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Los hábitos y el cambio saludable

Con el aprendizaje instalamos en la vida cotidiana hábitos que van forjando una manera de ser. Cómo generar actitudes saludables.

Por Natalia Aramburú, directora de la sede Mendoza del Método DeRose.

A lo largo del tiempo, el acostumbramiento genera la permanencia de todo lo que vamos aprendiendo. La mayoría de nuestras acciones están fuertemente influidas por el contexto familiar y social, pero hay también una tendencia individual –podríamos decir– heredada.

Ya hubo discusiones en la historia de la ciencia en cuanto al porcentaje de la forma de pensar, sentir y actuar que es genético, y el que se puede considerar aprendido. Sin dar un número a ese porcentaje, podemos afirmar que gran parte de nuestra forma de ser es aprendida y, lo que es más interesante, que es posible seguir moldeando la personalidad hasta los últimos años de vida.

A través del aprendizaje instalamos en la vida cotidiana distintos hábitos que van forjando una manera de ser, como también influyen en la conformación de círculos de amistades. Así, es común que a determinada edad las personas adultas sientan que ya están definidas, con sus ideas y costumbres claras, sus rutinas instaladas y sus grupos conformados.

Ahora bien, nuestro cuerpo se acostumbra biológicamente a determinada  comida, tipo de ejercicio o falta de él, horas de descanso, etc. Lo mismo sucede con las emociones y con la manera de pensar. Nos acomodamos a repetir lo que aprendimos, a reaccionar emocionalmente como lo hicimos siempre y a pensar soluciones  con los mismos recursos. En consecuencia, si tenemos hábitos no muy saludables, emociones densas y pensamientos tortuosos, nuestras células se habitúan a ellos y finalmente se tornan dependientes, lo que da lugar a un círculo vicioso.

La buena noticia es que esa misma necesidad podemos generarla hacia hábitos y actitudes saludables. Para que una acción aislada que consideramos positiva se transforme en hábito o costumbre, en un principio tendremos que asociarla con la disciplina, repitiéndola en forma constante durante un período de tiempo, hasta que se transforme en una necesidad. Luego será más fácil mantenerla con constancia.

Así, si comenzamos a adoptar actividades que generen un cuerpo más sano, como por ejemplo alimentarnos mejor, oxigenarnos más, fortalecer, flexibilizar y elongar los músculos, descansar mejor, entrenar la concentración y conocer nuestras emociones, generaremos un círculo virtuoso que nos estimulará cotidianamente a afianzar esas rutinas.