Profesionales por un día: la nostalgia de volver al sábado de fútbol

Profesionales por un día: la nostalgia de volver al sábado de fútbol

Siguen pasando los días y la frustración de no poder jugar al fútbol se suma a aquella de no poder depositar esas y otras frustraciones en un partido de fútbol con amigos para lograr una catarsis.

Diego Gubinelli

Llega el sábado. Un día históricamente utilizado para hacer eso que uno más disfruta. Cada actividad tiene un gustito diferente, pero las relacionadas con la pelota se destacan."Las tardecitas de fútbol en Mendoza tienen ese que se yo, ¿viste?", sería la versión adaptada de la consagrada Balada para un Loco de Piazzolla. Algunas personas pueden aprovechar para descansar tras una semana agotadora, otras simplemente aprovechan para realizar aquello que no dejan de pensar cada jornada laborable. En este caso, simular la vida de un profesional del deporte por un día.

La pandemia se llevó consigo trabajos, vidas, pero yendo más allá de lo trágico y lamentable, también arrasó con el fútbol de los fines de semana; el mismo que en diversas ocasiones servía como calmante o distracción de estos problemas que, a pesar de haberse intensificado en este contexto, igual existían cuando la normalidad transcurría sin alteraciones.

Este artículo se adentra en la vida de aquel apasionado por la redonda que – contrario a no desempeñarse  profesionalmente- utiliza el deporte como vía de escape.  Entonces, ¿qué puede significar tener que pagar  aproximadamente 4 veces por mes para muchas veces ser goleado, sufrir contracturas producto de falta de estado físico o incluso enojarse con las actuaciones arbitrales que tantas veces sacan de sus casillas los jugadores?

Jugar al fútbol un fin de semana es aquel inigualable momento para ser compartido con amistades. Es la liberación de endorfinas garantizada, aunque en muchas ocasiones con furia de por medio. Pero al fin y al cabo de eso se trata, ¿no?

El futbolero amateur promedio recuerda con nostalgia esa tarde que hacía que el jugador sintiera que es un profesional más en un simple predio alejado de la ciudad que podía ser por un par de horas un reflejo fiel del Santiago Bernabéu.  Los conjuntos comprados tras contar cada centavo podían hacerlo sentir como un jugador patrocinado. Faltaba la publicidad de shampoo o desodorante para hacer cartón lleno y alimentar el hermoso delirio provocado.

GENTILEZA FOTO: CLUB TQ
Gentileza: Club TQ​​​​​​

“Son todos viejos burros los que juegan esos torneos”, afirman algunos. Sin embargo, ¿no es ese el factor que lo hace más auténtico y emocionante?, (aunque a veces sea un dicho falaz). Para jugar por plata existen los profesionales; los cuales muchas veces dejan que desear, pero eso es otro tema. Lo que es indiscutible es que la entrega de los mal llamados “burros” no se negocia. Cada partido puede ser el último y se vive de esa manera. Las lesiones atormentan, como también lo hacen los problemas familiares y económicos. Quizás la perdida de trabajo durante la semana, el desmoronamiento de las relaciones de pareja o la sensación de cómo los años te pasan por encima al ver esas primeras señales engañosas de inminente vejez (dígase engañosas porque suelen ser provocadas por la propia mente) hacen que la dedicación y compromiso se intensifiquen. Resulta que aprovechar esa tarde soleada de sábado pasa a ser una prioridad durante algunas horas.

Asimismo es común relacionar a los miembros activos de esta clase de torneos con la frustración por no haber llegado a ser futbolista o quedarse en el camino. Lo cierto es que es real en algunos casos, lo cual demuestra que depositar energías en un partido de sábado es la forma más eficiente para alejarse de aquellos fantasmas y recordar lo valioso que es poder jugar a este deporte, sin importar el escenario.

Los miembros de un equipo -entre cientos existentes- expresaron lo que en su mayoría sienten al respecto:

                                                                                              

En cierto punto somos todas personas frustradas...

Muchos lograron recibirse de lo que quisieron, abogados, contadores, ingenieros, y lograron desarrollarse, otros hicieron carreras en empresas, otros laburantes informales.. Unos más asalariados que otros, más o menos felices...

Pero el mayor porcentaje van a llevar tatuada la palabra frustración de por vida...

Todos quisimos ser futbolistas, vivir del fútbol, unos lo intentamos y no se nos dio; otros por mala suerte o no fueron acompañados en el camino. Algunos ni siquiera probaron...

En el fondo muchos siempre vamos a sentir que nuestra profesión era la de futbolista...

Por eso es que le ponemos tanta seriedad al equipo/grupo de amigos: indumentaria, organización, equipamiento, entrenamiento entre semana. El fin de semana cuando nos toca jugar lo hacemos con mucha seriedad y compromiso.

Luego de 5 meses de aquel último partido, el espíritu amateur mendocino sigue intacto y con más ganas de volver que nunca. Claro, una vez superada esta situación y cuando las condiciones sean favorables.

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