La Casa de Mendoza se adelantó a los graffiteros
Más temprano que tarde, todas las fachadas porteñas terminan con el inconfundible sello de graffiteros no siempre inspirados o talentosos. Para no correr ese riesgo, la Casa de Mendoza en Buenos Aires hizo un trabajo de embellecimiento que incluyó dibujos originales y alusivos a la provincia.
Para esa tarea convocó al muralista mendocino Jermindo Gutiérrez Cedro, quien dibujó la persiana metálica de esa repartición con la idea de poner en valor la Casa de Mendoza, no sólo con las diferentes actividades que se desarrollan en esa institución sino también en lo que se refiere a lo edilicio.
El artista plasmó en el dibujo el símbolo más representativo de Mendoza: el vino como bebida nacional haciendo hincapié, además, en los 200 años del Cruce de Los Andes con la figura del General José de San Martín.