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La serie “Succession”, metáfora del capitalismo omnicomprensivo

Una serie basada en estrategias de alianzas, traiciones, dinero, ¿se asimila a algunas costumbres de nuestra sociedad?. Desde su columna semanal de Entremedios, Damián Fernández Pedemonte analiza este tema en MDZ.
La serie Succession Foto: Blogspot.
La serie "Succession" Foto: Blogspot.

Capitalismo salvaje”, “capitalismo de amigos”, “capitalismo de rostro humano”, “anarco- capitalismo”. Así como fue palabra tabú, capitalismo será palabra estrella en la política argentina de los próximos años. Sergio Massa, Horacio Rodríguez Larreta o Javier Milei son todos defensores del capitalismo, pero entienden por él modelos bien distintos. Es que ha llegado a convertirse en un “significante vacío”, como diría Ernesto Laclau para referirse a otros términos, como “pueblo” o “democracia” que se llenan con el significado que le atribuye el líder que gana la batalla por el discurso del poder. Aunque es sólo un sistema de organización de la actividad económica que considera que el mercado es el mejor procedimiento de asignación de recursos, las concepciones más ideológicas sostienen que el sistema capitalista regula todas las actividades, incluyendo las sociales, culturales, educativas y
hasta las relacionadas con la salud y el bienestar personal. La izquierda condena este afán imperialista de la lógica capitalista; la derecha, lo celebra.

En su libro The bias that divide us, el psicólogo Keith Stanovich muestra las contradicciones en las que incurren quienes adoptan una ideología así de omnicomprensiva, aquellos que son de izquierda o de derecha en todos los temas, para todos los frentes de la vida. Sobre Estados Unidos dice: “consideremos, por ejemplo, que los Republicanos conservadores dicen estar a favor de los valores tradicionales, las familias estables, las comunidades cohesionadas y el capitalismo de libre mercado. El problema es que el último de estos cuatro principios simplemente no concuerda con los tres primeros, ya que no hay mayor fuerza perturbadora en
el mundo que el capitalismo sin restricciones. Entre las cosas más notables que son creativamente destruidas’ por el capitalismo se encuentran los valores tradicionales, las estructuras sociales estables, las familias y las comunidades cohesionadas”.

el sistema capitalista regula todas las actividades. Foto: Lifeboxset.

El problema es que las creencias que tengamos sobre el capitalismo y el alcance que le demos a esas ideas se infiltrarán en nuestra forma de vincular el mundo del trabajo con la familia, de tratar a nuestros colaboradores, de percibir a nuestros vecinos. De todo esto habla la multipremiada serie de la plataforma HBO Max, “Succession ”, cuya cuarta y última temporada acaba de finalizar, sobre lo que no voy a “spoilear”. HBO se caracteriza por su catálogo de hitos de la ficción televisiva, como las series “The Wire” o “Los Soprano”. Este año, “The Last of Us”, basada en un video juego de zombies pandémicos, compitió en popularidad con “Succession”, creada por el guionista Jesse Amstrong.

La serie cuenta la historia de los hijos de un magnate de los medios de comunicación y de otras empresas, de gran influencia en la vida pública de Estados Unidos, ya mayor y enfermo (en el primer capítulo se despierta por la noche en la casa a la que se acaba de mudar con su segunda mujer, confundido, y orina en la moqueta de su habitación). Como el título lo indica la trama de esta comedia dramática -llena de humor ácido y de emociones tristes- gira en torno a la pelea entre los cuatro hijos por la sucesión del emporio de Logan Roy (Waystar Royco, que incluye el poderoso medio ATN).

La serie responde el “plot” de personaje. Las actuaciones son enormemente convincentes. Logan (Brian Cox) es tremendo, muy hábil para los negocios, un selfmade man duro, con una relación tóxica con sus hijos y con sus varias mujeres. Estos son: Connor, el mayor, hijo de su primera mujer, quien tiene menos capacidad e interés en la compañía, Kendal, quien no duda en denunciar a su padre y enfrentarse frontalmente a él (además de quedar envuelto en una confusa situación de aparente intento de suicidio y aparente responsabilidad en una muerte), Siobhan (Shiv), mujer dura e inteligente, que lucha por no quedar eclipsada por las ambiciones de sus hermanos, y Roman, el menor, inestable e histriónico.

Entre las cosas destruidas’ por el capitalismo son los valores, las estructuras sociales.
Foto: Blogspot

Todos tiene problemas familiares. Al principio de la cuarta temporada se enteran de que Logan agoniza en un avión y finalmente muere, cuando Connor está en su fiesta de casamiento con una ex prostituta. Por entonces Kendall tiene una relación conflictiva con su ex mujer por la seguridad de su hija –el medio de los Roy favorece a un candidato a presidente de Estados Unidos y eso desata furia entre los seguidores de otro candidato-; Shiv está embarazada de su marido, el arribista Tom, pero a punto de divorciarse de él; Roman, tiene crisis emocionales, que lo llevan a guarecerse en la casa de su madre, ha manifestado varias veces su comportamiento sexual inmaduro.

“Succession” es más que una crítica despiadada a una familia perteneciente al 1% de los más ricos, que viven en su propio mundo, repleto de desdichas, a la vez que generan sacudones en las bolsas, controlan las noticias y tratan con arbitrariedad a sus subordinados. Nadie se salva de las bajezas y las trampas, y sin embargo estos seres humanos esconden una gran vulnerabilidad y hasta nos enternecen con sus dramas de multimillonarios: seguimos los problemas de la empresa familiar como un thriller.

La vida es la empresa, el aceleramiento -que las tomas con handycam acentúan-, siempre al borde de ganar o perder todo en una maniobra de último momento, siempre con ese stress que los mantiene vivos. Debajo no hay más. Queda patente con la devastación que les produce la muerte de su padre, con quien han estado más unidos por el espanto que por el amor. A los
hijos de Logan ni siquiera el negocio los desvela tanto como el poder relativo dentro del imperio familiar. Todo se resuelve en conversaciones rápidas, sagaces, tácticas, entre esos egos desorbitado. No hay lugar para la confianza, ni para la compasión, ni para la cooperación en este macabro juego que es un fin en sí mismo.

“Succession” es más que una sátira de los millonarios vinculados al mundo de las empresas de comunicación, es una metáfora aleccionadora de lo que una cierta idea del capitalismo postula que deben ser la empresa, las relaciones humanas y una vida que haya valido la pena.

* Damián Fernández Pedemonte (Director de la Escuela de Posgrados en Comunicación de la Universidad Austral).