Malvinas, siempre en nuestros corazones
“Me senté a terminar mi diario, y vi que todavía no era medianoche. ¡Maldición!, me dije a mi mismo amargamente. Todavía es 25 de mayo. ¿Acaso este maldito día no acabará nunca? A últimas horas de la tarde había sentido con total seguridad que aquél era el peor día de mi vida.”
Así describía en su diario el Almirante Woodward, comandante de la flota británica, su experiencia a lo largo del 25 de mayo de 1982 gracias al accionar de la Fuerza Aérea y la Aviación Naval, pero estas sensaciones habían comenzado en realidad, unos días antes. Luego de los bombardeos británicos del 1 de mayo y días subsiguientes, alrededor del 12 de mayo decidieron llevar adelante lo que denominaron Operación Sutton, que consistía en concretar el desembarco de la 3ra Brigada Commando, al mando del Brigadier Julian Thompson. Esta brigada estaba compuesta por los batallones 40, 42 y 45 de Royal Marines (infantes de marina), y reforzada con dos batallones de paracaidistas del Ejército británico, el 2 y 3 Para.
Estas tropas llegaron al noreste de Malvinas el 18 de mayo y se unieron al resto de la flota. Los británicos, siguiendo el consejo del Mayor Ewen Southby Taylor, un Royal Marine especialista en las costas de las islas, eligieron la Bahía de San Carlos para desembarcar. Esta bahía se encuentra en la isla Soledad, a la misma latitud que Puerto Argentino, pero en el extremo opuesto, el oeste. La bahía, rodeada de elevaciones montañosas, brindaba protección a los buques de ataques con Exocet, pero al mismo tiempo, dejaba a muchas naves en un espacio relativamente reducido.
Se seleccionaron las distintas playas de desembarco, y se asignaron a cada unidad. A las 02:30h del viernes 21 de mayo, y al abrigo de la oscuridad, la primera ola de lanchones comenzó a dejar en la playa “azul”, cerca del Establecimiento San Carlos, a las tropas del 40th Comando de Royal Marines y al 2 Para del Ejército británico.
Durante esa madrugada, integrantes del Equipo de Combate Güemes argentino, que habían sido destinadas a San Carlos para dar alerta temprana ante un eventual desembarco, cumplieron con su cometido y dieron el aviso a Puerto Argentino. Los hombres del Teniente Primero Carlos Daniel Esteban, a pesar de no ser mas de 80, no dudaron en llevar adelante un audaz ataque al enemigo, derribando 2 helicópteros y averiando seriamente a 2 más, antes de replegarse, ya que ante ellos desembarcaban aproximadamente 5.000 hombres.
Una vez conocida la noticia en Puerto Argentino, se decidió enviar a 2 aviones de ataque ligero Aermacchi de la Aviación Naval con el fin de hacer un reconocimiento general de la situación. Uno de ellos tuvo problemas y no pudo despegar, entonces el Teniente de Navío Owen Crippa decidió despegar solo, algo que nunca se recomienda. Cuando llegó a la zona de la Bahía San Carlos se encontró de pronto con toda la fuerza de desembarco enemiga, compuesta por al menos 12 buques, por lo que decidió armar su panel de armas, eligió a una fragata (la HMS Argonaut) y abrió fuego de cañones y cohetes contra ella. Luego de “saltarla” escapó pegado al agua y zigzagueando entre el resto de las naves para que no pudieran dispararle ante el riesgo de pegarse entre ellas.
la flota en su Aermacchi MB-339 de la Aviación Naval. Foto: elecodesunchales
Al alejarse, se tomó el tiempo de volver a pasar cerca de ellas para dibujar en su anotador de rodilla un croquis con la ubicación de cada buque, a fin de poder describir a sus superiores lo que había visto. Al aterrizar en Puerto Argentino, ese croquis sirvió de referencia para que desde el continente la Fuerza Aérea y la Aviación Naval desataran el mayor ataque aéreo del que los británicos tengan memoria luego de la Segunda Guerra Mundial, que llevó a que bautizaran a la bahía de San Carlos como el callejón de las bombas, o Bomb Alley.
