Presenta:

¿Hasta cuándo vale la pena seguir remándola?

Todo parece que marcha sobre ruedas, hasta que algo irrumpe de la nada y todo empieza a ser diferente.
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Eso que sumaba, que te hacía fluir, que te permitía llegar al fin del día o a cumplir tus metas deja de existir. Se cae el velo, el del amor ese que se asemeja a la locura como decía Sigmund Freud. Donde todo se ve perfecto, lindo, agradable pero de repente la cruda realidad te avisa que todo no es lo que parece. Hay cosas, actitudes o situaciones que no tenés por qué vivir o permitir.

Momento de parar el juego,  analizar y preguntarse uno mismo: ¿Estoy bien? ¿Disfruto lo que vivo y hago?

¿El balance vale la pena? ¿Es aceptable?

¿Es mejor irse o la sigo remando? Y si la remo, ¿está bueno preguntarse hasta cuándo y para qué? ¿Remarla será lo correcto? ¿Sirve para mi bienestar o para los que me rodean? ¿cuánto me pesa el qué dirán, lo que esperan los demás de mí mismo?

A veces sentimos que remamos en dulce de leche.

Mis amigos de MDZ, no tenemos que hacer lo imposible para que las cosas funcionen, podemos elegir. La vida es una y, al menos, tenemos esa libertad de estar con quienes hacen la diferencia. Eso sí, a veces necesitamos remarla. Cuando el que está a mi lado sufre, cuando quiere y no puede, cuando quiere y lo da todo.

Como dice esa canción: "Mira hacia tu alrededor". Eso ayuda también y ni te digo pensar un poco.

Vale la pena remarla, no importa hasta cuando. Único requisito, tener en claro los motivos. Hay cosas que te las remo hasta el final. Pero cuando de ser buena gente se trata -y no lo sos-  elijo tirar mis remos, me cuido, me quiero, me respeto. ¿Está mal?

* Lic. Erica Miretti Psicóloga. Neuropsicoeducadora. Docente