Presenta:

¡Yo trabajo de mí mismo! ¿Y vos?

Es el día del trabajo y Juan Barros, columnista de MDZ, se hace presente con su estilo tan particular.
El amanecer de un día laboral. Foto: Foto: Juan Barros
El amanecer de un día laboral. Foto: Foto: Juan Barros

¡Vidas trabajadas! Ante todo lo que podemos ser y no somos. ¡A trabajar la Vida! El trabajo nos hace comprender en que nos transformamos. ¿Y el país a trabajar…? Trabajar la evocación del pasado. El pasado no es la solución. Trabajar el amparo ideológico. La evocación de la ideología sustituye al pasado.

Trabajar en la intimidación del lugar del otro. “El enemigo es la gran justificación del terror". El Estado totalitario no puede vivir sin enemigos. Si no los tiene, se los inventa. Una vez que éstos han sido identificados, no merecen piedad alguna. Máximo Gorki,
primer "clásico" de la literatura soviética, es el autor de esta fórmula brutal: "Si el enemigo rehúsa rendirse, hay que aniquilarlo".

Para facilitar la tarea, se empieza por deshumanizarlo: los epítetos habituales que se le dedican son "gusano" o "parásito" (los nazis procederán igual con los judíos o con sus enemigos políticos, al igual que se servirán de la misma macabra utilización del adjetivo "extraordinario": Sonderkommando, Sonderbehandlung). Eso permite a los policías o a los guardianes de los campos declarar: "Nosotros, los comunistas, estamos orgullosos de matar a un enemigo», o «un enemigo menos, un pan más para la patria".

El trabajo en equipo nos enorgullece. Foto: mdz-archivo

Ser enemigo es una tara incurable y hereditaria”. El interés es incondicional. “Para quien vive en un régimen totalitario, la vida no se desarrolla evidentemente según los principios codificados en las consignas oficiales, sino según otras reglas muy diferentes: es un combate sin cuartel por apoderarse de una mejor parte del pastel. El cinismo interesado y la voluntad de poder son las reglas que rigen la vida cotidiana en tal sociedad; son las que salen a la luz una vez levantada la pantalla de la ideología.

Este rasgo no es exclusivo de los regímenes totalitarios, pero alcanza en ellos una potencia desconocida en otras partes; el sistema es incomprensible si no se tiene esto en cuenta. El comunista típico ya no es un fanático, sino un arribista. Está dispuesto a cambiar de convicciones por encargo; a lo que aspira es al éxito y al poder personal, no a la victoria lejana del comunismo”. El hombre desplazado - Tzvetan Todorov “El problema contemporáneo no es el de la pasividad, sino el de la impolítica, es decir, de la falta de aprehensión global de los problemas ligados a la organización de un mundo común.

No hay política si las acciones no pueden inscribirse en una misma narración ni ser representadas sobre un escenario público único”. La contrademocracia. La política en la era de la desconfianza. Pierre Rosanvallon. Jesús expulsa del templo a los vendedores y a los cambistas… ¡Y hay tanto más a expulsar de sí mismos! Pero siempre se expulsa al otro…

El trabajo nos hace comprender en que nos transformamos.
Foto: Blogspot

El trabajo pone al alcance del hombre lo que es. ¡Su dignidad! Sin trabajar nadie sabe hacerse como es… Y predomina ser como le
hacen ser. El trabajo nos personaliza. Es lo único que puedo hacer porque soy único. Es atribuirnos lo que nos hace capaces de ser. Como puedo trabajar es como puedo ser.

¡Lo que puedo hacer es lo que puedo ser!

Juan Barros energizante natural. Apto para todo público.