Autoestudio, una herramienta de aprendizaje
Una buena herramienta para el autoconocimiento es el autoestudio, un ejercicio permanente de observación de uno mismo.
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Por Natalia Aramburú, directora de la sede Mendoza del Método DeRose.
Suele resultar relativamente fácil dar una opinión, consejo o evaluación respecto a otras personas. Ahora bien, cuando se trata de uno mismo, en general cuesta más descubrir qué es lo que pasa, qué decisiones sería conveniente tomar, o qué cambios adoptar.
¿Por qué será que es más fácil ver con claridad lo que les pasa a los demás? Probablemente la mayoría de nosotros no hemos sido estimulados a observarnos constantemente, y en cambio desde jóvenes estamos más acostumbrados a poner atención principalmente en el afuera, en “el otro” o en “los otros”.
Una buena herramienta para el autoconocimiento es entrenar el autoestudio, algo así como un ejercicio permanente de observación de uno mismo, no de una manera obsesiva o persecutoria, sino como quien observa simples acontecimientos de los cuales sacará diferentes conclusiones. Hay personas que huyen de la posibilidad de aquietarse un momento para lograr esa conciencia, probablemente por temor. Otros prefieren que alguien (amigo, familiar, pareja, terapeuta) los ayude a llegar a ese conocimiento. Y otros tienen mayor facilidad para darse cuenta solos de lo que acontece en su interior.
Al hablar de autoestudio, tal vez lo primero que nos viene a la cabeza es la imagen de una persona solitaria, alejada de todo, en silencio, que necesita ese estado de abstracción para poder conocerse. Podríamos decir que esa es una posibilidad o una manera de ponerlo en práctica, dedicando por ejemplo cinco minutos diarios a ejercitar una técnica de concentración que nos irá acercando al autoconocimiento. Pero está claro que nuestra vida está impregnada de situaciones sociales y de distintos tipos de vínculos, y es ahí donde tenemos el mejor escenario para aplicar la auto-observación de manera cotidiana.
A través de esas relaciones humanas podemos llegar a conocernos mejor, observando no solo las propias reacciones, palabras, emociones y pensamientos, sino también las de los demás, en las cuales siempre habrá un porcentaje que es reflejo de nosotros mismos. Así, el autoestudio puede aplicarse en cualquier momento o situación y constituye un ejercicio de aprendizaje y una forma simple de conocerse y hacerse cargo de uno mismo.
Una buena herramienta para el autoconocimiento es entrenar el autoestudio, algo así como un ejercicio permanente de observación de uno mismo, no de una manera obsesiva o persecutoria, sino como quien observa simples acontecimientos de los cuales sacará diferentes conclusiones. Hay personas que huyen de la posibilidad de aquietarse un momento para lograr esa conciencia, probablemente por temor. Otros prefieren que alguien (amigo, familiar, pareja, terapeuta) los ayude a llegar a ese conocimiento. Y otros tienen mayor facilidad para darse cuenta solos de lo que acontece en su interior.
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Al hablar de autoestudio, tal vez lo primero que nos viene a la cabeza es la imagen de una persona solitaria, alejada de todo, en silencio, que necesita ese estado de abstracción para poder conocerse. Podríamos decir que esa es una posibilidad o una manera de ponerlo en práctica, dedicando por ejemplo cinco minutos diarios a ejercitar una técnica de concentración que nos irá acercando al autoconocimiento. Pero está claro que nuestra vida está impregnada de situaciones sociales y de distintos tipos de vínculos, y es ahí donde tenemos el mejor escenario para aplicar la auto-observación de manera cotidiana.
A través de esas relaciones humanas podemos llegar a conocernos mejor, observando no solo las propias reacciones, palabras, emociones y pensamientos, sino también las de los demás, en las cuales siempre habrá un porcentaje que es reflejo de nosotros mismos. Así, el autoestudio puede aplicarse en cualquier momento o situación y constituye un ejercicio de aprendizaje y una forma simple de conocerse y hacerse cargo de uno mismo.



