Infancia: las señales para detectar maltrato en el jardín maternal

Infancia: las señales para detectar maltrato en el jardín maternal

El caso de violencia contra niños ejercida por la directora de un jardín maternal de Santa Fe generó preocupación e incertidumbre por parte de las familias. Una experta en psicología infantil detalla los cambios en los hijos que se pueden "leer" aunque ellos aún no se expresen con palabras.

Zulema Usach

Zulema Usach

Lejos de ser una práctica erradicada de la sociedad en general, la violencia que es ejercida contra la infancia sigue apareciendo en el escenario de la vida privada de manera naturalizada, invisibilizada y más habitual de lo que en realidad salen a la luz. Golpes disfrazados en la desacertada calificación de “chirlos”, descalificaciones, insultos y amenazas; mensajes implícitos ligados a mecanismos de manipulación, son solo una parte de las formas más habituales de maltrato contra bebés, niños y niñas. El escenario institucional, de hecho, tampoco ha quedado exento de hechos en los que el blanco, son nada menos que los pequeños/as que ni siquiera han aprendido a expresar con palabras situaciones de las que han sido o son víctimas.

Esta semana, el alerta y las dudas por parte de padres y madres que envían a sus hijos a jardines maternales se encendió una vez más en todo el país luego de que se conociera el caso de una directora de una institución de nivel inicial de Santa Fe que fue filmada por una vecina mientras corría un pequeño a los empujones. La consternación e impotencia de las familias no solo generó la clausura del jardín en aquella provincia, sino que reavivó la inquietud a cerca del “cómo” darse cuenta cuando un hijo/a está siendo víctima de hechos similares mientras las familias los dejan al cuidado de terceros.

María Eugenia Reta es psicóloga clínica y docente de la Universidad del Aconcacagua. Su trayectoria está marcada por la labor que realiza justamente con la infancia. Destaca que la importancia de la educación (en el plano familiar y escolar) es la clave para permitir que el niño o niña construya esquemas metales. Por eso, aclara, es fundamental desde la primera infancia que los niños y niñas cuenten con espacios de socialización, estimulación temprana y desarrollo de aprendizajes desde los primeros años de vida.

Docentes preparados e idóneos en su quehacer dan la posibilidad de contribuir en la crianza y desarrollo del niño. De esta forma, son los encargados de acompañarlos y asistirlos durante el período en que los padres deben realizar sus actividades laborales”, aclara Reta y destaca que estos espacios dan la posibilidad de inserción social temprana.

Las señales clave

Reta señala que para que el proceso de enseñanza-aprendizaje durante los primeros años de vida se logre de manera enriquecedora para el niño/a, es importante que en primer lugar, los padres estén implicados en la elección de la institución, respecto de los valores, ideales, personas y funciones que cumplen. También es adecuado generar un lazo con aquellas personas que se harán cargo de cuidar y enseñar a los más pequeños de casa y siempre hacer un seguimiento y prestar atención a los hijos, hayan logrado comenzar a expresar las primeras frases o no.

“De esta forma, los padres acompañarán a sus hijos en este desarrollo ocupándose de sus necesidades, motivaciones y anhelos, permitiendo que este espacio sea lo suficientemente organizado para el niño”, recomienda la especialista.

¿A qué señales es preciso atender en el caso de los pequeños frente a situaciones de maltrato en el ámbito educativo? La psicóloga aclara, en primer lugar, que es preciso que padres y madres “lean” en sus hijos/as si hay cambios en su conducta. “Los cambios abruptos que impiden el desarrollo esperado pueden ser una señal de que algo está pasando. Por ejemplo, si el niño o niña había logrado desarrollar habilidades o tareas propias de su etapa y luego desaparecen sin un motivo aparente”, alerta Reta y ejemplifica que ente las áreas del desarrollo que pueden verse modificadas frente a una situación de maltrato, aparecen retrocesos a la hora de controlar los esfínteres, aprender el lenguaje, dibujar, cantar, caminar, alimentarse o dormir.

“En otros casos, nos encontramos con niños que sufren accidentes de manera repetida; se cae, se corte o se fracture. Es muy importantes que los progenitores se acerquen a la institución, que tengan una comunicación fluida y cotidiana con los adultos encargados de la asistencia de sus hijos”, resalta la especialista.

Fobias a edades cada vez más tempranas

La psicóloga agrega que antes, cuando los pequeños comenzaban su escolarización a los cuatro o cinco años, era esperable que las familias se acercaran a su consultorio debido a los cuadros de fobias, miedos o problemas de conducta que manifestaban sus hijos/as.

Pero “desde hace un tiempo hasta ahora, hemos notado, que las consultas comienzan a aparecer con anterioridad. Los padres consultan por niños de uno, dos o tres años que presentan dificultades en tanto en la alimentación como al momento de llevarlos a dormir; trastornos del sueño o problemas para controlar los esfínteres”, alerta la profesional y destaca que todos esos problemas se han detectado cuando los pequeños aún no han desarrollado el habla. “En estos casos, donde el niño no puede comunicarse, hablar, ni expresar algo de lo acontecido; es importante estar atentos a los cambios de la conducta”, recalca Reta.

Temas

¿Querés recibir notificaciones de alertas?