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La estabilidad como un imprescindible sustento

La mayoría de nosotros necesita tener determinadas certezas, como una manera de sentirnos contenidos. ¿Se puede construir?
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Por Natalia Aramburú, directora de la sede Mendoza del Método DeRose.

Al hablar de estabilidad podemos estar refiriéndonos a distintas cosas, ya que la palabra en sí encierra significados relativos a la física, la química, la economía o las características de una persona. Pero todas esas acepciones tienen en común la asociación con la idea de seguridad o de algo perdurable.

La mayoría de nosotros necesita tener determinadas certezas, como una manera de sentirnos contenidos. La solidez de esas certezas muchas veces no depende de nosotros sino de factores externos, como la economía o –menos controlable por el hombre– el clima y sus posibles cataclismos. Vivir en un lugar con estabilidad económica producirá menos incertidumbre, al igual que hacerlo en una región donde el clima es regular y predecible.

¿Será necesario ser estable? Solo si deseamos ir paulatinamente mejorando nuestra calidad de vida, ya que muchos aspectos asociados a una pobre calidad de vida tienen que ver con la inestabilidad.

Ahora pensemos en la estabilidad como una característica del ser humano, en distintos aspectos: físico, emocional, mental. ¿Será algo con lo que nacemos o se podrá aprender y mejorar con el paso del tiempo?

Sin duda hay personas que son sólidas, seguras, estables, podríamos decir por naturaleza. Tener esta particularidad, que también está muy ligada a la ausencia de cambios y a la constancia, no significa que esas personas no puedan modificar nada en su vida, sino que lo hacen con plena conciencia de sus decisiones. No realizan cambios porque son inestables sino, por el contrario, sustentadas por su propia solidez y equilibrio. Con la estabilidad como rasgo, probablemente se sienten menos afectadas por los desequilibrios del mundo externo.

¿Será necesario ser estable? Solo si deseamos ir paulatinamente mejorando nuestra calidad de vida, ya que muchos aspectos asociados a una pobre calidad de vida tienen que ver con la inestabilidad del cuerpo físico –que al somatizar desencadena enfermedades–, la inestabilidad emocional –que nos lleva a tomar malas decisiones, afectando también el cuerpo físico–, y la inestabilidad mental –que, a menudo ligada a las anteriores, genera estrés y nos hace perder capacidad de concentración y creatividad–.

Una forma de adquirir o fortalecer la estabilidad en distintos planos es aplicar técnicas que apunten en forma directa a cuidar y mejorar el cuerpo físico, a concientizar y direccionar las emociones, como también a aquietar los pensamientos para luego enfocarlos donde nosotros decidamos. En conclusión, aplicar recursos que como consecuencia nos lleven hacia una mejor calidad de vida.