Perennials al ataque: por qué ser "viejo" es una virtud

Perennials al ataque: por qué ser "viejo" es una virtud

Argentina está dentro de la tendencia mundial de revalorización de los adultos mayores. Lo que parecía una "dictadura" de la juventud, ahora se ve contrarrestada con otra revolución

MDZ Sociedad

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Por Victoria Chales

Cuando la tendencia mundial es a una mayor longevidad y a la extensión de la calidad de vida, tanto el mercado como las políticas públicas dejan afuera a 6 millones de personas en Argentina por considerarlos “viejos”.

Si se piensa en una persona mayor de 60 años, se cierra los ojos y se evoca una imagen. ¿Qué es lo primero que se ve? Una abuelita con sus nietos, un viejito en un banco de plaza, una persona arrugada que con dificultades cruza la calle o se desplaza, etc. Si alguna de estas o similares imágenes se proyectaron en tu cabeza, está muy lejos de la realidad que viven las personas mayores.

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Foto Juani Tapia

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En la Argentina la esperanza de vida actual para la Organización Mundial de la Salud es de 74/80 años. Incluso nuestro país se encuentra arriba de la media global no sólo en este aspecto, sino en la esperanza de vida saludable, es decir de salud plena: mundialmente es 63,3 y en Argentina es de 68,4. Este fenómeno social no tiene vistas de detenerse, por lo que cada vez habrá más mayores de 60 que jóvenes. Según el Observatorio de la Deuda social argentina en su capítulo específico sobre adultos mayores se proyecta para 2050 que un 20% de la población tendrá más de 64 años.

Ahora bien, esto dista de significar que vamos camino a aumentar la mal llamada “clase pasiva”. Lo cierto es que las personas mayores vencen constantemente los prejuicios de un sistema productivo que nos separa por edades cronológicas y privilegia casi encandilado a la juventud y específicamente a los millenials.

Inés Castro Almeyra, politóloga e investigadora sobre el tema, explicó en diálogo con MDZ que “las personas mayores de 60 son innovadoras, vitales, tienen ganas de trabajar, de divertirse, se pueden valer por sí mismos en su gran mayoría y lejos de la imagen triste del viejo solo, el 80% dice ser feliz”. Castro Almeyra, co-fundadora de Nau, experiencias compartidas, relata los mitos que conservamos sobre una vejez que no es tal. “Primero que nada, hay que entender que no hay una sóla vejez, sino “vejeces””, aseguró.

Hay personas que ya grandes quieren trabajar, otras que no. No son todas iguales, ni tampoco hay una uniformidad de los 60 en adelante. Desde el marketing no se duda en segmentar el público de 20 años bien distinto al de 30. Incluso en las redes sociales se encuentran períodos aún más breves. Pero hacia el final sólo dice 60 y más.

El estereotipo de “son todos viejos, es igual” no sólo es estigmatizante culturalmente, sino que es también una oportunidad de negocio que se desperdicia. Condenados a la ortopedia, la enorme y diversa avidez de consumo de este segmento demográfico no encuentra productos y servicios acordes al estilo de vida que llevan o quisieran llevar. Lo propio sucede en el mundo laboral. Aún cuando está comprobado que la incorporación de personas mayores de 50 años aumenta las probabilidades de éxito de un emprendimiento, lo cierto es que 8 de cada 10 búsquedas laborales excluyen a los mayores de 45.

La fascinación por la juventud no es más que la expresión de una división de la sociedad atada a la edad cronológica que en estos días está incluso dejando de ser un indicador de nuestra salud. “En el hospital italiano, en Buenos aires, en vez de preguntarle a la gente o mirar tanto los análisis y como le dan los resultados, lo que hacen con las personas mayores es preguntarles qué es lo que hace usted durante el día o cuantos amigos tiene? O cual es el propósito por el que se levanta usted cada mañana? Porque esos son indicadores mucho más valiosos que los que nosotros tenemos de la medicina formal de alguna manera”, aseguró  Inés Castro Almeyra a MDZ Radio.

Por eso Gina Pell, empresaria tecnológica, acuñó un término que explica muy bien por qué la edad cronológica ya no sirve para describirnos, o por qué a Mick Jagger no le decimos abuelito y nos olvidamos que la ambientalista Greta Thunberg es sólo una adolescente. Se trata de los perennials, personas que no agotan su curiosidad, que comparten una mentalidad que no puede ser ceñida a la línea de tiempo unidimensional que va desde el nacimiento a la muerte. No se trata de un grupo de personas mayores que rompen nuestros prejuicios sobre la vejez (aunque también lo hagan), si no de nombrar una realidad transversal a un mundo que va en una dirección distinta y debe ser atendida. La edad ya no importa, los perennials lo saben y reclaman su lugar.

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