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Los sueños y nuestro cerebro

¿De qué están hechos los sueños? ¿Para qué sirven? ¿Por qué son distorsionados, fragmentados y fantásticos? ¿Qué beneficio reportan?

"¿Alguna vez has tenido un sueño que parece tan real que no lo puedes distinguir de la realidad? Y si no pudieras despertar de ese sueño, ¿Cómo sabrías que estás soñando?", De "Matrix".

Cuando soñamos, solemos creer que permanecemos lúcidos. Nuestros sueños son tan reales que cuando despertamos tardamos unos minutos en darnos cuenta de que sólo ha sido eso, un sueño. ¿De qué están hechos los sueños? ¿Para qué sirven? ¿Por qué son tan distorsionados, tan fragmentados y tan fantásticos? ¿Qué beneficio nos reportan?

Todavía me acuerdo la escena. Tenía 5 años. Salté de mi cama y salí corriendo por el pasillo gritando: "¡los caracoles que vuelan!" hacia la cama de mis padres. Cientos de caracoles alados me perseguían. El contenido del sueño se remontaba a la mañana de ese día, momento en el que había ayudado a mi abuela a buscar caracoles para cocinar y la anécdota todavía resuena en alguna reunión familiar. El sueño no es una situación pasiva ni una falta de vigilia, es un estado activo en el que tienen lugar cambios de las funciones corporales y de las actividades mentales que son muy importantes para el equilibrio psíquico y físico de las personas.

Hasta hace algunos años atrás, los sueños eran centro de incumbencia de chamanes, místicos, esotéricos, brujas y literatos visionarios. Hoy en día la Ciencia se encuentra abocada a comprender la naturaleza del soñar usando técnicas como electroencefalogramas (EEG), polisomnógrafos (aparatos similares a los detectores de mentiras que monitorizan la actividad de determinados signos fisiológicos) y las modernas técnicas de exploración cerebral, como escáners y tomógrafos de emisión de positrones (PET).

A lo largo de las historia, encontramos explicaciones antagónicas de los sueños: las de carácter psicológico y las de tipo neurofisiológico.

Los primeros intentos de abordar el misterio de los sueños desde planteamientos científicos son relativamente recientes. En su obra La interpretación de los sueños, Sigmund Freud describe el mundo onírico como el "camino real hacia el inconciente" (el inconciente vendría a ser el lugar donde se reservan contenidos que deben mantenerse lejos del campo de la conciencia). Para el padre del psicoanálisis, cuando el cerebro racional duerme, los deseos atrapados en el inconsciente usan a los sueños para acceder a la conciencia. Es decir que para Freud los sueños buscaban cumplir deseos inconcientes.

En el año 1957, un fisiólogo llamado William Dement comenzó a investigar con gatos. Comprobó que los humanos no eran los únicos mamíferos que sueñan. Hoy sabemos que las aves y hasta los reptiles también sueñan. Usted podrá pensar que esta información no tiene relevancia, pero sí: nos indica que el sueño responde a un esquema evolutivo y tendría la misión de: recuperación fisiológica de las funciones mentales, conservación de la energía, consolidación de la memoria, gestión de datos, termorregulación y detoxificación cerebral, entre otras.

Lo que sabemos es que durante el sueño, la entrada de estímulos externos resulta muy limitada, por lo tanto, la información interna derivada de motivaciones, experiencias pasadas, deseos y hasta temores y esperanzas cobra importancia, "adueñándose" de nuestro cerebro . Así, el soñar sería una adaptación libre de lo que hemos ido elaborando durante ese día y días anteriores.

Pierre Maquet, neurólogo belga, descubrió que, durante el sueño, las áreas cerebrales relacionadas con la visión y las emociones trabajan activamente, lo que explica por qué tenemos imágenes tan vívidas y con fuerte carga emocional. Sin embargo, la corteza prefrontal (que se encarga del pensamiento racional y el control del movimiento), se encuentra casi inactiva, lo que explica por qué nuestros sueños tienen distorsiones temporales y nos resultan irracionales.

Hasta acá, teoría va, teoría viene, podemos entender mínimamente lo que ocurre en nuestra cabeza cuando soñamos, pero la pregunta del millón sería: ¿Qué necesidad hay en vivir una extraña película cada vez que nos dormimos? La hipótesis que tiene más peso para responder a mi pregunta dice que los sueños sirven para limpiar las redes neuronales de conexiones superfluas y recuerdos que, si permanecieran recargarían al sistema. Esto sería algo así como cuando limpiamos el disco rígido de nuestra computadora, eliminando archivos que ya no vamos a necesitar.

La ganancia secundaria de esa limpieza es que se consolida la memoria, rescatándose aquellas experiencias que nos serán útiles a nivel evolutivo y personal. Está demostrado que, luego de un descanso en el que se ha soñado bastante, la información que ingresó se recuerda más efectivamente.

Así que, independientemente del contenido loco, de las asociaciones incomprensibles, de las pesadillas aterrorizantes, de las visiones hermosas, de las emociones divertidas, los sueños nos invaden a todos, que no los recordemos, es otro cantar. Después de todo, como decía Calderón de la Barca: "los sueños, sueños son" y, como digo yo, reinan en nuestro cerebro durante unos momentos para garantizar que sigamos funcionando adaptados al medio.

Lic. Cecilia C. Ortiz, Mat: 1296, licceciortiz@hotmail.com