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Respeto del espacio vital como forma de preservar la libertad
Esa sensación territorial está arraigada a nuestro lado más instintivo y es por la invasión de ese espacio que surgen conflictos.
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Por Natalia Aramburú, directora de la sede Mendoza del Método DeRose.
Todas las personas contamos con algunas características instintivas y otras más racionales, por decirlo de alguna manera. Es común a cada ser humano sentir un lugar de pertenencia, que comienza en el espacio que ocupa en su hogar y se va ampliando a círculos y ambientes mayores, por ejemplo donde estudia, trabaja, e incluso a su ciudad, provincia, país y continente.
Ese espacio tiene en algunos casos límites invisibles, en otros, límites más claros como pueden ser los que están marcados en un mapa. Esa sensación territorial está arraigada quizás a nuestro lado más instintivo y es por la invasión de ese espacio que frecuentemente surgen conflictos entre personas, grupos y hasta países.
En el caso de un país resulta claro detectar cuando otro país está invadiendo un territorio que no le pertenece. Luego de esa situación surgen negociaciones diplomáticas, y a veces, lamentablemente, se termina en reacciones no diplomáticas.
¿Y qué sucede cuando otra persona invade nuestro espacio vital? Lo mismo: aparecen reacciones sutiles o, en el peor de los casos, groseras. Ocurre que en muchas situaciones solemos excedernos en el uso del espacio vital que pertenece a otro, que incluye no solo el lugar físico sino también el tiempo que absorbemos de esa persona, y es común que la mayoría de las veces no seamos conscientes de ello. La otra persona probablemente se sienta incómoda y tal vez no llegue a detectar cuál es el motivo de dicha sensación. Esta situación es usual en vínculos familiares, amistades y, principalmente, parejas.
Po ejemplo, en el comienzo de una relación amorosa suele pasar que ambos crean que no pueden estar en ningún lugar ni momento sin la otra persona… Bien para los primeros momentos, pero al pasar el tiempo, si no hay una comunicación fluida y amable, es probable que ambos terminen cansados del otro por el simple hecho de no estar dejando aire entre medio, es decir, momentos y lugares para estar solos.
Como dice el escritor DeRose: quien quiera preservar una amistad o una relación afectiva, metabolice esta regla áurea: la única manera de retener a alguien es soltarlo; la mejor manera de perder a alguien es cercenar su libertad o invadir su privacidad.
En el caso de un país resulta claro detectar cuando otro país está invadiendo un territorio que no le pertenece. Luego de esa situación surgen negociaciones diplomáticas, y a veces, lamentablemente, se termina en reacciones no diplomáticas.
¿Y qué sucede cuando otra persona invade nuestro espacio vital? Lo mismo: aparecen reacciones sutiles o, en el peor de los casos, groseras. Ocurre que en muchas situaciones solemos excedernos en el uso del espacio vital que pertenece a otro, que incluye no solo el lugar físico sino también el tiempo que absorbemos de esa persona, y es común que la mayoría de las veces no seamos conscientes de ello. La otra persona probablemente se sienta incómoda y tal vez no llegue a detectar cuál es el motivo de dicha sensación. Esta situación es usual en vínculos familiares, amistades y, principalmente, parejas.
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Po ejemplo, en el comienzo de una relación amorosa suele pasar que ambos crean que no pueden estar en ningún lugar ni momento sin la otra persona… Bien para los primeros momentos, pero al pasar el tiempo, si no hay una comunicación fluida y amable, es probable que ambos terminen cansados del otro por el simple hecho de no estar dejando aire entre medio, es decir, momentos y lugares para estar solos.
Como dice el escritor DeRose: quien quiera preservar una amistad o una relación afectiva, metabolice esta regla áurea: la única manera de retener a alguien es soltarlo; la mejor manera de perder a alguien es cercenar su libertad o invadir su privacidad.