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El insomnio y el cerebro

Cada vez más personas se quejan por dormir mal. Las alteraciones del sueño tienen más consecuencias en el cerebro de las que creemos. Los invito a leer el artículo y enterarse cuáles.

"El insomnio no es buen consejero. Lo único que permite ver con claridad son las consecuencias de la falta de sueño, y esa obviedad anula pensamientos y sentimientos", Carlos Monsiváis

"He tenido problemas para dormir desde que me acuerdo. Me despertaba muy temprano y no volvía a conciliar el sueño, al punto que solo dormía una o dos horas por noche. Había días en que me la pasaba de mal humor, irritable, cansado y con dolor de cabeza. También he padecido problemas de memoria y de falta de concentración. Eso es grave para cualquiera, sobre todo para mí, que soy médico".

La Naturaleza es sabia, decía mi abuela, y, si nos pasamos un tercio de nuestra vida durmiendo, por algo será. Tal vez todas las funciones del cerebro y del cuerpo, sin exclusión, sean influidas por la alternancia de la vigilia y el sueño. Existe acuerdo sobre el hecho de que el sueño reinstala o restaura las condiciones del cerebro que se tenían en el comienzo de la vigilia precedente.

El sueño tiene una arquitectura, es decir, un diseño básico sobre el cual se va edificando la acción de dormir.

Existen dos tipos de sueño bien diferenciados: el sueño de movimientos oculares rápidos (MOR), y el sueño de ondas lentas, también conocido como sueño No-MOR (No Movimientos Oculares Rápidos). El sueño de ondas lentas o No-MOR está compuesto por cuatro estadios, que se hallan relacionados con los distintos grados de profundidad del sueño. Aparecen así, sucesivamente, estadios 1 y 2 o de sueño superficial o ligero y estadios 3 y 4, que corresponden al sueño de ondas lentas o profundo. Durante el mismo, disminuye la frecuencia cardíaca, la tensión arterial y el flujo sanguíneo cerebral, aumentando el flujo sanguíneo muscular y la secreción de hormona del crecimiento. En el sueño MOR, la frecuencia cardiaca y la tensión arterial son fluctuantes.

Cuando nos dormimos, iniciamos el sueño en fase 1, que dura unos pocos minutos, seguido de fase 2 y, posteriormente, pasamos a sueño profundo o lento, estadios 3 y 4. Luego, transcurridos 60 a 90 minutos, sigue un período MOR. En un adulto, durante una noche de sueño normal, del 75 al 80% del total de sueño es sueño No-MOR. La duración del sueño MOR ocupa entre el 20 y el 25% del total del sueño.

La arquitectura del sueño sufre cambios desde el nacimiento hasta la vejez. En las personas mayores, es una queja frecuente la aparición de despertares precoces y la imposibilidad de volverse a dormir. El sueño es más fragmentado, lo que hace que los períodos de vigilia nocturnos aumenten. Además, los mayores presentan mayor facilidad que las personas más jóvenes, para efectuar siestas y cabeceadas durante el día. También el sueño lento profundo se afecta con el paso de los años. A partir de los 40 disminuye progresivamente la proporción del estadio 4, y puede llegar a desaparecer totalmente a partir de los 70 años. Así, en el anciano el porcentaje del sueño de ondas lentas es del 5% al 10%. El sueño MOR se modifica poco con la edad y su proporción permanece estable en los sujetos sanos hasta edades muy avanzadas.

El Dr. Juan Ignacio Bacha, psiquiatra de nuestro medio, nos cuenta que la alteración del sueño que se desvía de lo esperable para la edad, se denomina insomnio, que es la dificultad para iniciar el sueño, para mantenerlo y/o despertarse muy temprano sin poder conciliarlo nuevamente, acompañado de una disminución en la productividad durante el día, que persiste por lo menos durante más de 4 semanas. El insomnio es un síntoma, no una enfermedad, por lo que siempre tiene causa médica identificable y tratable.

Está ampliamente demostrado que la falta de sueño o la mala calidad del mismo interfiere negativamente con nuestras funciones cognitivas, generando trastornos atencionales e irritabilidad, alteración en la memoria a corto plazo y largo plazo, marcada disminución de la capacidad discriminativa y toma de decisiones. Inclusive pueden desarrollarse alucinaciones y trastornos del equilibrio, de visión y expresión a través del lenguaje.

Hoy, también sabemos que los trastornos del sueño no tratados adecuadamente, pueden exacerbar las alteraciones cognitivas y psiquiátricas de pacientes con demencia. Inclusive, pueden aumentar el riesgo de accidentes nocturnos, comprometiendo la calidad de vida de los pacientes.

Además, para muchos pacientes que sufren de depresión y/o ansiedad, el insomnio es un problema serio, generando un circuito que se retroalimenta: mientras más ansiosos y/o deprimidos estamos, más se dañan los circuitos que alternan sueño-vigilia, lo que acentúa los síntomas de depresión y/o ansiedad...y así continúa la espiral.

Como nos cuenta el Dr. Bacha, en la actualidad, el aumento de la población envejecida y el incremento del estrés y alteraciones en el estado de ánimo han posicionado al insomnio como uno de los motivos frecuentes de consultas psiquiátricas. 

Es sumamente común escuchar en la consulta: "cuando me acuesto no puedo dejar de pensar en lo que me pasó hoy, o en lo que tendré que hacer mañana", o "me dan vuelta en la cabeza los asuntos pendientes", también son frecuentes las frases "tengo bruxismo", "me levanto con dolor de cuello y de cabeza", lo que deja traslucir un sustrato de tensión. Muchos pacientes, además, concurren al médico luego de abusar de medicamentos, que, muchas veces no son adecuados para resolver el problema, perpetuándolo: "mi amiga me dijo que tome alprazolam, a ella le solucionó la vida", "he probado con clonazepam, pero al otro día parezco un zombie", "me dijeron que la melatonina es bárbara".

Lo cierto es que la angustia de querer dormir y no poder hacerlo es desvastadora. Así, quizás una dificultad, termina desatando un gran problema: estamos preocupados, o deprimidos, o grandes, quizás; nos cuesta dormir bien, al día siguiente no podemos concentrarnos, nos ponemos irritables, estamos cansados, escuchamos por ahí que tal o cual pastillita hace maravillas, la tomamos, no nos hace efecto, probamos otra, y otra, cada vez tenemos más problemas para descansar adecuadamente, con lo cual, cada vez nos concentramos menos, recordamos menos, estamos más y más irritables....y así sigue.

Nuestra actividad está regida por los ciclos de luz y oscuridad. Cuando es de noche, se duerme. Esto posibilita que al día siguiente, si hemos descansado adecuadamente, estemos productivos. Si esto no ocurre, nos sentimos pesados, cansados, nos cuesta iniciar tareas, tomar decisiones, focalizarnos, nuestro cerebro ha sufrido un desequilibrio e intenta decirnos algo. Escuchémoslo y tomemos los recaudos necesarios.

Lic. Cecilia C. Ortiz / Mat: 1296 / licceciortiz@hotmail.com