Alta performance y calidad de vida: Del dicho al hecho
Mi abuela solía decir "del dicho al hecho hay mucho trecho", haciendo alusión a que muchas veces hablamos por hablar sin tener la capacidad de transformar en tangible esa energía de vibración que constituyen las palabras. También escuché decir a mis abuelos: "antes, la palabra valía".
¿Qué fue lo que provocó esa ruptura entre lo expresado en forma verbal y su posterior concreción?
Se puede pensar, por ofrecer una hipótesis, que en los tiempos actuales, cuando los medios de comunicación entre seres humanos son cada vez más vertiginosos, la palabra –escrita o pronunciada– fue perdiendo pragmatismo, quedando relegada a la inocencia de la infancia. A su vez, no creo que sea casual que sólo los niños pidan cándidamente: “¿Me das tu palabra?”
Estimado lector: esta es una cruzada de revalorización de la palabra dada. La palabra es sagrada. Si uno dice “voy a hacer tal cosa”… ¡pues hay que hacerla! Aunque el compromiso asumido no sea más que consigo mismo. ¿O acaso le gustaría defraudarse? Tómese en consideración y haga lo propio con los demás: si afirma “la próxima semana visito a mis padres/amigos/hermanos”, lleve eso al plano de la acción. Y así con todo lo que manifieste. La tarea no va a ser fácil sin lugar a dudas (además nadie aseguró lo contrario), pero seguro lo acercará a una interesante sensación de plenitud.
Para finalizar, me tomo la libertad de trastocar el refrán popular: “del dicho al hecho hay poco trecho”.
Por Marcela Heras Emprendedora del Método DeRose Mendoza