Cuestiones pendientes... balances actuales
Entre una pandemia que arrasó al psiquismo y un reencuentro paulatino con los seres queridos, los lazos laborales y sociales que fueron ajustándose a una presencialidad a veces resistida. Un mundo dividido entre consignas populistas o neoliberales. Una economía generalizada de carácter complicado. De lo macro a lo micro, fueron los proyectos de cada uno que pueden emerger de complicaciones cotidianas.
El proyecto personal rescata, cuida y nos retroalimenta, sobre todo si resulta empático, es decir que también incluye a otros. El famoso balance anual lo podemos dejar a los profesionales contadores, en cambio, continuamos construyendo una economía, palabra que proviene del griego y significa “equilibrio del hogar”, teniendo en cuenta que el hogar somos nosotros mismos. Dentro de los relatos que nos dejan una enseñanza a través de la metáfora, existe uno que relata había una vez un campesino chino que pierde su caballo porque huyó. Todos los vecinos se acercaron y le dijeron que lo ocurrido era una gran pérdida y una lástima. El campesino respondió: quizás.
Sin embargo y al día siguiente, el caballo volvió y trajo con él siete caballos más. Todos se acercaron y le dijeron qué alegría. Qué bueno lo que había sucedido! El campesino respondió: quizás. Su hijo quiso domar uno de esos caballo e intentó montarlo con tan mala suerte que el animal lo arrojó y el joven se quebró una pierna. Nuevamente todos ser acercaron y le dijeron qué mala
suerte, no es así? Y el campesino respondió: quizás. Poco tiempo después oficiales de reclutamiento vinieron a buscar gente para
el ejército y rechazaron a su hijo porque tenía una pierna rota. Todos se acercaron para decirle que bueno, no es maravilloso que eso haya sucedido? El campesino respondió: quizás.
La naturaleza es un proceso integrado producto de una gran complejidad y es realmente imposible decir si algo de lo que sucede es bueno o malo. Porque nunca se sabe cuáles serán las consecuencias de la desgracia o nunca cuáles serán las consecuencias de un hecho afortunado. A partir de este relato formularnos un interrogante: Quién deseo ser en el mundo de ahí afuera? Luego vivir con las respuestas que vayan surgiendo: deseas ser amable, sé amable. Deseas ser paciente, sé paciente. Deseas ser honesto, sé honesto.
Intentemos vivir en armonía y en consonancia con lo que nos rodea. Saber hacer un cambio con lo que uno quiere ver en el mundo.
Es además como afirma una consigna oriental y que podemos llevar a la práctica como resultado de un balance, de un equilibrio: no perdamos tiempo discutiendo sobre cómo debería ser un buen hombre o una buena mujer. Sé tú uno de ellos. Para un año que finaliza y otro que recién comienza podemos pensar propuestas que incluye renovaciones equilibradas en diferentes niveles: lo físico; lo mental; lo social; lo espiritual.
Cada uno de estos niveles alcanzan efectividad cuando se aplican de modo simultáneo en nuestras vidas. Así lo físico alcanza a nuestra productividad. Al cuerpo, desde el punto de vista orgánico, debemos darle importancia porque nuestra actividad se expresa en términos económicos. Lo mental se dirige al desarrollo del reconocimiento y fundamentalmente se relaciona con el deseo. Lo social impacta a las relaciones humanas y el modo que nos incluimos con los otros. La dimensión espiritual se refiere a la búsqueda de un propósito, a una integridad de los estados anteriores.
Este proceso es continuo y es la marca individual que nos conduce finalmente al balance esperado resultado de un equilibrio armónico en estas áreas mencionadas que conducen al hábito de ser feliz o al menos de encontrar alegría en las cosas que cada día emprendemos.
Feliz año. Feliz 2023 para cada uno de ustedes, queridos amigos de MDZ.
* Carlos Gustavo Motta es psicoanalista y cineasta.




