El mensaje de aliento navideño del argentino que vive en la aldea de Papá Noel
Nahuel Ríos es argentino, la mayoría de su familia está radicada en Pilar, la zona norte de la provincia de Buenos Aires, y emigró del país a fines de 2015 luego de cruzarse con Katri, una finlandesa que había viajado para conocer Argentina.
Se conocieron en un bar de Palermo y allí nació una relación que se afianzó en Barcelona, donde vivieron por un tiempo. Tras la pandemia, y con ganas de vivir nuevas aventuras, la pareja compró una casa rodante y decidió recorrer Finlandia.
Luego de tres años transitando las rutas finlandesas, hace algunos meses se afincaron en el rincón más septentrional: la región de Laponia. Más precisamente, viven en Rovaniemi, que fue declarada en 1985 como la aldea de Santa Claus, desde donde comparte fotos y videos en la cuenta de Instagram @landingdos (Explorando el Mundo).
Nahuel y Katri soportan temperaturas extremas rodeados de nieve, trabajando en un complejo hotelero y turístico donde realizan diferentes tareas y donde se respira el espíritu navideño. Por eso, es uno de los sitios turísticos más buscados en esta época del año.
Desde su casa rodante, y en una jornada cuya temperatura marcaba -23° (con una sensación térmica de -31°), Nahuel Ríos dialogó con MDZ en vísperas de Navidad y relató cómo son sus días trabajando para la aldea de Papá Noel.
-¿Cómo llegaste a trabajar en en este complejo? ¿Fue algo programado o surgió de casualidad?
-Todo surgió después de la pandemia. Dijimos con mi mujer que queríamos hacer algo diferente. Si bien ella es findlandesa, y este es un país donde llueve mucho en verano y los inviernos son muy duros, me propuso que recorriéramos la zona de Laponia que es el sector más cercano al círculo polar ártico.
Yo la verdad tenía miedo en ese momento por el frío. Pero me convenció por el lado de que íbamos a estar rodeados de renos y ver auroras boreales. Nos buscamos una casa rodante y partimos. La primera que tuvimos era más viejita y era más lo que gastábamos que lo que disfrutábamos. Así que la vendimos y accedimos a esta otra, que está un poco más preparada para el frío.
Ahora afuera hacen 23° bajo cero y acá adentro hacen 17°. Igual, no es para cualquiera. Pero este es nuestro tercer invierno en Laponia. El primero lo pasamos trabajando a 60 kilómetros de la frontera con Rusia. Pero ya cuando se acercaba el segundo invierno, empezó la guerra con Ucrania y había mucha tensión, con los militares en la frontera y nosotros estábamos ahí al lado. Por eso, decidimos explorar lo que es en el ártico que es una zona de turismo increíble.

"Finlandia es uno de los países del mundo con mayor movimiento de turismo invernal y fue así que empezamos a trabajar aquí en Rovaniemi. Mi mujer está en la parte de las redes sociales y atención al cliente. Y yo soy bellboy y también hago tareas de mantenimiento en las cabañas", reconoció el argentino.
Y siguió: "Aquí en el complejo está ubicada literalmente la casa de Papá Noel y se creó toda una estructura ambientada en la magia de la Navidad. Yo siempre digo, para tener una imagen de referencia, que la postal parece sacada de las publicidades de Coca Cola que veíamos en la década de los 90. Es increíble cómo lograron perfeccionar y meterte dentro de este cuento de hadas porque tenés todos los detalles".
Sobre cómo es la socialibilzación en una cultura tan diferente, Nahuel explicó que: "Lo increíble es que nosotros tenemos a los finlandeses como a los rusos por ejemplo, como personas muy serias, hasta distantes te diría. Pero cuando vienen acá parecen chicos. Los ves reír, saltar, jugar, interactuar de una manera que quizás no harían en el confort de su casa o en su estado normal. Se desinhiben por completo".
"Eso es lo que logra este lugar. Está todo tan estudiado desde lo psicológico que yo en un día laboral, no siento cansancio y te sentís feliz. Yo tengo tres tareas. Estoy en la parte de mantenimiento que es la más dura porque a veces tengo que estar afuera con 30 grados bajo cero, ayudo también en la limpieza de las cabañas y también trabajo de maletero; el famoso bellboy", explicó.
Mirá el video de Nahuel mostrando la casa de Papá Noel:
-Sobre esto que contás que este lugar desinhibe y empapa a las personas con el espíritu navideño, ¿qué anécdota recordás de estos meses que te haya sentir que este es un lugar especial?
-Me impresionó mucho una vez conocer a una pareja, él era alemán y ella holandesa: dos países a los que también se los etiqueta por decirlo de alguna manera como personas serias. Yo estaba sacando fotos después de mi horario de trabajo, y los escuché hablando en inglés. Y en un momento oí como un llanto. Me di vuelta y vi al hombre que estaba llorando como un chico. No podía hablar. Y le decía a su pareja que lo que veía le traía muchos recuerdos de cuando era niño, de su ciudad, y ella también se emocionó. Los dos llorando abrazados. Me impactó la secuencia. Pero es un poco lo que trasmite este lugar. Te transforma. La gente es más flexible, más dada. Inclusive mis compañeros de trabajo, muchos finlandeses, que si bien tenemos días complicados, como cualquier trabajo, en líneas generales el lugar te transmite toda esa sensación de alegría.
- Es muy diferente a la cultura del argentino…
-Bueno cuando conocí a mi pareja, ella estaba visitando Argentina con la intención de quedarse a vivir en Buenos Aires, porque para un finlandés, nuestro país transmite algo especial. Aquí te hago un paréntesis con la historia porque cuando Argentina era uno de los países más ricos del mundo del siglo pasado, Finlandia era uno de los más pobres de Europa. Cuando se declaró independiente de la Unión Soviética, Argentina fue uno de los primeros países en reconocerlo como país libre y soberano.

