapazzo, es que a Arias aparentemente se le trabó el cinturón de seguridad y no pudo bajarse de inmediato del auto cuando los delincuentes la amenazaron con fines de robo, motivo por el cual le efectuaron al menos un disparo en la cabeza.

Los vecinos reclaman que el de Lucrecia no sea un caso de inseguridad y de violencia más. Y que, de una vez por todas, aparezcan los responsables de construir una política de Estado seria, que comience a mitigar las situaciones más graves en que se encuentra nuestra seguridad ciudadana para que podamos volver a elegir libremente, como pasaba con Castelar hace 70 años, un lugar para vivir sin miedo a morir ejecutado en un absurdo intento de robo.