Mitos y leyendas detrás del legado vigente de un empresario argentino del siglo XIX
Ernesto Tornquist fue un descendiente de alemanes que nació en Buenos Aires y tuvo el tino de aprovechar las grandes oportunidades que brindaba la Argentina de su tiempo para construir su propio imperio empresarial. En los castillos, torres y palacios está su legado, por lo que sus obras fueron fundamento de la fama que llega hasta nuestros días.
Un castillo en las sierras pampeanas que hace parecer un rinconcito alemán a un campo bien argentino, un torreón que mira el mar en su inmensidad, uno de los mejores hoteles de Buenos Aires, la sede central de un banco y una mansión embrujada son parte del listado de obras que dejó en el país.
El torreón del monje y el mito
En tiempos de la fundación de Mar del Plata, en los que era un pequeño poblado costero de Buenos Aires, Ernesto Tornquist decidió donar un mirador sobre las playas. Allí, además, mandó a construir un torreón, que se ha erigido como uno de los símbolos de "La Feliz".
Pero además quiso que el mismo guardara cierto misticismo y se inspiró en una obra de Alberto del Solar para construirle una historia detrás. Entonces contó que antiguamente el torreón era propiedad de la Orden de los Calvos para proteger al monasterio de los malones, custodiado por un soldado que se enamoró de una de las indígenas.
El castillo de Tornquist
Quizás una de sus obras más icónicas, el castillo de Tornquist es las residencia de un campo de la familia en el sur de la provincia de Buenos Aires. Aunque parece parte de la escenografía de una película de caballeros y princesas, el castillo no es más que una casa de familia.
(Foto: Archivo General de la Nación)
Al verlo, entre los árboles y las sierras decorando la escena, falta el Rhin para terminar de construir una postal de la Selva Negra alemana. Pero lejos está de eso, a pesar de la ascendencia de Ernesto Tornquist, siendo hoy la estancia de un campo que comparten entre todos sus herederos.
El banco y el hotel
La Ciudad de Buenos Aires no es ajena al legado de Ernesto Tornquist y dejó su marca en la capital de la República. En el Microcentro, un palacio es la casa del antiguo "Banco Tornquist", siendo diseñado por el arquitecto Alejandro Bustillo. Este forma parte de los edificios históricos que son considerados patrimonio protegido por la Legislatura porteña.
(Foto: GCBA)
En Retiro, barrio que combina la vorágine de las estaciones, los barrios populares y el arrabal, los grandes edificios empresariales y residencias de la alta alcurnia, brilla el "Hotel Plaza". Este fue un emprendimiento de Ernesto Tornquist para los festejos del centenario de la Revolución de Mayo, siendo un edificio de última tecnología para la época y un hotel que estuvo entre los mejores de la Ciudad.
La mansión embrujada
Más lejos del centro, un barrio que siempre se caracterizó por los castillos fue Belgrano, de los que quedan algunas cúpulas que asoman entre torres y locales comerciales. Allí estaba la quinta "Los Ombúes", donde Ernesto Tornquist construyó un lugar de veraneo cerca de la ciudad.
Según cuenta la leyenda, quizás inspirada por la fachada algo lúgubre del viejo castillo cuando quedó abandonado, durante décadas se corrió el rumor de que la misma estaba habitada por fantasmas. No es extraño dado que la abadía de San Benito y el castillo sobre la cumbre de la barranca con los jardines descuidados, podrían dar una idea de palacio embrujado.
(Twitter/@belgranohisto)
También, desde allí despegó "Pampero", uno globo aerostático que llevó a Eduardo Newbery, hermano del popular Jorge, y al sargento Romero en un viaje fatal que terminará perdiéndose en el Río de la Plata. Hoy, solo queda en pie el portón principal en la esquina de Luis María Campos y Olleros, siendo hoy propiedad de la Embajada de Alemania.