Los finlandeses decían, Argentina, la potencia mundial de la época, el país más rico del mundo, nos está reconociendo como país. De hecho, Finlandia tomó el tango argentino como baile nacional, o sea, hoy decís tango y automáticamente algunos te dicen que saben bailarlo.
Por eso mi mujer siguió esa línea, se dejó llevar por ese sentimiento hacia Argentina, y bueno, me conoció a mí. Yo estaba de bar en bar en la ciudad de Buenos Aires, y en uno que estaba en el barrio de Palermo, en Malabia y Costa Rica, ahí nos conocimos. Coincidimos en que ambos nos íbamos a vivir a Barcelona, y bueno, oficializamos en España. Y después se dio la oportunidad de venir a Finlandia.
Fue una excelente decisión, aunque fue todo un cambio radical. Al principio fue muy difícil para mí por el idioma, el clima, la comida, la cultura. España tiene la misma idiosincrasia y problemas que Argentina, aunque en niveles mucho menores. Pero Finlandia es totalmente distinto. Acá es todo sí o no, no hay grises. Fue un impacto para mí. A los 15 días de haber llegado, ni siquiera me había acomodado, y ya estaba trabajando.

Este lugar puede ser terapéutico también, porque en este país abunda la soledad. No hablo de la soledad depresiva, la que entristece, sino la que uno necesita para crecer, para aprender. Y me hizo muy bien, me alejó del ruido, la gente, las sirenas y las bocinas.
Acá en Laponia aprendí a vivir con el silencio y a encontrar esa parte de felicidad absoluta, viviendo en forma nómade, en una casa rodante y manejándome en el ártico. Aunque todo el mundo te habla del frío y la nieve, yo les contesto que duermo bajo las auroras boreales, tengo renos a mi alrededor y vivo en la aldea de Papá Noel.
Estoy con la única comunidad indígena autóctona de Europa, que serían los verdaderos vikingos; gente que resistió el paso del tiempo, de las guerras, de Hittler, de Stalin, y de la cual yo me enriquezco culturalmente y aprendo. De verdad, es una experiencia impagable.

-Justamente en estas fiestas por Navidad, en Argentina hay gente que no la está pasando bien, que está sufriendo una dura crisis. ¿Qué mensaje les podés dar desde la tierra de Papá Noel a quienes hoy no tienen hoy ese espíritu festivo?
- Primero pondría como ejemplo lo que es Finlandia en general, que aún cuando está catalogado como uno de los países más felices del mundo, aún estando en la aldea de Papá Noel no te puedo garantizar si soy más feliz acá que estando en Argentina con mi familia y amigos, aún con todos los problemas sociales y económicos que tiene. Yo sé lo que es enfrentar la vida desde ese lado, y eso me permite subsistir acá en Finlandia.
Este país también fue pobre, la gente vivió situaciones horribles y peores de las que atravesó o atraviesa Argentina, pero ellos pudieron salir. Se puede. Es cuestión de creer que se puede salir y avanzar. Tenemos algo como comunidad los argentino y es que podemos tener mil quilombos, estar peleados o distanciados, pero ahí donde me tocaste, salta otro a cuidarte o defenderte. Eso no pasa acá en Finlandia.
Si acá yo me caigo, tengo la suerte y la ayuda de mi mujer, pero si ella cae también estamos solos. Aunque ella tenga a su familia en este país, los vínculos no son iguales a los que tenemos nosotros como familia. En Argentina, si estás en la calle, alguna persona te va a dar comida, va a parar y darte una mano. Siempre hay alguien. Acá no ocurre eso.

No todo pasa por la parte económica o lo material. De nada sirve estar en la aldea de Papá Noel o ganar millones de dólares, si por dentro estamos rotos o dolidos. Y eso es lo que vi en este país. Da pena esos finlandeses que por un abrazo o un consejo son capaces de darte todo.
Como argentinos estamos tan inmersos en lo malo que nos pasa como sociedad, que no nos damos cuenta, no valoramos lo que es compartir un momento familiar, ese momento con los amigos. La mejor medicina es tener esos lazos, fortalecerlos, porque uno puede llegar, pero con la compañía de dos o tres más, se llega mucho más lejos, se encara con más fuerza la vida.
Mirá la caja navideña que recibió Nahuel en su trabajo de la aldea de Papá Noel


