¿Qué significa la cuarentena según la Bioexistencia Consciente?

¿Qué significa la cuarentena según la Bioexistencia Consciente?

Ya te contamos cómo interpreta esta corriente al Coronavirus. Ahora Lucrecia Bianchi descifra qué mensaje nos trae la cuarentena.

Muriel Del Barco

Muriel Del Barco

Esta corriente que fusiona la Decodificación Bioemocional y su profundización transgeneracional llamada REORIxINS, liderada entonces por Pablo Almazán y Lucrecia Bianchi, decodifica qué hay detrás de esta pandemia denominada: Coronavirus y de sus múltiples síntomas.

En esta segunda parte, Lucrecia nos habla de la cuarentena y sus síntomas. 

¿Por qué a muchos le resuena esta etapa con la guerra?

Estamos en un momento único que está viviendo la humanidad. No tenemos, en nuestra memoria actual, un hecho mundial como este. Nos remontamos a situaciones que pueden haber vivido nuestros ancestros, a memorias viejas, pero que ahora de manera simbólica, pero igualmente global, estamos experimentando de una manera más “licuada”, como me decían en uno de los mensajes que recibí. A muchos (por no decir todos) se les representa un “reflejo de guerra”, ese es el sentimiento mayoritario.

Al margen de comprender las emociones que pueden estar detrás de los síntomas del coronavirus, es importante comprender, que toda la realidad es un síntoma en sí, si se vive como tal.

¿Qué síntomas creés que estamos manifestando hoy?

Para nosotros, todo lo que hace a que la vida sea vivida como no plena, es un síntoma. Así que, en la realidad de hoy, cada cual debe estar atento a esos síntomas, más que a los del Coronavirus en sí. Porque ese es el mensaje que esta realidad le está otorgando.
Cada cual está viviendo su propio proceso en su mundo, dentro de un mundo mayor. A cada uno esta situación le está despertando diferentes cosas.

Se puede estar viviendo esta realidad de muchas maneras, con "una felicidad absoluta por estar en casa”, “miedo a morir”, “ira por sentirme forzado a hacer algo que no quiero”, “bronca por estar encerrado”, “tristeza”, “sentimiento de sumisión a un autoritarismo”, “miedo a que le pase algo a un ser querido”, “miedo a perder mis ingresos”, “miedo a perderlo todo”, “impotencia por no poder ir a donde quiero”, “angustia por sentirme separado de familiares”, “rechazo por estar en familia”, etc. 

Todos nos sentimos de maneras muy diferentes, como consecuencia de las memorias que portamos. No me quedan dudas hoy que ese “escenario exterior” fue el necesario para la activación de un ciclo de “guerra” que estamos transitando. Un ciclo de tiempo perfecto. Todo es una creación de un Universo Personal que, activará en cada uno el propio “chip” de sus memorias ancestrales. Las memorias que hayan dado por resultado vida. 

¿Entonces creés que tenemos que sanar nuestras memorias de guerras?

Mirando hacia atrás, las guerras han estado desde que la humanidad existe. Somos descendientes de ellas. Y observando en lo más cercano, a lo familiar conocido, representado por nuestros ancestros. Padres, abuelos, o bisabuelos, según la edad que tengamos, han pasado por guerras reales, y gracias a todo lo que ellos vivieron, y digo absolutamente todo, estamos hoy aquí, existiendo.
Sus vidas completas fueron un éxito absoluto en términos biológicos. 

Las generaciones actuales, son descendientes de los que han sobrevivido a esas Guerras Mundiales. Nunca más perfecto y claro el mensaje para nuestro inconsciente biológico que es el encargado de mantenernos con vida bajo el mecanismo de la “supervivencia”.


Todo lo que dio por resultado vida tiende a repetirse, y todo lo que dio por resultado muerte tiende a evitarse. 
El Gran Cuerpo que es la Humanidad también tiene sus propias reglas. El Inconsciente Individual responde a una orden superior que es la del Inconsciente Colectivo, ya que la finalidad de ese inconsciente es la supervivencia de la especie por sobre la de los individuos.

