¿Por qué siempre a mí? La actitud de victimización crónica

¿Por qué siempre a mí? La actitud de victimización crónica

Todos nos quejamos, pero hay quienes funcionan en modo víctima: la queja constante es el eje de sus conversaciones. La neuropsicóloga Cecilia Ortiz te cuenta qué es la victimización o el victimismo constante.

Cecilia Ortiz

¿Por qué siempre me va mal?”. “Todos me atacan”. “El mundo conspira en contra mío”.

Quienes se victimizan constantemente viven en una obra dramática de la cual son protagonistas principales. El libreto es la queja persistente que esgrime racionalizaciones sustentadoras de una visión particular de la vida: las trabas y agresiones vienen de afuera.

Así, culpan al mundo, a los otros, a los astros, a los dioses, a cualquier cosa que les permita liberarse de su responsabilidad. 

Esta particular manera de afrontar las situaciones conduce a una perspectiva pesimista de la realidad, que produce malestar constante en el mismísimo actor y en su contexto. Algunas veces, este pesimismo despierta emociones como ira y resentimiento, que pueden desembocar en conductas de intolerancia y hasta agresivas.

¿Cómo es el perfil de las víctimas crónicas? 

Deforman la realidad: Creen que toda la culpa de lo que les pasa es de los demás. Esto es complejo, porque, entonces, el control recae en el mundo externo, ellos no tienen posibilidad de cambiar: si la responsabilidad está afuera, los demás deberán asumir la voluntad de cambio. Además, su visión catastrófica y sobredimensionada de lo que sucede, los lleva a experimentar mayor monto de emociones negativas que positivas.

Hallan consuelo en el lamento: Si toda la culpa de lo que les pasa es del afuera, entonces el lamento es la bandera que enarbolan para expresar su disconformidad. Este mecanismo comienza a ser tan recurrente que hasta da lugar a una especie de “regodeo en el lamento”, tal como si descubrieran que esa acción les garantiza un lugar dentro de las interacciones: el que se queja, el que se lamenta, el negativo, la pobre víctima.

Esta “ganancia secundaria” retroalimenta, además, la creencia de que no hay que pedir ayuda para solucionar los problemas: ninguna visión alternativa germinará en sus cabezas, siempre encuentran una excusa para ganar la pulseada y sostener su punto de vista.

Buscan culpables continuamente: Estas personas asumen el papel de víctimas eternas, desarrollando una actitud de sospecha, asumiendo que los demás “siempre pueden actuar de mala fe, discriminándolos o maltratándolos”. Así, desarrollan una hipervigilancia e hipersensibilidad a cualquier señal que les confirme sus sospechas.

Son incapaces de realizar una autocrítica: La incapacidad de cuestionar su propia postura ante los hechos conduce a “mirar la paja en el ojo ajeno”; no hay posibilidad de cuestionarse, de hacerse pregunta. Tampoco se aceptan las críticas constructivas. Los errores y defectos propios no forman parte de las líneas de su argumento.

Hay algo que está claro: si hay una víctima en la historia, pues debe haber un victimario, o un culpable de los padecimientos: en los otros recae este papel.

Para culpabilizar, se usan diferentes estrategias 

Descalificar los argumentos del otro: “siempre me atacás”, “¿te das cuenta que siempre me culpás a mí y yo no hago nada malo?”. Buscan que el otro asuma el papel de atacante, invirtiendo, muchas veces la sucesión de los hechos. Dentro del ámbito de la argumentación, esto recibe el nombre de retórica centrista: cualquier razonamiento del otro es utilizado para reafirmar su papel de víctima: “¿te das cuenta que siempre me atacás? Seguro que ahora vas a decir que estoy equivocado/a”.

Quienes se victimizan evitan disculparse o reconocer sus errores. Por eso es usual que evada esas situaciones retirándose físicamente (la famosa huida geográfica) o que cambie radicalmente de tema: “Nunca me entendés, ¿te das cuenta?, mejor me voy de acá”

Otra estrategia usual es la manipulación emocional: juegan con las emociones del otro para justificar su rol de víctimas y así obtener lo que pretenden. Por lo general, son personas hábiles en leer el estado emocional de los demás, generalmente la culpa, y pueden usarla en sus argumentos para que el otro asuma la responsabilidad que ellos reniegan: “Todo lo que yo he hecho por vos, y ahora me pagás asi?”

¿Qué hacer ante una “víctima crónica”? 

Primero reconocer que sistemáticamente asume el rol de víctima, es decir, que sus razonamientos son ilógicos e irracionales. A partir de este punto, podremos trabajar con nuestra emocionalidad para no colocarnos en el papel que nos asignan, o para no asumir el papel que pretenden para nosotros en su dramatización.

Es importante sacar a la luz esta necesidad permanente de victimizarse: “¿has observado que siempre te pasan cosas negativas a vos?”, “¿no te has puesto a pensar que algo de lo que hacés o no hacés puede tener que ver con lo que te pasa?.

También podemos decirles que no estamos dispuestos a escuchar sus quejas, pero que sí estaremos para ayudarlos si quieren cambiar su tendencia victimista.

No olvidemos que nadie nos coloca en lugares vulnerables si nosotros no lo permitimos. Al poner límites nos cuidamos y, de paso, cuidamos al otro. 

Lic. Cecilia C. Ortiz / Neuropsicóloga. Mgster en Neurociencias / licceciortizm@gmail.com 

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