La atención: ese radar radicado en nuestro cerebro
Los invito a emprender un viaje a través de nuestro cerebro. La puerta de entrada es la atención. Cómo funciona; qué la afecta; cómo podemos entrenarla. Lo iremos viendo.
-
Te puede interesar
Pronóstico en Mendoza: domingo ventoso y con descenso de temperatura
El verdadero arte de la memoria es el arte de la atención. Johnson, Samuel
-
Te puede interesar
Accidentes en el hogar en adultos mayores: cómo prevenirlos
Cuando hablo de atención, suelo hacer una analogía con un radar. El radar es un aparato que va "barriendo" constantemente un campo para indicar la presencia de un objeto.
Nuestro cerebro tiene la importante tarea de posibilitar nuestra adaptación al medio que nos rodea, porque, si no nos adaptamos, perecemos. En este sentido, podríamos decir que la atención es su asistente número uno; va rastreando el espacio que nos rodea para captar información que pueda resultarnos útil.
Así, nuestros ancestros en la escala evolutiva, necesitaban estar alertas para, ante un evento que amenazara la vida, poder atacar o huir. Obviamente, con el transcurrir del tiempo, la capacidad de atención se fue ampliando, hoy necesitamos prestar atención para estudiar, para manejar, para ver una película, etc. Aun así, sigue teniendo la función de mantenernos en contacto con el medio que nos rodea.
Entonces, vamos manejando, escuchando música o charlando, de repente, escuchamos el ruido de una sirena e inmediatamente actuamos en consecuencia. Nuestra atención desplazó su foco desde un tópico (música o conversación) a otro que surgió de manera inesperada.
Otra: estamos concentrados leyendo, cuando se vienen a nuestra mente las cosas que nos quedaron pendientes, motivo suficiente para que nos cueste volver a focalizarnos en el artículo.
Supongamos que estoy haciendo una actividad tan relajada como caminar. Llego a la esquina y entonces me paro, miro hacia ambos lados (como me enseñó mi abuela, aunque la calle sea de una única dirección), observo el semáforo, constato que no venga ningún vehículo (obviamente si viene uno continúo parada hasta que pase, es decir, inhibo mi deseo de cruzar ya mismo) y cuando estoy segura de que es seguro cruzar, lo hago. ¿Cómo se traduce esto en nuestro cerebro? Pasamos de una atención flotante (el foco no está puesto en ningún estímulo en particular) a una focalizada que implica seleccionar elementos importantes (vehículos andando, semáforo), localizar posibles problemas (que un vehículo venga en contramano), atender a detalles (ruidos de motor en funcionamiento), inhibir conductas no deseadas (que quiero cruzar ya) y elementos distractores (por ejemplo el cantar de un pájaro) que nos alejen de la meta.
Como se podrá ir deduciendo, no disponemos de un solo tipo de atención; de hecho, podemos usar la atención focalizada, para dirigirla exclusivamente a un objeto, o podemos mantener una atención alternante, cuando no está puesta exclusivamente en un objeto, sino que va "saltando" entre estímulos, o, podemos mantenerla dividida, cuando hacemos dos o más cosas a la vez. El peligro de la atención dividida es que quitamos atención de una tarea (por eso es que resulta peligroso, por ejemplo, manejar y hablar por teléfono a la vez).
Cada día estamos sujetos a una cantidad infinita de estímulos que bombardean nuestro sistema sensorial. Obviamente, no todos ingresan. Para que un estímulo sea digno de nuestra atención deberá ser: potente (un ruido fuerte, un color intenso), cambiante (nuestro cerebro deja de interesarse por estímulos repetitivos, lo novedoso atrae nuestra atención), tamaño (lo más grande impacta más), repetición (aquello que se reitera intercalado con pausas, tiene mayor atractivo) y movimiento (lo estático deja de interesarnos).
Sin embargo, independientemente del estímulo, si en la persona no se dan ciertas condiciones, el proceso de atención se verá afectado. Si usted está pasando por un mal momento afectivo (está triste, o demasiado eufórico), si padece alguna necesidad orgánica (hambre, sed, cansancio), si ha ingerido alguna sustancia (alcohol, drogas, medicación), su nivel de arousal (o estado de alerta) se verá afectado, con lo cual, seguramente, su atención disminuirá. Son esos estados en los que uno se siente como "atontado", digo yo, tratando, en vano, de focalizar.
El tema de la atención está siendo constantemente estudiado, sobre todo por quienes se dedican al marketing y publicidad. Se busca que un logo atraiga nuestra atención y genere inmediatamente una repuesta de atracción. Le tiro un dato: está comprobado que los colores cálidos asociados a formas redondeadas provocan salivación, que es una respuesta refleja asociada a la ingesta de alimentos, vea el logo de Mc Donalds y ate cabos...
No deja de ser un dato importante que la atención resulta estar notablemente afectada por el vertiginoso ritmo de los tiempos que nos toca vivir. El estrés, las alteraciones afectivas, la superabundancia de estímulos nos coquetean afectando nuestra cognición. Sin embargo, no hay que dejar de consultar para descartar posibles compromisos estructurales.
Existen numerosas pruebas que utilizamos en Neuropsicología para evaluar la atención y, de esa manera, poder discriminar si hay alteración en los circuitos neuronales que sostienen esta función o si las fallas puedan deberse a otros factores. También nos sirven para llevar a cabo programas de estimulación, entrenamiento y rehabilitación.
Hasta aquí por hoy, que la atención se cansa. El viaje sigue, no se lo pierda.