La procrastinación: ¿qué es eso de dejar todo para mañana?

La procrastinación: ¿qué es eso de dejar todo para mañana?

Después, luego, enseguida, más tarde, en algún momento, son palabras que abren la puerta a la postergación de una acción que debe realizarse. Te contamos de qué se trata este proceso complejo, que involucra variables cognitivas, afectivas y conductuales.

Cecilia Ortiz

“Yo sé que tendría que ponerme a estudiar, pero mañana seguro empiezo”, “Cuando los chicos crezcan voy a ponerme a estudiar Inglés”, “Tendría que descansar, pero mejor antes termino este trabajo”, “Me encantaría empezar baile, pero primero tengo que atender las necesidades de mis hijos”. Son todos ejemplos de procrastinación. Y, seguramente, a los lectores se le estarán cruzando muchos más por la cabeza.

Procrastinar proviene del latín procastrinare, que significa aplazar. Así, la palabra se utiliza para designar un patrón de comportamiento que tiene como leit motiv aplazar voluntariamente la realización de actividades que deberían ser llevadas a cabo. La procrastinación implica una conducta evasiva. Esta tendencia suele acompañarse de malestar subjetivo y supone un verdadero problema de autorregulación a nivel cognitivo, afectivo y conductual.

Quienes procrastinan demoran el inicio y/o finalización de una tarea o actividad, lo que se acompaña de malestar, ansiedad y/o preocupación excesiva. Esta última se presenta a modo de ideas rumiantes sobre lo que queda por hacer. Si usted sabe que tiene  asuntos pendientes y que la tardanza en realizarlos le traerá consecuencias negativas y aun así no los realiza, entonces está procrastinando.

Dos tipos de conducta postergadora 

Cuando hay un plazo determinado para cumplir una tarea y su incumplimiento traerá consecuencias negativas. Por ejemplo: estudiar para rendir un examen, entregar un informe en el trabajo, etc.

Cuando son actividades importantes para nosotros, nadie nos exige realizarlas pero las postergamos por actividades “más urgentes”. Por ejemplo: empezar una dieta o actividad física, cambiar hábitos, realizar una actividad por placer personal, etc.

En el primer caso, suelen darse los “atracones de acción”, como les llamo yo. Ante el apuro, nos pasamos noches sin dormir, atravesando situaciones de ansiedad y estrés. La falla está en la gestión del tiempo, el dejar para mañana termina convirtiéndose en el problema más que en la solución.

El segundo caso son las situaciones que más se ven en la consulta psicológica. Las personas que se llenan de obligaciones y no se dedican tiempo para aquello que les hace bien, que las conecta consigo mismas, con lo cual, la angustia, la frustración y la ansiedad toman el control de la emocionalidad.

Según un estudio llevado a cabo por Ferrari y colaboradores en 2001, en América Latina el 61% de los habitantes son procrastinadores eventuales, mientras que el 20% lo son de manera crónica, es decir, que postergar es un patrón usual de respuesta.

A esta altura, se hace necesario diferenciar entre postergación y procrastinación. La primera consiste en aplazar una tarea con la finalidad de darle prioridad a otra más urgente y productiva en ese momento, lo cual no constituye un problema para la persona: se puede postergar una salida para terminar un trabajo que se debe entregar el día siguiente. Por el contrario, cuando sabemos que debemos comenzar, desarrollar o finalizar una tarea y no lo hacemos, estamos procrastinando. Consecuentemente, podemos manifestar sentimientos de inquietud y abatimiento.

¿Existen personas más proclives a procrastinar? 

Hay estudios que indican que los procrastinadores son personas con altas expectativas de logro que, frente al miedo de fracasar, deciden posponer la acción. Ostentan niveles altos de ansiedad que los lleva a no tolerar la espera. Por otro lado, el temor a la evaluación externa también hace de las suyas.

Niveles bajos de autoestima y autoconfianza han sido correlacionados también con personas que procrastinan. Algunos autores mencionan rasgos de personalidad marcados por baja responsabilidad y autodisciplina, tendencia a la ansiedad social, impulsividad, labilidad en el manejo del tiempo e incapacidad para adquirir hábitos para trabajar metódicamente.

Quien procrastina prefiere actividades a corto plazo, así evita metas futuras, reduciendo la ansiedad y buscando recompensas inmediatas más que a largo plazo. Prefieren el placer inmediato al dilatado por el tiempo. Dejan para mañana lo que pueden hacer hoy.

Desde el punto de vista de la cognición, estas personas desarrollan sesgos (o atajos mentales) para justificar su evitación. Estas justificaciones hacen que a nivel conductual se embarquen en tareas que nada tienen que ver con el objetivo a largo plazo, conductas que ofician de autosabotaje y de distracción. Así, por ejemplo, sé que tengo que terminar el trabajo que prometí para el lunes, pero mejor lo dejo para mañana porque ahora estoy cansada y no me va a salir como quiero. Mejor me siento a ver una película.

El Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5) especifica que la procrastinación tiene origen en miedo y ansiedad excesivos. El miedo es una respuesta emocional ante una amenaza inminente, mientras que la ansiedad es una respuesta anticipatoria ante una amenaza futura.

¿Cuáles son las consecuencias de procrastinar? 

A corto plazo, la postergación puede generar sensación de bienestar, porque evitamos enfrentarnos con aquello que nos genera displacer. Ahora, a largo plazo, las consecuencias pueden ser tan molestas que hasta interfieran con la vida diaria:

  • Aumento de estrés por acumulación de “tareas por hacer”
  • Disminución de la autoeficacia (creencia personal acerca de las propias capacidades para enfrentar situaciones).
  • Sentimiento de culpa.
  • Disminución de la autoestima.
  • Sentimiento de desesperanza aprendida y catastrofismo (“nunca nada me sale bien”, “jamás voy a lograr algo”).

¿Cómo ser un perfecto procrastinador? 

  • No organice su tiempo. No sirve de nada priorizar tareas pendientes. Tampoco planifique ni use agendas.
  • Planteese metas extremadamente altas y exigentes. Mientras más oneroso el objetivo más fácil le resultará postergar.
  • Distráigase mucho. Mientras más cosas tenga alrededor suyo que alejen su atención de lo verdaderamente importante, mejor procrastinador será.
  • Procure siempre la perfección y téngale mucho miedo al fracaso. Cuando intentamos hacer todo perfecto porque no nos gusta fallar, resulta más fácil diferir acciones.
  • No respete los momentos de descaso. Mientras más trabaje y menos permisos de actividades recreativas se dé, mayor probabilidad de procrastinar.
  • Evite los hábitos, porque son la mejor manera de lograr objetivos. Para ser un excelente postergador tiene que ser desorganizado.
  • No se premie por los logros obtenidos. Cuanto más se repita “es mi obligación”, “es lo que debo hacer”, más se activará su sistema de logros, aumentará la ansiedad y la procrastinación.

Lic. Cecilia C. Ortiz / Neuropsicóloga – Mgster en Neurociencias / licceciortizm@gmail.com 

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