Presenta:

Rumbo a la estupidización: Fabio Zerpa tiene razón

Del acuerdo tácito con los autores de ficción a la creencia en los extraterrestres. Los extraterrestres no existen, pero nos ciegan.
523890.jpg

Tomemos una canción que la mayoría de la gente conoce, El oso, de Moris. “Yo vivía en el bosque muy contento...”, escuchamos desde el comienzo, y está claro que ese “yo” que habla es el oso, el protagonista de la canción. Asumimos que es el oso el que nos habla, aunque sabemos que nunca un oso habló y nunca nos va a hablar. Y lo acompañamos sin cuestionamientos en su breve biografía de encierro y recuperación de la libertad.

Algo similar nos pasa cuando vemos una película de ciencia ficción en la que, por ejemplo, siete tripulantes de una nave espacial descubren que con ellos viaja un ser de otro planeta, un octavo pasajero, digamos, que está decidido a matarlos a todos.

O cuando leemos un libro que cuenta la historia de una niña que atraviesa un espejo y llega a un mundo maravilloso.

En todos esos casos, y en innumerables más, hacemos un acuerdo tácito con el autor, un pacto por el cual estamos dispuestos a acompañar la historia que nos está contando dándole crédito a lo que relata.

Nadie se va a poner a cuestionar la incapacidad de los osos para hablar como humanos, lo inverosímil de un extraterrestre en una nave que regresa a la Tierra o la imposibilidad de atravesar espejos y salir ilesos.

Y si nos encontrásemos con alguien que se pusiera a cuestionar estos u otros casos de ficción, pensaríamos que perdió el norte, o mejor, la capacidad de imaginar.

Sin embargo, desde mediados del siglo XX, una ola de creencias en formas de vida extraterrestres que visitaban regularmente la Tierra se expandió, llegando a generar casi una religión. Hemos escuchado miles de relatos desde todo el planeta sobre avistajes de ovnis, cuando no de contactos con seres de otros planetas. Incluso hay quienes aseguran haber sido abducidos por los visitantes.

Pero hay mucho más que eso, como los reclamos de organizaciones internacionales para que el Gobierno de EEUU y los de otras potencias mundiales liberen sus expedientes sobre ovnis, para que toda la humanidad “conozca la verdad”.

Amén de las autopsias a extraterrestres, la idea de que fueron ellos los que construyeron las pirámides de Egipto, su supuesta participación en hechos relevantes de la historia y hasta su influencia para que el ser humano evolucionara como una forma de vida inteligente en la Tierra.

Todo esto puede ser muy bueno como ficción, como ciencia ficción, pero desde el momento en el que hay una persona que le da crédito a estas historias, ya estamos mal. Es como darle crédito a la existencia de dragones o de otros seres fantásticos.

Con todo esto no estamos negando la posibilidad de otras formas de vida en el Universo, pero de ahí a que nos visiten regularmente y hasta tengan un megaplan para nosotros, para la humanidad entera, hay mucho trecho. Y es de suponer que en ese trecho también haya algo de la angustia del ser humano por sentirse solo ante la inmensidad y la eternidad. En definitiva, la necesidad de creer que formas de vida extraterrestre se comunican con algunos de nosotros (elegidos, claro) y que diseñaron nuestro pasado y nuestro futuro se emparenta, en esto del sentimiento de soledad, con la necesidad de crear dioses que todas las culturas han tenido desde los albores del pensamiento.

Pero no es la religión la que nos convoca, sino los extraterrestres. Y es al artículo que publicamos ayer titulado Documentos revelados por Snowden hablan de ovnis adonde queremos llegar. En estos documentos no se habla de visita de naves de otros planetas ni de contactos con seres que lograron atravesar millones de años luz para visitarnos, sino de algo más mundano y peligroso.

En los documentos se revela la estrategia de las potencias mundiales para aprovecharse de la creencia en los extraterrestres y así desviar la atención de los problemas realmente importantes. La estrategia es tan elemental que, por supuesto, funciona. Claro que con sólo diseminar noticias sobre ovnis no alcanza, para que el desvío de la atención pública se concrete, también hace falta una población ignorante, gente que esté dispuesta ha creer lo que se le dice sin cuestionar razones. Y de esto se encargan muy bien, con soluciones tan simples como anteponer el consumo al conocimiento.

Fabio Zerpa tiene razón. Hay marcianos entre nosotros, pero no son reales. Son imaginarios, y sirven para que no nos concentremos en lo importante.

Alejandro Frias