Los factores que alteran nuestra atención
Cuenta el mito que Narciso, un joven muy hermoso, parece, miró su imagen reflejada en un espejo de agua, y quedó prendado, tanto, que no pudo despegarse de ella y permaneció tan atento mirándose, que dejó de comer y beber hasta que murió.
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Me gusta usar esta historia para explicar cómo, a partir de factores internos, la atención puede alterarse y poner en peligro nuestra adaptación.
Cuando hablo de factores internos, me refiero a aquellos elementos que dependen de la persona y que influyen en la captación e interpretación que se hace de los estímulos, transformándolos en atractivos para atender o no.
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Existen factores internos de origen estructural, esto significa que hay alteración en las zonas cerebrales que sostienen la atención o en los circuitos neuronales que las comunican. Es lo que observamos en patologías como el trastorno por déficit atencional, las demencias, algunos tipos de epilepsia, esclerosis múltiple, etc.
La acción de sustancias como psicofármacos, tabaco, alcohol y otras drogas también influye en el monto de atención que podemos prestar. ¿No le ha pasado que después de una borrachera terrible no puede acordarse de nada? No le eche la culpa a su memoria. Lo que ocurre es que el alcohol actúa como depresor del sistema nervioso central, entonces, nuestra atención funciona notablemente en menos, con lo cual, los estímulos no entran como deben, luego, si no ingresan bien, no podremos evocarlos.
Pero existen también factores internos, que podríamos llamar funcionales, es decir, no se detecta correlato anatómico de la alteración, pero hay algo que falla, dificultando el proceso.
Yo de chica estudié piano, y mi padre me inculcó el amor por la música clásica, y me pasa que cada vez que escucho un concierto de piano y orquesta, no puedo evitar atender más a la melodía que dibujan las teclas que al resto de los instrumentos. Mi experiencia orienta mi atención hacia aquello que me resulta más familiar y adaptativo.
El cerebro busca constantemente la adaptación del organismo, y como es muy vivo, a veces con una sola vez que algo ocurra, ya aprende a estar alerta a determinados signos relacionados para responder en consecuencia: "el que se quemó con leche ve una vaca y llora", dice el refrán.
Seguramente le pasó (porque es un clásico) de dejar las llaves del auto por cualquier lado, hasta que las perdió una vez, razón suficiente para comenzar a prestar atención a dónde las coloca.
Estos ejemplos muestran cómo las experiencias del pasado orientan nuestra capacidad de atención hacia los estímulos que nos resultan importantes para sobrevivir.
Se han conducido investigaciones en grupos de soldados que luego de la guerra han quedado "sensibilizados" a los estruendos de balas y bombas, adoptando conductas de autoprotección cuando escuchan algún ruido fuerte.
¿Alguna vez tuvo mucha hambre, pero tanta hambre, que no podía pensar más que en comida? Los estados de necesidad hacen que estemos más atentos a ciertos estímulos y desinteresados en otros. Nos pasa cuando esperamos el llamado de un ser querido y estamos pendientes del teléfono, atentos a su sonido, obviamente, el resto de estímulos pasa a segundo plano.
Muchas de las dificultades atencionales están en el desinterés. Tan sencillo como que si un tema no nos interesa, no nos "engancha", difícilmente podamos conseguir prestarle atención. A veces ocurre que una película no logra atraparnos con su trama, entonces nos aburre y dejamos de verla.
Nuestro cerebro busca regularidades, es decir, estímulos ordenados que concuerden con nuestra manera particular de enfocar el mundo. En este sentido, las creencias juegan un papel muy importante. Si yo pienso que Juan es un irresponsable, seguramente estaré más atenta a las conductas de Juan que confirmen mi creencia sobre su irresponsabilidad que a las que muestren responsabilidad. Cada uno va construyendo su realidad en interacción constante con el medio, así, dibujamos la realidad desde esquemas mentales que nos hacen más receptivos a ciertos estímulos y más neutros hacia otros.
Un capítulo más que especial es el que escriben las emociones. Cuando estamos tristes, ansiosos, angustiados, excitados o estresados, nuestro foco atencional se reduce notablemente, como nos explica el doctor Juan Ignacio Bacha. La emoción intensa hace que dirijamos la atención hacia aquello que nos preocupa y la quitemos de otros estímulos (efecto túnel). He escuchado (y, si les soy sincera, me ha ocurrido) a muchas personas contar que van manejando y de repente se encuentran en un lugar distinto al que iban, o toman un camino diferente; el doctor Bacha lo ha denominado "piloto automático": vamos tan metidos en nuestro foco problemático que quitamos la atención de la tarea que debemos llevar a cabo.
El estar cansado físicamente, el haber dormido poco o no haber tenido un sueño reparador, descienden el nivel de activación, lo que genera que nos cueste estar alertas. Cuando tenemos sueño y alguien no para de hablarnos, tenemos una sensación de aturdimiento tal que no nos permite atender a lo que el otro nos dice.
En síntesis, nuestra atención es una función muy lábil y está supeditada a una multiplicidad de factores; además, como es el filtro a través del cual ingresa la información, sus fallas afectan al resto de las habilidades cognitivas, como memoria, lenguaje, visuoconstrucción, etc.
Bien, ahora desafío al lector a que, sin mirar, recuerde la primera frase del subtítulo de esta nota. Si puede hacerlo correctamente, lo felicito, ¡su capacidad de atención es muy buena! Si no pudo hacerlo, no se haga problema, lo espero en la próxima nota para darle algunas técnicas para mejorar su nivel de activación.
Lic. Cecilia Ortiz. Mat: 1296. licceciortiz@hotmail.com