Entre el 21 y el 25 de mayo inclusive, la Fuerza Aérea lanzó 388 misiones en total, de las cuales 204 fueron de combate sobre la zona de San Carlos, y la Aviación Naval (con una cantidad de aeronaves mucho menor) lanzó 5 misiones de combate. Estas acciones causaron severos daños a la flota británica:
La fragata HMS Ardent (21/5) HUNDIDA – Fue atacada durante el día por distintas escuadrillas, dos de la Fuerza Aérea y dos de la Aviación Naval. Se cree que los ataques de estas dos últimas fueron definitorios.
- La fragata HMS Antelope (23/5) Hundida – Escuadrilla “Nene” de la FAA
- El destructor HMS Coventry (25/5) Hundido – Escuadrilla “Zeus” de la FAA
- El buque portacontenedores Atlantic Conveyor (25/5) Hundido - Con una carga invalorable para las tropas de tierra, fue hundido el 25 de mayo por misiles Exocet de la Aviación Naval.
babor y se hundirá en 20 minutos. Foto: FAA.
Los buques HMS Argonaut y HMS Antrim sufrieron averías de consideración por bombas que no explotaron. La Antrim salió de servicio brevemente mientras se extrajo la bomba. La Argonaut permaneció algunos días anclada participando de la defensa antiaérea, hasta que la bomba fue removida, y luego se retiró del teatro de operaciones alrededor del 6 de junio, y abandonó el Atlántico Sur.
Los buques RFA Sir Galahad, Sir Tristam, Sir Lancelot y Sir Bedivere, fueron alcanzados, y estos dos últimos tuvieron bombas en su interior que no explotaron. Las fragatas HMS Broadsword y HMS Brilliant fueron alcanzadas por fuego de cañones de Dagger y sufrieron distintos tipos de daños que requirieron atención. Si bien cada una de todas las misiones es una historia en sí misma, es imposible rememorarlas en un artículo como este, pero sí alguna en particular, por lo que arbitrariamente recordaremos a una muy especial.
El domingo 23 de mayo amaneció con nubes bajas en todo el sur argentino. Sobre Malvinas además de la capa de nubes bajas, había una segunda capa a 2.500 mts de altura. Esto presentaba una meteorología adversa, aunque no imposible, y estaba claro que los capitanes de los buques británicos en la zona de San Carlos se preparaban para soportar un nuevo día de ataques aéreos. A las 12:00h las órdenes fragmentarias 1210 y 1211 pusieron en el aire a dos escuadrillas de aviones Skyhawk A4-B, armados cada uno con una bomba MK17 de 1000 libras, los Trueno y los Nene (nombres asignados para una fluida comunicación radial con la base, evitando apellidos o nombres complicados).
Por distintos problemas un avión de cada escuadrilla no pudo salir, por lo que los Trueno se unieron a los Nene, quedando conformados por el Capitán Pablo Carballo, el Alferez Hugo Gómez, el Primer Teniente Luciano Guadagnini, y el Teniente Carlos Rinke. Ambas escuadrillas unificadas habían despegado desde Río Gallegos y luego de hacer su reabastecimiento de combustible en vuelo con el KC-130 Hércules, pusieron rumbo a las islas, entrando al Estrecho de San Carlos por el sur.
Foto: zona-militar.com
Al llegar a la boca del brazo San Carlos vieron un helicóptero Sea Lynx que actuaba como aviso temprano, e inmediatamente comenzaron a recibir fuego antiaéreo desde las fragatas HMS Antelope y HMS Broadsword. En ese momento se dividieron en dos secciones y dieron un rodeo para ingresar por el norte a la Bahía de San Carlos. Al ingresar a la bahía seleccionaron sus blancos pegándose al agua para iniciar su corrida final de tiro.
