¿Tendremos una vacuna contra el VIH?
Esas eran las palabras de muchos de los que trabajaban en el área del desarrollo de la vacuna contra el VIH hasta que los resultados de un ensayo realizado en 2009 en Tailandia sorprendieron a todos. "El campo se activó", dice Mascola, director del Centro de Investigación de Vacunas del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID, por sus siglas en inglés), a medida que describe el cambio de atmósfera en la comunidad de las vacunas destacó la CNN.
El ensayo involucró a más de 16.000 voluntarios y fue el ensayo clínico más amplio alguna vez realizado para encontrar una vacuna contra el VIH. También fue el primero en demostrar protección alguna contra la infección. Dos vacunas desarrolladas con anterioridad, conocidas como ALVAC-HIV y AIDSVAX, se utilizaron juntas: la primera preparaba una respuesta inmunológica contra el VIH y la segunda funcionaba como dosis adicional una vez disminuía la inmunidad. El dúo redujo el riesgo de contraer VIH en un 31,2%; se trataba de una reducción leve, pero era un buen comienzo.
Hasta la fecha, solo cuatro vacunas han llegado al punto de que se realicen pruebas para medir su eficacia e identificar sus niveles de protección contra el VIH.
Ha habido hallazgos paralelos igual de fundamentales en el campo de la prevención contra el VIH, entre ellos el descubrimiento de que las personas que con regularidad toman su tratamiento antirretroviral (TARV) reducen sus probabilidades de propagar el VIH en 96%, y que los hombres que están circuncidados reducen su riesgo de contraer la infección heterosexualmente en aproximadamente un 60%.
A partir de estos descubrimientos se ha mejorado tanto el acceso a los tratamientos antirretrovirales como las campañas para aumentar las circuncisiones en la población de alto riesgo y aunque el número de nuevas infecciones está disminuyendo, no decrece con suficiente rapidez.
En 2013, se calculaba que había 35 millones de personas infectadas con VIH a nivel mundial. Aún hubo 2,1 millones de nuevas infecciones en 2013, y por cada persona que inició el tratamiento contra el VIH el año pasado, 1,3 personas resultaban infectadas con el virus de toda la vida, según UNAIDS. La vacuna sigue siendo esencial para controlar la epidemia.
Mascola ha dedicado su carrera a encontrar una vacuna y su camino ha sido arduo debido a la intrínsecamente complicada naturaleza del virus, su aptitud para mutar y cambiar constantemente a fin de evadir la respuesta inmunitaria, y su habilidad para atacar las mismas células inmunitarias que deberían bloquearlo.
Según la Organización Mundial de la Salud, y una vez está dentro del cuerpo, el virus puede cambiar constantemente. "Dentro de un individuo tienes millones de variantes", explica el Dr. Wayne Koff, asesor científico principal de la Alianza Internacional por una Vacuna contra el SIDA (IAVI por sus siglas en inglés).
El VIH invade el cuerpo al adherirse y matar a las células CD4 en el sistema inmunológico. Estas células son necesarias para enviar señales a fin de que otras células generen anticuerpos en contra de virus como el VIH, y si son destruidas, es posible que el VIH ocasione infecciones crónicas que durarán toda la vida en las personas afectadas.
"Para las más antiguas, identificas el virus, lo inactivas o lo debilitas y lo inyectas", dice Koff. "Engañas al cuerpo para que piense que está infectado con el virus real y cuando estás expuesto, se da una fuerte respuesta inmunológica". Ésta es la premisa de todas las vacunas, pero la variabilidad del VIH significa que el objetivo cambia constantemente. Se necesita una nueva ruta, y se debe comprender la verdadera biología del virus. "En el caso del VIH, el viejo enfoque empírico no va a funcionar" , dice Koff.
Los científicos que trabajan en esto ahora han identificado regiones conservadas del virus que no cambian tan fácilmente, lo que las convierte en blancos principales para ser atacados por los anticuerpos. Cuando el éxito del ensayo de Tailandia fue estudiado a profundidad, a nivel molecular, la protección pareció reducirse a atacar a algunas de estas regiones conservadas. Ahora es momento de ir más allá.
"Podemos empezar a producir vacunas que son muy similares al virus mismo", dice Mascola. Los equipos de su centro de investigación han obtenido información detallada de la estructura del VIH en los últimos años, en especial de la capa exterior, donde se desarrolla toda la acción. Sintetizar solo la capa exterior de un virus en el laboratorio e inyectarle esto a los humanos como vacuna podría "ocasionar una suficiente respuesta inmunológica en contra de un rango de tipos de VIH", dice Mascola. La vacuna no contendría el virus en sí, o cualquiera de su material genético, lo que significa que quienes la recibieran no tienen riesgo de contraer el VIH. Pero por ahora, esta nueva área sigue siendo precisamente eso... nueva. "Necesitamos resultados en humanos", dice Mascola.
Dentro de 10 años podría haber una vacuna de primera generación.
Si se observa una mejora en la protección en Sudáfrica, podríamos contar con una vacuna de primera generación mucho antes.
A partir de entonces, la próxima generación incorporará mayores avances, como los anticuerpos neutralizantes, para tratar de elevar la protección al 80 o 90% deseado.
"Esa es la historia de la investigación de vacunas; las desarrollas en el transcurso del tiempo", dice Corey. Él ha trabajado en el campo por más de 25 años y ha sido difícil. "No pensé que tomaría tanto tiempo o que sería tan difícil... pero ha sido interesante", reflexiona. Pero hay una luz al final del túnel. Así es.
"No se ha logrado controlar un virus sin una vacuna", concluye cuando explica por qué, a pesar del TARV, la circuncisión y una mayor conciencia, aún sigue habiendo una fuerte necesidad de una intervención única como una vacuna. "La mayoría de las personas que la transmiten ni siquiera saben que la tienen", dice. "Para reducir esa epidemia y decir que la has controlado, son necesarias las vacunas".
