Sandra, la activista cultural comprometida con la literatura mendocina

Sandra, la activista cultural comprometida con la literatura mendocina

Una de las pioneras en la difusión de las letras locales es Sandra Flores Ruminot, una poeta y docente que desde hace cuatro años lleva adelante Payana, una librería ambulante que reúne las obras de escritores locales para su venta y distribución.

Nicolás Munilla

Nicolás Munilla

Mendoza no es solo la tierra del sol y del buen vino, también es un terruño de buenos escritores que enriquecen el patrimonio literario local. Sin embargo, durante muchos años los poetas, cuentistas, novelistas y dramaturgos oriundos de la provincia no encontraban los espacios necesarios para divulgar sus trabajos y lograr algún rédito económico que, al menos, les permitiera sostener su producción artística, situación que mejoró recientemente pero sobre la que aún queda mucho por avanzar.

Una de las pioneras en la difusión de la literatura mendocina es Sandra Flores Ruminot, una poeta y docente que lleva adelante Payana, una librería ambulante que reúne las obras de escritores locales para su venta y distribución en un sencillo puesto que funciona todos los sábados a la tarde en la Alameda.

Payana cuenta con un importante stock de publicaciones provenientes de editoriales mendocinas y cuyanas como El Andamio, Grita Manso y Ediciones Culturales Mendoza, entre otras, hasta autogestionados y fanzines propios de circuitos off. El único requisito para los escritores es entregar en consignación al menos tres ejemplares de su obra.

“Este proyecto nació hace unos cuatro años, cuando publiqué un libro y no tenía dónde venderlo, y aunque lo llevaba a algunas librerías siempre terminaba durmiendo en los estantes porque nadie se ocupaba de que tuviera un buen espacio de exhibición. A la vez, en Tunuyán mis amigos Vicki Paganini y Mariano Ramírez tenían la idea de crear un sitio para difundir autores mendocinos, así que nos juntamos y armamos el espacio Payana. Por distintas circunstancias, ellos se fueron y me quedé yo sosteniéndolo todo este tiempo”, repasa Sandra durante una conversación con MDZ.

Además del puesto fijo en la Alameda, Payana visita las ferias de libros y hace entregas a domicilio, tareas que requieren mucho trabajo, esfuerzo y energía que no derivan en una recompensa monetaria, pero sí en la satisfacción de que sus libros encontrarán manos que los abran y ojos que los lean: “La idea no es solamente vender ejemplares, sino difundir la literatura mendocina para que la gente conozca lo maravilloso que tenemos en nuestra cultura”, sostiene.

Con ayuda de las redes sociales y los recorridos en los ámbitos culturales y las escuelas, Flores Ruminot trata de abarcar la mayor cantidad de espacio de difusión posible, con resultados bastante satisfactorios a nivel de lectores y escritores: “Cuando la gente conoce el material se sorprende gratamente por la calidad y la cantidad de literatura surgida en la provincia. Otra de las virtudes de Payana fue haber reunido tantos autoras y autores mendocinos que hayan confiado plenamente en mí depositando sus libros en consignación”, asegura.

Más allá de una variadisima oferta literaria, el feminismo ocupa un espacio muy especial en Payana. Comprometida desde siempre con la defensa de los derechos de las mujeres, Sandra asimismo participa en una colectiva de poetas diversas que aborda temáticas relacionadas con el género. “Eso te modifica como persona y te hace dar cuenta la falta que hacen estos espacios en la sociedad, siendo que Mendoza tiene muchísimo crecimiento de escritoras mujeres y de géneros diversos que aún no se conocen y necesitan ser leídos y escuchados”, aclara.

Al mismo tiempo es una ferviente impulsora de los espacios alternativos para la expresión libre de la cultura, como el Contrafestival Internacional de Literatura y Otras Artes que se realizó entre el 14 y 17 de noviembre en distintos sitios del área metropolitana y que fue totalmente autogestivo. “Queríamos que fuera independiente en todo sentido para garantizar la libertad creativa de los participantes. Fue una experiencia muy enriquecedora, emocionante y sorprendente por los proyectos excelentes que se presentaron”, resalta.

Su compromiso con la cultura también incluye la educación, enseñando teatro en escuelas primarias y secundarias: “Me sirve muchísimo para generar espacios de discusión sobre las realidades que nos interpelan. Por ejemplo, este año charlamos y leímos mucho sobre los estereotipos, lo que me permitió crear escenas para que los chicos y chicas trabajaran teatralmente esa temática y reflexionaran y tomaran mayor conciencia sobre ello”. 

“Es un espacio libre y creativo donde los alumnos y alumnas pueden expresarse libremente sin prejuicios, desarrollar sus habilidades con pocos recursos materiales y ayudarlos a crear vínculos entre ellos y su entorno”, concluye.

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