Juicio por la obra pública

El tibio apoyo del peronismo a Cristina Fernández de Kirchner tras el pedido de condena

Luego de que, espontáneamente, varias personas se congregaran frente al departamento de Cristina Fernández de Kirchner en Recoleta y al finalizar el pedido de condena por parte del fiscal Diego Luciani, grupos peronistas comenzaron a llegar a la esquina de Uruguay y Juncal para manifestar su apoyo.

Pedro Paulin
Pedro Paulin martes, 23 de agosto de 2022 · 08:31 hs
El tibio apoyo del peronismo a Cristina Fernández de Kirchner tras el pedido de condena
Foto: Noticias Argentinas

El peronismo ayer dio una muestra tibia, casi imperceptible, de unidad al compás de los fuegos artificiales, la parafernalia de los jóvenes y sus banderas y un barrio que no entendía qué pasaba. Así, durante cuatro horas los manifestantes que se acercaron al departamento de Cristina Fernández de Kirchner tras el pedido de doce años de prisión por parte del fiscal Diego Luciani, coparon las calles, echaron a quienes se habían reunido a cantar en contra de Cristina y celebraron la resistencia peronista aunque sea por unas horas. 

La tensión que se vivió en la esquina de Juncal y Uruguay, donde permanecía casi escondida Cristina Kirchner, fue total. Corridas, cosas que volaban, cordones policiales agresivos, cánticos intimidatorios, todo el cóctel estuvo presente para alimentar el escenario de defensa a la expresidenta. Hubo un grupo raleado de vecinos que se acercaron a condenar y cantar en contra de Cristina Kirchner, pero fue rápidamente echado por la Policía de la Ciudad para que los manifestantes cristinistas pudieran expresarse a favor de su líder.

“Pensar que nos vamos a dividir es no conocernos básicamente”, dijo ayer a MDZ un peronista bonaerense de décadas de militancia que forma parte del Gobierno de Axel Kicillof y trabaja para la unidad del movimiento el año que viene. “Que este Gobierno sea un desastre no está en discusión, pero vamos a llegar juntos, será con Massa o con Cristina, pero juntos”, definió. 

Cristina se encargó ayer de hablar con distintos alfiles exigiendo fidelidad, algo que cotiza en alza en huestes justicialistas estas semanas. Logró la adhesión de 509 intendentes del país por considerar una persecución lo ocurrido con la causa Vialidad. Cristina lo sabía y también Andrés "Cuervo" Larroque, Jorge Ferraresi, ministro de Obra Pública y Vivienda, Máximo Kirchner y Axel Kicillof, alguien más consultado que nunca por la vicepresidenta las últimas semanas. La obsesión por el déficit fiscal y quedar absolutamente despegada del ajuste que lleva a cabo Sergio Massa es algo que desvela a la expresidenta. 

Lo cierto es que lo que gobierna hoy al peronismo -y a la central obrera que le viene aportando gobernabilidad hace treinta meses con caída del salario- es la necesidad de evitar la partición interna que tanto buscan opositores y algunos oficialistas. La CGT tiene la agenda minada de problemas, las denuncias por corrupción en distintos gremios, la intromisión de la izquierda en muchos sindicatos de base y el pedido de súplica de Alberto Fernández días atrás para que no escale un conflicto salarial, incomoda a la CGT. Su sentido de existir es pedirle a los Gobiernos distintos hechos concretos para evitar las calles superpobladas de personas sin trabajo. Hoy los calman con bonos y promesas pero la realidad es que casi todos los gremios pierden con la inflación año a año. 

La Liga de Gobernadores fue tibia, apenas se sintieron algunas frases de apoyo en redes, pero no mucho más que eso. El más enfático quizás fue el menos esperado, Ricardo Quintela, a quien Cristina desprecia desde 2008 cuando la hermana de Quintela siendo senadora votó en contra de las retenciones móviles y su decisión derivó en el empate de Julio Cobos.

El peronismo tiene el difícil desafío de convencer de cara a fin de año a buena parte de la sociedad sobre la existencia del helado caliente y el agua que no moja. Son dos conceptos que deberán explicar para lograr que las bases comprendan y militen un espacio político con Sergio Massa –quien aseguró que metería presa a Cristina Kirchner– y que contaría con la central obrera que hoy sólo piensa en sobrevivir a los reclamos paritarios y el descontento en el mundo obrero producto del fracaso del plan económico. 

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