Opinión

Hijos de padres separados: cómo viven sus primeras fiestas

Cuando llega esta época, la de un año difícil para una familia que padeció la separación de sus padres, los hijos son que muchas veces más lo sufren.

María Ana Cornu Labat. miércoles, 27 de diciembre de 2023 · 07:04 hs
Hijos de padres separados: cómo viven sus primeras fiestas
Los hijos siempre nos dan la oportunidad de empezar de nuevo y enmendar. Foto: MDZ

Un par de ojos miran, unos oídos agudos que quisieran no estar atentos, simulan no escuchar. Otros, se esconden atrás de excusas llenas de ruidos que tapan dolor, de ese que se traduce en el cuerpo cuando lo tironean de un lado y del otro hasta desgarrarlo. Son los protagonistas del tiempo, del mes, de la época del año. Aunque con el correr de los años, ya va habiendo miradas, oídos y corazones más resignados, más ausentes, más lejanos.

Otros que ya eligieron intentar ignorar sus desgarros, dejando en soledad a dos que los han tironeado siempre sin medir ni escuchar las coyunturas que chillan. “Es que este año me tocan para Navidad a mí”.  “No, si es el fin de semana que me tocan a mí. Ya tengo todo planeado. Están re ilusionados”. “Lo siento mucho. Lo hubieras pensado antes de ilusionarlos, siempre el mismo irresponsable.

¿No se te ocurrió preguntarme antes a mí?”. “¿En serio me vas a arruinar el programón de fin de año con mis hijos?” “¿Sabés qué? También son mis hijos. Y tengo derecho a pasar fin de año con ellos. Mamá nos espera. Quiero aprovechar que me invitan y no me tengo que matar yo haciendo todo. Y los chicos la pasan bárbaro...”.

Sí, bárbaro. Esos oídos captaron con el corazón, y articulan en su lenguaje que nada de eso es bárbaro. Que no tienen idea del programón de papá ni de la tranquilidad de mamá. Los tonos de voz se elevan. Los intereses de dos pesan más sobre una mesa de las Fiestas que se mancha, se desordena y se despoja de adornos y de luces. Y los pares de ojitos lo ven con el corazón estrujado.

Los intereses de dos pesan más sobre una mesa de las Fiestas que se mancha. Foto: MDZ.

Pero a ellos nadie los ve, nadie los escucha

No saben que habiendo adquirido la resignación como un hábito de los de su especie, tienen claro que no tendrán lo que anhelan, pero también tienen claro que quieren tener lo que sí pueden. Pero no depende de ellos. Depende de dos que se amaron con un amor capaz de traer vida al mundo, y ese amor se transformó en algo que destruye con esa misma potencia. “Ya van a saber cuando crezcan de quién fue la culpa… Vas a ver que van a entender qué pasó y quién les frustró el programa.”.

Y los ojitos miran de un lado al otro y escuchan esa pelota de ping pong que va y viene. Y quieren crecer, y quieren ser grandes. Para poder decir con autoridad que todo era absurdo, que no los miraban, que no los escuchaban. Quieren crecer para elegir la paz de la Nochebuena, la esperanza del año viejo. Y abrazar con fuerza a esos dos que tanto los quieren y a quienes tanto quieren, y esperando transmitirles que en esos brazos siempre hubo y hay un lugar incondicional, despojado de programones y fiestas.

Un hombro para cada uno. Para cada uno de ellos que tanto los quieren. Que creen saber qué es lo mejor para ellos. Un hombro para cada uno. Un hombro para que tengan su descanso y allí su tregua para esa guerra que en ese lugar termina.

Reflexión final

El texto se inspira en algunos casos reales de los que fui testigo, que son frecuentes en aquellos que no han logrado superar el dolor que provoca una separación. Que no lograron salir de sí mismos para enfocarse en acompañar de a dos ese proyecto común que aún permanece en los hijos de ambos, a quienes aman sin dudas, y a quienes pueden elegir hacer felices. Siempre estás a tiempo de transformar. Los hijos siempre nos dan la oportunidad de empezar de nuevo y enmendar.

María Ana Cornu Labat.

* María Ana Cornu Labat. Abogada. Magíster en Matrimonio y Familia. Coach de Familia. Docente investigadora de la Universidad Austral. Investigadora Doctoral Universidad de Navarra, facultad de Educación y Psicología.

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