En esa corrida final y antes de lanzar su bomba, el avión de Carballo sufrió una gran explosión bajo su ala derecha debido a un misil
proveniente de tierra. Esto lo desestabilizó severamente y perdió el blanco, por lo que inició el escape pensando que debería eyectarse, pero al poder dominar los mandos de su avión, lo estabilizó, no sin antes notar que otro misil pasaba pegado a su cabina.
El Alferez Gómez en su corrida final lanzó su bomba, que impactó en la fragata HMS Antelope y quedó alojada en su interior sin explotar. Guadagnini y Rinke también atacaron lanzando sus bombas. Cuando el Primer Teniente Guadagnini lanzó su bomba, fue alcanzado por fuego antiaéreo de la HMS Antelope (que estaba atacando) y a pesar de casi estrellarse en el agua antes de llegar a la fragata, logró levantar su avión, impactando de lleno en su mástil. Guadagnini falleció en el acto, casi al mismo tiempo que su bomba hacía blanco en la Antelope, entrando en sus entrañas sin explotar, al igual que la del Alferez Gómez.
A las 15:30h, Carballo, Gómez y Rinke aterrizaron en su base de Río Gallegos. La fragata HMS Antelope con un incendio relativamente controlado, y 2 bombas de 1000 libras sin explotar en su interior fue remolcada y fondeada en la bahía Ajax, evacuando a todo su personal, salvo a los responsables del control de daños.
Una de las fotos emblemáticas de la guerra: Al intentar desactivar una bomba en el interior de la fragata HMS Antelope, esta explotó y generó un incendio que alcanzó un pañol de misiles Sea Cat, que al arder provocaron una serie de explosiones durante la noche del 23 al 24 de mayo de 1982.
Durante esa noche, mientras intentaban desactivar una de las 2 bombas, esta explotó provocando un gran incendio que alcanzó un pañol de misiles Sea Cat. Esto desencadenó una serie de explosiones y fuego descontrolado que fue registrado por la cámara de un cronista británico, produciendo una de las fotos emblemáticas de la guerra. Las luces del día siguiente, 24 de mayo, encontraron a la Antelope hecha un cúmulo de hierros retorcidos que se partió en dos, y se hundió en las aguas del Brazo San Carlos.
Las acciones de la Fuerza Aérea y la Aviación Naval durante esa semana de mayo tan particular, nos han dejado un legado de heroísmo y valentía al enfrentar a un enemigo superior en tecnología y armamento, y aun así causándole un daño que nunca imaginaron, y obligó a reformular las tácticas de defensa aérea cercana de su flota.
Sin embargo, los daños causados al enemigo tuvieron un costo en vidas de nuestros pilotos. El 21 de mayo dieron su vida por la Patria el Ten. Pedro Bean, el 1er Ten. Fernando Manzotti, el Ten. Néstor López y el aviador naval Teniente de Fragata Marcelo Marquez. El 23 de mayo, el Ten. Héctor Volponi, el 1er Ten. Luciano Guadagnini y el aviador naval Capitán de Corbeta Carlos Zubizarreta. El 24 de mayo, el Ten. Julio Castillo, el Ten. Jorge Bono y el Alférez Mario Valko, y el 25 de mayo, el Capitán Hugo del Valle Palaver, y el Capitán Jorge García.
En esta semana de mayo, 41 años después, muchos Veteranos protagonistas de esta gesta aún caminan con nosotros cada día y sufren igual que cualquiera los vaivenes de nuestro querido país. En épocas donde el facilismo y la mediocridad parecen haberse adueñado de nuestra sociedad, ellos son aún hoy, motivo de orgullo, y un testimonio vivo de que hay hijos de esta tierra para los que no todo da lo mismo. Con ellos como inspiración, demos nosotros la buena batalla para recuperar los valores que con tanto empeño nos quieren hacer olvidar, y que llevaron al Almirante Woodward a escribir en su diario las palabras con las que comienza esta nota.
* Lic. Alejandro Signorelli, Investigador de la Guerra del Atlántico Sur.