La felicidad y el sentido que le damos

La felicidad y el sentido que le damos

En épocas de consumismo y alta exposición en redes, la felicidad está sobrevalorada. Sin subestimarla, podemos aspirar a ella si no la pretendemos perfecta y desde lo que es importante para cada uno.

Diana Chiani

Diana Chiani

@milyunrelatos, escribime@milyunrelatos.com

La pregunta de inicio es directa y nada sencilla: ¿Qué es la felicidad? Al agregar dos palabras podría simplificarse: ¿Qué es la felicidad para mí? Porque, más allá de las definiciones de diccionario, no es lo mismo hablar de algo en abstracto que contar lo que eso significa para cada uno de nosotros.

En tiempos en que existe una suerte de sobrevaloración de la felicidad, el placer y el estar bien  a toda costa –en especial si vamos a posar para nuestras redes- aparece, en paralelo, una subestimación de la misma ya que, para algunos, puede tratarse de una palabra vacía, de esas que solo aparecen en las películas, las series o las publicidades de chocolate (digresión aparte, para mí el chocolate puede perfectamente convertirse en felicidad…).

No importa de qué lado de esta grieta se ubique cada uno, la palabra –muchas veces asociada a un consumo del que no se salvan ni los estudios ni el trabajo- puede mirarse desde una perspectiva diferente y, por tanto, permitir relatar una historia distinta, pero no en abstracto sino en función de cómo nos llevamos con la famosa felicidad.

Personalmente, creo que la felicidad está sobrevalorada aunque me niego a subestimarla. Es que esa puesta en valor fenomenal suele asociarse a mandatos o placeres “que todo el mundo” desea y quiere. De ahí, la pregunta del inicio acerca de que implicaba para cada uno ser feliz, qué significado tiene, qué tiene que pasar para considerarnos felices, qué podemos hacer que eso pase.

Por eso, y dado que este espacio apunta a reflexionar el mundo que construimos a través de las palabras, la invitación es a mirar el sentido que creamos todos los días. Qué sentido le damos a nuestra vida y lo que sucede, cuáles son nuestras aspiraciones verdaderas, qué hemos venido a dejar en nuestro paso, qué es lo que nos importa realmente más allá de lo que “se debe”.

¿Tiempo, dinero? ¿Qué da felicidad realmente?

Porque es probable que ante la pregunta de cuáles son las cosas importantes para nosotros las respuestas sean salud, afectos, estar tranquilos con nuestra economía, paz mental; entre otras. Meses de pandemia mediante, tal vez muchos hayan sumado contacto o abrazos a esa lista y, otros, hayan resignificado miles de pequeños momentos después de atravesar por verdaderos dramas de vida. Es que a veces vivimos y nos quejamos como si no tuviéramos ninguno de esos importantes en nuestro haber.

Se trata, entonces, de poder y permitirnos resignificar o porque lo que nos hacía felices ayer, hoy ya no o porque la vida hizo un giro inesperado y toca rearmar. Es construir el sentido de nuestra vida de manera cotidiana  ya que aquella  por sí misma no lo tiene (es solo mi opinión). Es saber que la felicidad pura es un inalcanzable porque siempre habrá desafíos por enfrentar.

¿Qué si salimos de una y entramos en otra? Tal vez haya algo para aprender allí, pero no quiere decir que la felicidad nos sea escurridiza. Quizás seamos nosotros quienes nos escapamos de ella al pretenderla perfecta, al idealizarla con imágenes publicitarias que no muestran el recorrido, los pequeños logros, los aromas del amor, el café de la mañana, las manos que se tienden ni el sentido profundo de la propia vida.

Por Diana Chiani. Comunicadora, editora y Coach Ontológico Profesional 

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