Pero no somos solo biología, los dolores del alma quedan como marcas que “viajan en el tiempo” y aún sangran en nuestras vidas. Y eso es así porque el tiempo es un misterio. El tiempo no es lineal como lo percibimos. El pasado y el futuro están juntos en el eterno aquí y ahora. 


Esas memorias reflorecen, a modo de una nueva realidad a través nuestro. Esas memorias, operan en nosotros porque somos ellos, en la información de cada célula y en cada plano de la existencia. Por eso el ciclo tiende a repetirse aunque sea de manera simbólica. Porque esos dolores claman por ser sanados.

Como dije, gran parte de los que hoy habitamos el planeta somos el resultado de los sobrevivientes y los que emigraron buscando huir de la Primera Guerra Mundial o post guerra. En la que “casualmente” una vez finalizada, una gran epidemia arrasó con más personas que la guerra misma (llamada gripe española), justo hace un siglo, entre 1918 y 1920. ¿Para pensarlo, no?


Cito a la primera Guerra a modo de ejemplo, pero son esos grandes hechos Mundiales, los que hacen eco en el presente, porque atravesaron todas las capas, desde lo colectivo a lo individual,. Digo esto para hacer didáctica la explicación, aunque sabemos que siempre el universo es personal.

Siento que esta realidad que creamos hoy, nos permite sanar muchos dolores que han quedado suspendidos en el tiempo. 

Entonces durante estos días podríamos reflexionar...

Sí. En que nos vemos “forzados” a estar dentro de nuestras propias casas, a meternos bien profundo también dentro de nuestro Ser. 
A repasar nuestras memorias y traerlas a nuestra consciencia. Porque ellas son quienes nos están operando en estos días de manera inconsciente. Si las traemos al consciente, vamos a comprender un poco más nuestros procesos actuales y seguramente los miedos se disiparán, porque sabremos que no son propios, son miedos viejos, de una guerra real antigua. Los exilios, las pérdidas y separaciones, dieron por resultado, al fin y al cabo, que estemos hoy en este presente. Fue un paso necesario para que vivamos hoy nuestra existencia.

Tengamos un pensamiento, con los ojos cerrados, hacia adentro, agradeciendo a esos ancestros valientes, a esos abuelos, bisabuelos o a esos padres… Que atravesaron por esas historias de vida crudas, en las que perdieron familia, casas, tierras y la posibilidad de dar alimento a sus hijos. A esos que se vieron “forzados” a hacer cosas que no hubieran elegido hacer, coartados en sus libertades, prisioneros, desterrados, a los que se sintieron solos, y a los muchos que lo perdieron todo.


Hoy es el día de honrarlos, de decirles “gracias por todo lo que viviste, valoro todo lo que sufriste, porque todo eso hizo posible que hoy esté yo aquí en esta vida que elegí vivir”. Ese agradecimiento nace de la identidad que tenemos, sabiendo y reconociéndonos el Todo que somos. Ese Todo que somos que hoy reconoce y abraza a esa partecita de sus memorias, como quien abraza a su propio niño herido. Esto que estamos viviendo es solo un recuerdo de sus historias.

Nuestros miedos son recuerdos de sus miedos, lo que nos irrita es lo que a ellos les provocó dolor. Y la forma que hoy puede tener nuestra realidad puede ser una reparación de lo que les faltó o desearon con todo su Ser.

Que las familias estén juntas o separadas transitando esta cuarentena, puede ser la repetición de un esquema que dio por resultado vida o el intento de evitar lo que dio por resultado muerte. Todo es perfecto.

Llevar paz y conciencia a nuestro “aquí y ahora”, saber que lo que estamos viviendo puede ser lo que a ellos les ha quedado trunco en sus vidas, es la mejor manera de honrarlos.

No perdamos esa oportunidad.

Cuando todo esto pase, aquellos que hayan comprendido y como consecuencia trascendido sus memorias, seguramente sentirán algo que desde una mirada netamente biológica, hoy parece imposible.

Un agradecimiento al Coronavirus. Agradecimiento por ayudarnos a sanar aquellas memorias.

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