Calzas en la estación de servicio: historia de la mujer que dijo basta

Calzas en la estación de servicio: historia de la mujer que dijo basta

La Suprema Corte de Mendoza confirmó esta semana que una estación de servicio deberá pagar, además de la indemnización por despido, un plus por daños morales porque una empleada era obligada a utilizar calzas muy ajustadas ante los clientes. Aquí, los detalles menos conocidos del caso.

Facundo García

Facundo García

M. empezó como promotora. Y como muchas personas que se dedican a esa actividad, tiene un cuerpo hegemónico. Tal vez por esa característica fue que un mes después la contrataron para que llenara tanques en la estación de servicio ubicada sobre la calle Bandera de los Andes de Guaymallén. El uniforme consistía en unas calzas que le iban chicas: eran talle "S" cuando la mujer calzaba 38.

Lo cierto es que M. necesitaba el trabajo y completó el curso para ser "bombera" de la estación. Para colmo, por la zona circula incesantemente gente que hace carga y descarga en comercios cercanos. Tránsito permanente. Grupos de varones. A los pocos días, la joven se dio cuenta de que si no cambiaba de indumentaria iba a pasarla mal.

"Es el uniforme que corresponde", le respondían desde la empresa. Las apretadas calzas con las que se veía obligada a circular en la playa no tenían bolsillo, y ella no podía guardar el dinero de las ventas. "Usá una riñonera", le proponían.

Y los autos seguían pasando, con gritos y agresiones. Alguno le arrojaba cosas, haciendo un supuesto chiste. Era el año 2012 o 2013. Los temas de género aún no estaban en agenda como ocurre hoy. 

Conflicto

La abogada que representó a la mujer en la causa, Analía Bittar Conte, repasa lo que vino a continuación: "Ante el conflicto, M. solicitó que la dejaran trabajar con pantalones de corte. Aprovechó un cambio de indumentaria que hubo entre sus compañeros varones -ella era la única mujer del lugar- y se consiguió un pantalón tipo cargo".

Tampoco así funcionó: desde la empresa la apercibieron por "no usar su uniforme". Finalmente, la suspendieron unos días "por utilizar indumentaria masculina".

"Ella les avisó que sufría faltas de respeto permanente por utilizar calzas"

"Ella impugnó esas sanciones y les hizo saber que sufría faltas de respeto permanentes al llevar las calzas, que se sentía afectada y se preguntaba por qué a ella se le obligaba a exhibir sus curvas para hacer el mismo trabajo que los hombres podían hacer con ropa cómoda", sigue Bittar Conte. 

"¿En qué afectan las calzas a la prestación de servicio?", se preguntaba M. La hipótesis obvia es que se la estaba cosificando para atraer clientes.

La última situación se produjo un día en que M. llegó al trabajo y uno de los encargados le dijo que no podía ingresar si no utilizaba la vestimenta que le imponían

—¿Cuál era la percepción de M. respecto al trato machista que estaba recibiendo?—

—Ella era consciente de que estaba viviendo una injusticia. Cuando charlamos no hizo alusión a abstracciones, sino al problema concreto que había sufrido. Sabía perfectamente que eso la hacía sentir mal, más allá de las teorías. Pero no bajó los brazos, y no solamente luchó sino que consiguió otro trabajo y siguió estudiando— relata la abogada.

El proceso legal

Al repasar todas las instancias, es inevitable preguntarse cuántos casos similares se habrán dado sin que se judicialice la cuestión. O aún más: cuántas mujeres habrá que, ahora mismo, se incomodan por la ropa que les obligan a usar en sus empleos.

"El caso tuvo repercusión en todo el país".

Ante la negativa a seguir con las calzas, la empresa que tenía contratada a M. consideró que "había abandonado su puesto" y la despidió. Eso dio origen a un juicio laboral: una magistrada de primera instancia aprobó la indemnización por despido sin causa pero desestimó el conflicto por la ropa ajustada. 

En consecuencia, M. y su abogada recurrieron a la Suprema Corte de Justicia de Mendoza, donde los jueces José Valerio, Mario Adaro y Omar Palermo les dieron la razón. Por eso a la indemnización por despido se le añadió un "plus" de 150.000 pesos por los daños morales. 

"Nunca creímos que el fallo iba a causar tanto revuelo. Nos han pedido el texto desde Córdoba y desde Tucumán, donde es posible que existan conflictos parecidos. A partir de ahora, este antecedente puede ser una referencia para otros tribunales", concluye la letrada Bittar Conte. 

  • ¿Aportes? ¿Otra perspectiva? Puede escribir a fgarcia@mdzol.com
Temas

¿Querés recibir notificaciones de alertas?