Sin pena ni gloria pasó la “Sinfonía azul para el vino nuevo”

Sin pena ni gloria pasó la “Sinfonía azul para el vino nuevo”

Apenas unos minutos luego de las 22, se inició el espectáculo central de la Fiesta Nacional de la Vendimia, escrito y dirigido por “Golondrina” Ruiz. El largo show no dejó mayores aspectos que destacar. Lo más rescatable, una vez más, fue el ensamble musical.

MDZ Sociedad

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El ansia tiene su fin y el show más esperado del año, el Acto Central de la Fiesta Nacional de la Vendimia, acaba de iniciar. 

Luego de que los locutores oficiales, siguiendo sus guiones, presentaran antiguas soberanas, cortes vendimiales  y a las actuales soberanas y a las candidatas, hacias las 22. 25, todo está dispuesto, con una temperatura bastante más aliviada. 

“Sinfonía azul para el vino nuevo”, escrita y dirigida por “Golondrina” Ruiz se ofrece a los ojos del mundo. 

El cuadro inicial tiende a dar una imagen de plenitud que permite la exhibición de las dos grandes herramientas para que se despliegue la creatividad del show: un potente despliegue de sonido y una abundante presencia de luces destacando el desarrollo escenográfico. 

Ya desde el comienzo se luce el ensamble musical que conduce Juan Pablo Moltisanti, con destacados artistas mendocinos. Una vez más, la música se dispara para ser uno de los puntos altos de la noche. 

Intentaremos ir deshilvanando el guion de Ruiz, si es que ofreciera una estructura narrativa que lo delate o, al menos, lo sugiera, a través de las acciones en escena. 

La primera parte del espectáculo es decididamente multitudinaria, con ritmos musicales que combinaron con eficacia colorres líricos y populares latinoamericanos.

El siguiente cuadro ofrecerá a actores intentando presentar el conflicto; qué es la nota azul. 

El show, hasta ahora, tiene gran presencia de actores y poca de bailarines, y una historia que, decididamente, no está calando en el público que, correcto, contempla expectante, pero distante. 

El vestuario y la utilería menor, junto a las cajas de luces, acompañan a la música en vivo en cuanto a lo más destacado. El guion, una vez más, parece naufragar, entre palabras sin mayores esmeros.  

Los cuadros se suceden unos tras otros y, a pesar de haber mucha palabra dicha, el guion no aparece. A nivel visual, las escenas colectivas buscan el impacto, mientras que las más acotadas, con presencia de actores, intentar "explicar" lo que sucede, sin mayor éxito. 

El show es contemplado respetuosamente, pero no emociona ni despierta mayores adhesiones. Otra vez sopa, podremos decir. 

En tanto, el actor que hace de director de una orquesta, sigue buscando su nota azul, mientras los asistentas buscan emocionarse y poner lo mejor de sí, para que se oigan los aplausos, porque la casa está llena de visitas. 

La música en vivo, por lejos, es lo mejor del espectáculo. 

Ya hacia el final, podemos decir que la "Sinfonía azul para el vino nuevo" se trató de un conjunto de glosas, del tipo escolar, profusamente adejtivadas, intentando generar algún tipo de climas, pero sin contar nada apreciable.

Unos tras los otros, los cuadros fueron pasando sin pena ni gloria, aunque con los aplausos del público que, definitivamente, siempre está. 

Lo mejor, entonces, de esta fiesta, nuevamente es el conjunto de músicos, dúctiles, talentosos y definitivos, mérito, en primer lugar, de su director Juan Pablo Moltisanti. 

Ejemplo acabado del desmadre sin madre, fueron tres tangos enganchados que aparecieron, sin más, en el desarrollo. impecablemente ejecutados, muy bien bailados, pero desubicados de lo que pudo haber sido un guión y no fue. 

"Sinfonía azul para el vino nuevo" pasó por el Frank Romero Day sin dar con la famosa nota y una estructura que la sostenga. 

Pasó otro show, que no dejará mucho recordar. 

 

 

 

 

 

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